Deshumanizados: del auge del fascismo al retorno de Auschwitz

Imagen de archivo
3 de septiembre || Bárbara Muñiz

El 9 de noviembre de 1938, varios paramilitares de la SA irrumpieron en casa de Jutta Rose, al norte de Alemania. La apartaron de un empujón y tiraron a su padre por las escaleras. «Había sangre por todas partes» testimoniaba en La noche de los cristales rotos. Acto seguido, se lo llevaron a un campo de concentración. No fue el único. Durante 48 horas Alemania se convirtió en una caza de judíos, sangre, secuestros, éxodo, sinagogas en llamas y escaparates con cristales rotos. Una violencia orquestada que se cobró la vida de al menos noventa personas —quizá muchas más— pero que no fue más que el pistoletazo de algo mucho peor. Eran los pródromos del nazismo.  

Avancemos en el tiempo, hasta el 27 de agosto de 2026, cuando un grupo de personas agasajadas con banderas rojigualdas impidió el paso de los furgones de la Cruz Roja al grito de «¡La Cruz Roja es una mafia!». Su delito era portar alimento y agua a los campamentos improvisados por los migrantes. No contentos con ello, se adentraron en las playas Benítez y del Trampolín, donde desmantelaron y quemaron las tiendas y agredieron a quienes se encontraron a su paso, fuera extranjero o no. Su delito no era traspasar la frontera, sino la tonalidad de la piel, el idioma y la religión.  

Los telediarios culparon a los mismos vecinos de la ciudad y, posiblemente, tras un mes de incerteza amplificada a causa de las redes sociales, el polvorín estuviera listo para explotar. Pero no iban solos y, seguramente, tampoco fueron los primeros en traspasar la línea de la violencia, pues militantes de extrema derecha estaban entre ellos, preparados y listos para dirigir las llamaradas de la ira a su antojo. 

El fascismo nunca murió 

Cuando éramos críos y estudiábamos la barbarie nazi, aquella violencia nos parecía enfermiza, de otro mundo. No iba con nosotros. Quizá nos creíamos moralmente superiores a los nazis, o resultaba más fácil culpar a un narcisista, loco o ególatra que los dirigió. Pero los líderes no nacen, emergen entre las masas, y el fascismo jamás desapareció. Como advirtió Primo Levi en Si esto es un hombre (1947), tan solo se quedó en la retaguardia, camuflado dentro de la legalidad y esperando su momento para resurgir.  

El fascismo estaba muy lejos de haber muerto, sólo estaba escondido, enquistado; estaba mutando de piel, para presentarse con piel nueva, algo menos reconocible, algo más respetable, mejor adaptado al nuevo mundo que había salido de la catástrofe de esa Segunda Guerra Mundial que el fascismo mismo había provocado. 

Ahora, existen políticos institucionalizando lo que llaman «prioridad nacional», sin siquiera saber qué significa ser español, y mirando para otro lado cuando sus juventudes capitalizan cualquier situación para alardear de su xenofobia. No es lo peor, de nuevo convivimos con esvásticas o símbolos similares, se oye el canto a la patria, regresa la bandera del Imperio Español y los neonazis se organizan en partidos políticos. 

A principios de año publiqué un artículo sobre deshumanización a la que estábamos llegando. No me cansé de citar la banalidad del mal advertida por Hannah Arendt en Eichmann en Jerusalén (1963) y reflexioné mucho sobre Ur fascismo (1995) de Umberto Eco. Escribir no funcionó, porque mi pesadilla se ha hecho real: 

Mientras Israel presume de sus instalaciones para ahorcar palestinos, las imágenes de la violencia ocurrida en Ceuta se difunden con sorna en redes sociales, queman tiendas y agreden a menores. Al lado de todo esto parece insignificante que haya un movimiento en marcha para quitar el voto a las mujeres o que se censuren las redes sociales críticas contra gobiernos fascistas mientras que las masas insisten en que el fascismo no existe.

¿Qué es el fascismo? 

Hablemos, pues, de qué es el fascismo, para analizar si estamos o no ante su auge e implementación. Las definiciones varían de uno a otro autor, aunque quizá la mejor aproximación la hagan Umberto Eco, al definir las 14 características, y Robert O. Paxton, al describirlo a través de sus fases.

Las 14 características del fascismo según Umberto Eco

Dentro de la lista de Umberto Eco, como podemos ver, algunas de las características serían el culto a la tradición, el rechazo al modernismo, el miedo a la diferencia y la obsesión por el complot. Curiosamente, este nuevo fascismo proclama la superioridad cultural, la defensa del pueblo elegido y dice luchar por la familia tradicional. Uno de los libros de su ideario, del cual ya hemos hablado en la Taska, es La Ilustración Oscura, de Nick Land, donde se cuestionan los valores modernos, y se promueve la islamofobia por miedo al reemplazo, pese a que no hay evidencias estadísticas de que esto esté sucediendo.  

Paxton, por su parte, analiza el fascismo en cinco fases: 

  1. Creación de movimientos marginales en los que aparecen críticas radicales a la democracia liberal. 
  1. Enraizamiento en el sistema político beneficiándose de la polarización previa.  
  1. Toma del poder, generalmente con la ayuda de sectores tradicionales como grandes empresas, la Iglesia o partidos conservadores. 
  1. Ejercicio del poder, en cual se desmantelan las libertades democráticas o los derechos conquistados. 
  1. Radicalización o entropía tras un avance hacia la guerra total. 

Vale la pena que seáis los lectores quienes analicéis en qué punto estamos, teniendo en cuenta que estas no tienen por qué darse de manera homogénea, pues pueden solaparse o incluso ir a distintos ritmos. Sea como fuere, lo que se desprende de la gran mayoría de definiciones acerca del fascismo es la elaboración de una personalidad política y populista, supremacista y enfocada luchar contra un enemigo previamente deshumanizado, con el interés de ejercer un poder absoluto, pseudodivino y con un culto al líder. Este culto, a menudo se ve reflejado en una opulencia arquitectónica y personalista a la par que populista. Lo que Walter Benjamin denominó la estetificación de la política

Estatua de Trump bañada en oro

Dejamos de ser personas para convertirnos en masa. El otro deja de ser el otro para convertirse en un enemigo al que destruir. Deshumanizados por completo, hasta llegar al momento en el que el asesinato de un niño no nos produce la más mínima compasión. 

Un mundo deshumanizado 

Aunque duela, Auschwitz ha regresado y la barbarie se sienta a comer en nuestra mesa, ya sea tras la pantalla o en la silla de al lado. La hemos normalizado hasta el punto de que ya nada nos sorprende. Debates sobre las capacidades de las mujeres o la pureza de la raza regresan al menú, incluso sobre si está o no bien asesinar niños en Palestina. Seguimos con nuestra vida o especulamos sobre teorías y geopolítica en lo referente a la frontera, lo que no estaría mal de no ser por la distancia humana con la que lo hacemos. Porque no son migrantes: son mujeres, hombres, adolescentes, niños y niñas. Sin embargo, se les presenta como al enemigo. Un monstruo tóxico que busca destruir nuestra civilización. Se oye hablar de la teoría del Gran Reemplazo, sin tener en cuenta que ese reemplazo ya preocupó a Hitler cuando, en Mi Lucha, mencionaba que los judíos se infiltraban en todos los puestos de poder. Incluso la actual misoginia guarda cierta relación: el control de la natalidad, de la sangre. 

Este artículo no pretende ser un alarde de ingenuidad. Nada de lo ocurrido en Ceuta ha sido causal. Sin embargo, e indistintamente de quién está detrás del llamamiento, de si ha sido o no una guerra híbrida, e incluso por encima de la soberanía, nuestro objetivo primordial debería seguir siendo humanos y ser capaces de ver personas más allá de la etiqueta «enemigos». ¿Qué vamos a hacer para conseguirlo? 

CEUTA, 21/08/2026.- Vista general de un asentamiento de niñas y mujeres del colegio Reina Sofía en el barrio del Príncipe, en Ceuta. EFE/ Laura Rincón

Referencias 

Arendt, Hannah. Eichmann en Jerusalén: Un estudio sobre la banalidad del mal. 1963.

Benjamin, Walter. La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica. 1935–1936.

Eco, Umberto. Ur-Fascismo. 1995.

Gilbert, Martin. La noche de los cristales rotos: El preludio de la destrucción. Barcelona: Ediciones B, 2006.

Hitler, Adolf. Mein Kampf. 1925.

Land, Nick. La Ilustración Oscura [ed. orig. 2012–2013; ed. esp. Materia Oscura, 2022].

Levi, Primo. Si esto es un hombre. 1947.

Paxton, Robert O. Anatomía del fascismo. 2004

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