Del esmoquin de Felipe al tablero de Sánchez: ¿A qué juega el PSOE?

Corrían los años de la Transición, y mientras algunos se peleaban con el gobierno de turno para poder “transitar” de forma democrática —o, mejor dicho, para que la gente los pudiera votar—, otros se reunían con la CIA en palacios o embajadas americanas Link.

Por aquel entonces, Felipín se quitaba la americana y se ponía el esmoquin para pasearse por lujosos palacetes, asegurando que, con él, aunque fueran “sociatas”, todo estaría atado y bien atado. No nos lo estamos inventando; los documentos se pueden ver en las redes. Observaréis que los yankis llamaron a filas a los “socialistas de pana” (cogedlo como una broma), porque tenían miedo de que los bolcheviques rojos enviaran al garete todo el trabajo realizado con el anterior régimen, y de que sus “derechos” y voluntades quedaran sin tocar. Ya sabéis, americanos haciendo cosas de americanos.

Se quedaron tranquilos después de las reuniones. Nuestro querido Felipín les dio tan “buen rollo” frente a los bolcheviques comunistas que les dejaron jugar al juego de la “democracia”; llámalo eso, o llámalo capitalismo. Ahí lo dejo a su elección. Después la historia es sabida: Felipín ganaría las elecciones y lo que vino después… pues bueno. Yates, puertas giratorias, puros y una barriguilla de la cual, de la americana, ni hablamos, pobre botón, sufre más que el de la camisa de Laporta.

Llegamos a otro estadio de este fantástico viaje socialista: Emiliano García-Page, presidente fetiche de la extrema derecha. ¡Uno de sus mejores sueños, deseando que sea presidente de España! Con él sería mucho mejor una educación católica, ya que aparece en múltiples actos defendiendo este tipo de educación, y no precisamente en escuelas concertadas, sino en educación ultracatólica. Hace unos pocos días apareció en una web de la escuela ultra un escrito suyo alabando proyectos como la Fundación Educatio Servanda, donde textualmente cita al proyecto por «inculcar valores positivos en la juventud». Pero no solo lo firma él, sino sus amigos como Mayor Oreja, Cayetana Álvarez de Toledo o Esperanza Aguirre. Ahí es nada.

Pero tranquilos, no hace falta irse tan lejos. Sánchez, o como a la extrema derecha le gusta: Perro Sanxe, «que no sabe más por perro que por Sanxe». Estudió en uno de los mejores centros educativos y mejor posicionados de Madrid, el Ramiro de Maeztu, aulas que por la noche compartía con la Leti, nuestra Borbón de postín.

Por cierto, escuela heredera de las escuelas públicas republicanas, ya que nació en la época de la República, recogiendo el espíritu de los «Institutos-Escuelas» de la Institución Libre de Enseñanza, un proyecto que lo que buscaba era modernizar la pedagogía en España con métodos laicos. Pero claro, en la calle Serrano de Madrid… ahí es poco.

Como veis, el Partido Socialista —que de socialista tiene poco, por lo menos sus directivos— admitamos que ha hecho muy bien su trabajo (como todos los partidos liberales de centro y católicos): agrupar en sus filas una gran base social y política, haciendo de tapón de otros partidos de aspectos más progresistas. Trabajo que ya hizo muy bien desde sus inicios con el Partido Comunista de Carrillo.

Pero uniendo todas las líneas que tenemos que unir, solo nos falta una de momento. Han hecho muy bien de tapón, hasta que ya no haces bien el trabajo y el tapón te lo hacen otros. Esto mismo le pasó a Podemos y a toda la gente de Pablo Iglesias, dejando al partido en una hecatombe política y a las puertas del zarpazo de los morados. Pero el PSOE ahí no titubeó nada cuando las cloacas dejaron que trabajaran. Ya son sabidos todos los casos de montajes políticos y juego sucio contra adversarios políticos. Ahí el Partido Socialista hizo lo que siempre les sale muy bien hacer, sí queridas, no hacer nada. Pensando que nunca te tocará a ti…

Pues bien: caso Begoña Gómez, caso Zapatero, Cerdán, Koldo… ¿Queréis que continúe? Porque el Partido Socialista había aceptado un juego que nunca tenía que aceptar, al igual que no aceptó el Partido Comunista el eurocomunismo para acercarse a las élites y ser bonachones. Pero el Partido Socialista sí que lo aceptó; aceptó encantado su rol. Porque hasta ahora no pasaba nada, hasta que ha pasado.

Aceptó el juego de tener el beneplácito de los que mandan, de los que manejan los países desde las otras líneas del Atlántico. No hace falta recordar a todos los presidentes anteriores del PP y del PSOE, vinculados a tramas de puertas giratorias y de puros pagados con el dinero de las eléctricas en yates en Ibiza.

Pero todo se acaba cuando no juegas al juego que no desean que juegues. Todo se destruye cuando decides ir por tu lado y no pactar con el extinto Ciudadanos, y cuando te dedicas a hacer cosas feministas por ahí, o te dedicas a desempolvar huesos de Franquito. Pobre hombre, con lo a gusto que estaba… y vas tú y lo molestas. Porque a ver, seamos sinceros, Pedrito muy rojo no es, y si hubiera podido habría pactado con otros. Pero hay un trecho entre dejar gobernar a los “socialistas” y meter al rojerío comunista a dirigir uno de los ministerios más importantes, el de Trabajo.

Incluso demuestras que una ministra comunista, con un pasado sindical notorio y con unas raíces marcadas de izquierdas, hace mejores pactos con la patronal que el presidente del gobierno.

Y es que a todas y a todos les gusta tirar los dados y jugar al mágico mundo de la política; a todos les gusta estar en el tablero, hasta que te conviertes en los dados. Repartes juego, pero no sabes si vas a ganar, y te acabas dando cuenta de que te queda muy poco para que te cambien por puro desgaste. Y lo peor de todo: ni tú sabes quién está jugando contigo.

Porque, al final, siempre juegan y ganan los mismos.

Este artículo os lo ha ofrecido Rodrigo Trinidad Morán.

Lee su anterior artículo: https://lataska.info/2026/07/16/rajoy-nuestro-ciceron-iberico/

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