Soy maestra de Educación Infantil, y no… no me paso el día haciendo plastilina ni collares de macarrones como muchos creen. Sí, sueno mocos, pongo las chaquetas antes de salir al patio y ato muchos cordones de bambas. Pero también programo, hago cursos para reciclarme, hablo con las familias, organizo y acudo a reuniones…. Y todo ello lo hago con el gran orgullo de sentirme parte de la profesión de maestra. Me gusta ayudar. De pequeña ponía a mis Nenucos sentados en la cama y yo jugaba a darles clases de mates, de inglés… Desde bien pequeñita he admirado a mis maestras de la escuela, y las envidiaba por tener una profesión tan bonita. Así que estaba claro… De mayor quería ser profe.
“Está comprobado que los primeros años de vida son fundamentales puesto que son la base tanto de la vida escolar, como del desarrollo sociocultural, afectivo, cognitivo o comunicativo.” De ahí la importancia de la educación infantil y del profesor de esta etapa, ya que será crucial en la educación de éstos. Teniendo en cuenta la importancia del docente en estos primeros años de vida, mucha gente aún me pregunta… Y tú ¿por qué eres maestra de educación infantil? Porque creo que la responsabilidad que tengo en mis manos es sencillamente hermosa. Enseñar con amor y respeto al niño, ayudándole a desarrollarse de forma integral es todo un regalo que vuelve a ti multiplicado por mil. Es algo que cuesta explicar con palabras: ver a los alumnos/as sonreír, ver como superan sus miedos, consiguen sus sueños, alcanzan sus metas! Que algunos alumnos te recuerden como ejemplo o de manera cariñosa es otro de los regalos de esta profesión tan vocacional. Ser maestra era mi sueño -y lo sigue siendo- a pesar de que hoy en día sea una de las profesiones más devaluadas.
“Pero los que somos maestros de corazón, los que amamos esta profesión, sabemos realmente lo que es trabajar con esos pequeños con intereses y necesidades distintas, con formas muy diferentes de pensar, con sus peculiares historias o anécdotas, con sus risas e incluso con sus llantos, con sus abrazos y besos a cada momento, con su inocencia y con sus ganas de escucharte y aprender de todo lo que les dices”. Los maestros de educación infantil aprendemos algo nuevo cada día de nuestros alumnos/as, y es que para nosotros… los sabios son ellos/as.
Pero os voy a contar algo… existen muchos motivos más por los que soy maestra…
Porque puedo trabajar a la vez que disfruto o juego como un niño/a más.
Porque la escuela es el lugar ideal para dejarte querer. ¿En qué trabajo te abrazan y te dicen lo mucho que te quieren? ¿Quién puede recibir más dibujos que un maestro de educación infantil? ¿Dónde te harán tus propios retratos o grandes obras de arte gratuitas?
Porque falto unos días al trabajo y me reciben con os brazos abiertos.
Porque me obliga a olvidar mis penas para atender llantos, arañazos caídas o incluso… bocados.
Porque siempre escuchan con atención y asombro aquel cuento que les encanta, aunque lo hayas repetido cien veces.
Estoy segura de que aún me queda mucho por aprender, pero de mientras puedo decir que tengo un trabajo en el que se dan y reciben cosas únicas y gratificantes. Hacer sonreír a las personas más importantes de este mundo -los niños y niñas- es el trabajo más bonito del mundo.
Este artículo ha sido realizado por Cristina Martínez Escala.
Tan emotivo como brillante, Cristina. En efecto, la educación infantil es clave porque ahí empieza todo. Quienes hemos impartido clase en secundaria, en bachillerato, sabemos muy bien el gran trabajo previo que se ha realizado con los niños, a quienes no os habéis limitado a instruir ni a informar; con ellos y con ellas habéis hecho mucho más: gestión de sentimientos y emociones, desplegar estrategias para potenciar las habilidades sociales, resolución de conflictos, estimular la imaginación y la creatividad… Todo ello sabiendo que la mayor recompensa radica en que las criaturitas dan ciento por uno de lo que reciben; sabiendo también que, a menudo y por desgracia, se os (¿nos?) ha defenestrado, por ejemplo, desde el ámbito político ¿Quién no recuerda aquello de «solo trabajan 20 horas a la semana» o «tienen demasiadas vacaciones» «no pasan frío», «no se manchan las manos…»? O simplemente escuchar, incluso en boca de quien dice ser amigo, «¡Qué bien vivís los maestros!» A mí esto último, Cristina, siendo todavía joven, me molestaba bastante… Pero finalmente opté por otra estrategia: «¿Que vivimos bien, dices? Pues sí, tienes razón… vivimos muy bien porque hacemos lo que nos gusta; y por cierto… si crees que se vive bien, aún estás a tiempo» y no discutía. Ahora, ya jubilado, me llena de alegría leer artículos como el tuyo, rebosante de vocación, ilusión y compromiso. ¡Muchas gracias por haberlo escrito y felicidades, Cristina!
Txesko C.