Un Rayo con derecho a existir

Group of Rayo Vallecano fans walking down a street waving flags and scarves, one holding a flare.

“Un fantasma recorre Europa: el fantasma del rayo”. Permíteme hacerme este pequeño homenaje, me lo debía….

Siempre digo que los del Rayo somos como los vascos: nacemos donde nos da la gana, y eso nos da derecho a ser de donde queramos.

Todos tenemos una historia especial con este equipo. A nadie le cae mal el Rayo, es imposible.

Siempre recordaré aquellos momentos durante la crisis de 2008, con los jugadores hundidos en divisiones inferiores y sin cobrar, repartiendo comida a la gente más necesitada de Vallecas. Porque al final el Rayo es esto: ayudar y tener el derecho de existir.

Porque el Rayo se ha ganado el derecho a ser lo que es, a soñar con lo que es y a representar a todos aquellos y aquellas que se sienten reflejados en él. Porque el Rayo sabe que nunca ha sido fácil estar aquí. El Rayo representa aquello que todos sentimos: el chico contra el grande.

Vallecas y su gente lo saben muy bien. Saben lo que cuesta levantarse cada día para ir a trabajar a las fábricas. Sabemos lo que es pedir días libres en el trabajo después de haber comprado vuelos para una final, y tener que torear al encargado de turno pensando qué excusa darle para ir a ver a tu equipo a la otra punta de Europa.

Al obrero nadie le ha regalado nada. Nadie le dijo que por nacer en un barrio de Madriz le tocaría una vida de currela, de ir al bar de la esquina con los pantalones manchados después de pasarse el día pintando la casa de algún pijo del barrio de Salamanca.

Nadie nos advirtió de que todo esto funcionaba bajo un mercado de oferta y demanda. Que tu cuerpo vale menos que el del que tienes delante.

Pero aquí estamos, luchando con gigantes, peleando cara a cara con los más poderosos del barrio y de la ciudad. Sabemos que económicamente no valemos mucho, pero también sabemos que, si nos juntamos, podemos ser lo que nos dé la gana, donde queramos y cuando queramos.

Admitámoslo, seamos sinceros: hay pocas veces en las que al obrero, y a Vallecas, les toca el lado ganador. No es fácil. Estamos curtidos en miles de huelgas. En nuestras cabezas resuenan cargas policiales, detenciones racistas y palizas. Pero aun así, aquí seguimos.

Nuestras pieles y nuestro campo dan testimonio de todo lo que hemos pasado. De una clase burguesa que no nos cuida, que nos oprime y nos degrada. Unas heridas y unas cicatrices que están y estarán ahí, y que cada vez que vamos a ver al Rayo vuelven a doler.

Una directiva que agota nuestra paciencia, que sabe que no nos gusta y que tampoco le gustamos. Pero qué quieres que te diga: esas cicatrices solo profundizan más en una clase empeñada en hacernos la vida imposible y en que lo notemos.

Es una pena ir a nuestro campo, un campo que vio mítines del PCE y conciertos de ACDC, entre otras cosas, y verlo ahora tan deteriorado. Butacas rotas, llenas de excrementos de paloma; lavabos desbordados; instalaciones degradadas.

Admitámoslo: a Presa y a los de arriba no les gustamos. Pero les jode que todavía sigamos aquí.

Porque aquí estamos, luchando contra gigantes, sabiendo que ellos tienen el dinero. Una losa que siempre ha agotado y oprimido a la clase trabajadora. Nos acojonan con ello, pero aun así seguimos aquí, cargando con miles de maderos, piedras y prejuicios.

El Rayo es clase obrera, y la clase obrera debería mirar al Rayo. Porque no nos equivoquemos: la clase obrera no gana. Nunca ganamos. Simplemente existimos y luchamos para existir delante de los gigantes.

Porque, al igual que el Rayo, no luchamos para ganar: luchamos para existir. Y ese es el orgullo de la clase obrera. El orgullo de Vallecas.

¡Viva el Rayo y viva la clase obrera!

Este artículo os lo ofrece vuestro taskero de confianza Rodrigo TM

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