El nuevo orden… Estoy segura de no ser la única que percibe que el mundo se ha vuelto loco.
Quizá siempre lo estuvo y tan solo gozábamos de un pequeño oasis de sentido común dentro de los vastos tiempos del ser humano. Al fin y al cabo, existieron las cazas de brujas a las que los testigos juraban haber visto hacer uso de sus poderes, y también, quienes las promulgaron e influyeron sobre el pueblo para beneficiarse de esa fantasía. Que sea un fenómeno extendido en el tiempo no lo excluye del punto pintoresco al que hemos llegado, quizá por el uso de las redes sociales o por la poderosa superestructura occidental de la que formamos parte y que, a menudo, condiciona nuestra manera de pensar.
Esquizofrenia y unicornios
Quise creer que la epidemia de falacias en redes, en especial las falsas dicotomías y los hombres de paja, se fundamentaban sobre ignorancia o malas intenciones. Sin embargo, esa tergiversación de las palabras y el pensamiento dicotómico se sentía artificial, reforzada por bots y algoritmos, hasta llegar a un punto aún más extraño y preocupante: la esquizofrenia lectora. Un punto en el que ya no hay una tergiversación deliberada entre dos personas de ideologías contrarias, sino que cada locutor está tan encerrado en su fantasía, que en lugar de leer o escuchar, «imagina» argumentos inexistentes.

No es culpa de las personas en sí. La sociedad está en modo guerra. No una guerra de bombas (aunque los últimos acontecimientos parecen indicar que también), sino en una guerra cognitiva en la que nuestros cerebros, estresados por la sobreinformación, el exceso de estímulos y la incerteza generalizada, se activan en modo defensa y pierden capacidad de pensamiento propio. El Otro siempre es un enemigo al que destruir antes de que te destruya a ti, y para justificar esa fantasía, lo que uno diga se puede traducir de la manera más rocambolesca, aunque no consciente, porque al cerebro solo le importa justificar el estímulo, en este caso, el conflicto. De ahí que haga mención a la esquizofrenia lectora, porque en el fondo no hay una intencionalidad, sino una especie de alucinación que cada vez es más generalizada.
Y así nos vemos, en una guerra polarizada y llena de sinsentidos, con el odio vagando libremente a través de Internet, generando un flujo continuo y fanatizado de consignas que se ajustan a nuestro sesgo. La razón y la simpatía, inherentes al ser humano, quedan arrinconadas por la justificación y el odio.

Entonces sucede la barbarie: unos se convierten en marionetas y otros mueven los hilos. Porque esta guerra cognitiva nos deshumaniza y, cuando las personas se deshumanizan, los líderes se divinizan.
Sí, soy consciente de lo contradictorio que es que, para rebelarme contra las dicotomías, yo misma evoque a una. No obstante, aunque no quiera caer en la trampa que denuncio, no es lo mismo ser artífice que peón y sería un error no señalar a quienes se lucran de esta colosal caza de unicornios: al fin y al cabo, son unos los que crean las tensiones para que otros las sufran.
Unicornios e hiperstición
Entiendo que el término «unicornios» en este contexto pueda sonar extraño; sin embargo, puestos a deshumanizar y describir a alguien como lo que no es, no veo por qué no darle una connotación que retorne la mirada. Cazar demonios, orcos y brujas se asocia a luchar contra el mal; en cambio, luchar contra un unicornio, un ser considerado puro, es tan disonante que le devuelve el problema al sujeto. Solo un monstruo lucharía contra unicornios, ¿no? Deshumanizar al Otro es deshumanizarse a sí mismo.
Pero seguimos luchando contra unicornios, criaturas imaginarias que de algún modo se hacen reales. Hace un tiempo las personas de mentalidad fascista guardaban un perfil bajo y raramente se asociaba la izquierda europea con el comunismo. Y, sin embargo, de tanto luchar contra unicornios, los unicornios van tomando forma, el fascismo resurge y también lo hace el odio politizado. La ficción que se hace real a costa de lograr que la gente crea en ella: la hiperstición.
Aceleracionismo, tecnócratas y el Nuevo Orden
El término «hiperstición» surgió en los escritos del Cybernetic Culture Research Unit (CCRU) para referirse a una especie de mecanismo mediante el cual algunas ficciones se hacen a sí mismas reales, u operan en la realidad produciendo efectos que resultan indistinguibles de los que se darían si estas ficciones fueran reales.
El CCRU por sí mismo daría para una infinidad de artículos, por lo que no quisiera entretenerme hoy en eso. Centrémonos en quién fue el último personaje en estar al cargo del centro: Nick Land, el padre del aceleracionismo de derecha, conocido por escribir La Ilustración Oscura, inicialmente en web, finalmente en papel.
La Ilustración Oscura critica con esmero el fracaso de las democracias, a la par que defiende la utilidad del neoreaccionismo para lograr un nuevo sistema de gobernanza, para algunos conocidos como neonazismo o tecnofeudalismo, pero que él denomina el neocameralismo.
«Para un neocameralista, un estado es un negocio que es dueño de un país. Un estado debe ser manejado, como todo negocio grande, dividiendo la propiedad lógica en acciones negociables, con cada una rindiendo una fracción precisa de la ganancia del estado. (Un estado bien manejado es muy lucrativo). Cada acción tiene un voto, y los accionistas eligen una junta directiva, que contrata y despide a jefes. Los clientes de este negocio son sus residentes. Un estado neocameralista lucrativo servirá, como cualquier negocio, a sus clientes eficiente y efectivamente. Mal gobierno equivale a mal manejo».
No obstante, en ese estado corporativista el cliente no puede reclamar su descontento, en cualquier caso, es libre de irse a otro lugar. El mismo libro defiende la eugenesia y el transhumanismo, no para todos, sino para la élite corporativa.
Todo esto podría quedar en la ficción especulativa de un grupo de filósofos de no ser por el apoyo real y contrastado de figuras como el cofundador de Palantir Peter Thiel y su CEO Alex Karp —quienes hace tan solo unos días colgaron su manifiesto en Twitter , extraído de La república tecnológica de Karp—, el magnate Elon Musk, Curtis Yarvin —ideólogo neorreaccionario, defensor confeso del regreso de las dictaduras y cuyas ideas han influido en el movimiento MAGA— o el actual vicepresidente de los Estados Unidos, J.D. Vance (quien fuera financiado por Thiel). Estas figuras no solo promueven y alimentan su ideología tecnocrática, sino que invierten grandes sumas de dinero en su realización. A todo esto, debemos sumar que los últimos movimientos geopolíticos han ilustrado la concepción corporativista del mundo en su lucha por los recursos, el uso de la hiperstición para potenciar la polarización, y, en consecuencia, el deterioro de las democracias a favor de lo que muchos denominan un Nuevo Orden Mundial.
¿Es que ya nadie piensa en la democracia?
Quizá nadie piensa en la democracia o, sencillamente, esta se ha convertido en otro unicornio, pero no en el contexto de la hiperstición, sino en el mitológico. Ya son pocos quienes en verdad creen en ella y casi parece haberse convertido en un arraigo supersticioso. Según el filósofo italiano Bifo Berardi, «pese a que la ilusión democrática aún continúa y a que su retórica se ha promovido como el mito universal del discurso político, cuando se trata de los mecanismos de poder en la esfera de la economía, la democracia no es más que un ritual».
Quizá sea cierto, quizá la democracia haya fracasado, pero no por imposible, sino por no haberse planteado en los términos correctos y no desde las esferas privilegiadas. Por haberse abonado con abusos y corrupción y porque, al final, parezca más un show mediático que una realidad. La democracia no debería ir de ganar, como advertía Simone Weil al escribir contra los partidos políticos, sino de dialogar y hallar resultados propicios, no para unos pocos bienaventurados, sino para todos. En cualquier caso, pese a no ser el sistema perfecto, sí es el más justo, por lo que no nos podemos limitar a ver cómo se disipa para que unas élites tecno-oligarcas extraigan rédito del malestar general, un malestar que ellos mismos han alimentado.
Rehacer el mundo desde la terraza del bar
Es un poco difícil no desanimarse en estos instantes. Las democracias peligran, las empresas asumen el control de los estados y la guerra cognitiva nos afecta a nivel neuronal. ¿Cómo no agotarse? ¿Por qué luchar una batalla que a priori parece perdida? Y, aunque luchásemos, ¿contra quién lo haríamos? Sería contra personas sintientes, enjauladas en la hiperstición y cegadas por la caza de unicornios. No se les puede culpar de caer en la trampa algorítmica y, al final, todas y todos somos igualmente humanos.
A veces se nos olvida que nuestro día a día lo configuramos nosotros. Nos cegamos por el peso de la política e ignoramos el valor intrínseco de la micropolítica, aquella mediante la cual nos relacionamos con el entorno, los movimientos ocultos, las redes de ayuda que se cuelan entre las grietas del tejido. Nos obcecamos en cambiar un gobierno desde arriba y se nos olvida lo más importante: que la democracia no iba de urnas, sino de asambleas. Es el debate sin miedo, con empatía y sin espadas ni armaduras, lo que nos puede ayudar a derribar la hiperstición, reconquistar el pensamiento propio y crear un sistema que escale poco a poco hacia lo más alto por medio de una red asamblearia.
Podemos dejar las consignas, cuestionarlas, desmarcarnos de definiciones encorsetadas para hablar como simples personas en un espacio más allá de lo virtual. En los tiempos actuales, no hay nada más revolucionario que el que dos personas autopercibidas con ideologías contrarias hablen y se diviertan mientras comparten una cerveza en la terraza de un bar. Es a través de esas conversaciones mundanas como podemos deconstruir el mundo, porque el sistema está diseñado para aquello en lo que nos han convertido, no para aquello que somos en realidad. Fortalecer y alimentar la micropolítica es lo más fuerte, peligroso y humano que podemos hacer.
Bibliografía
Berardi, Franco «Bifo». 2017. «El efecto enjambre. Sensibilidad y mutación conectiva». En Fenomenología del fin. Caja Negra.
CCRU. 2020. Escritos 1997-2003. Materia Oscura Editorial. http://archive.org/details/ccru-escritos-19972003.
Land, Nick. 2019. La Ilustración Oscura. http://archive.org/details/land-nick-la-ilustracion-oscura-2019.
Weil, Simone. 2022. Nota sobre la supresión general de los partidos políticos. Editado por José J. de Olañeta.