El tiempo apremia y no sé ni por dónde empezar. Es más, la urgencia me tiene bloqueada. Quizá lo mejor sea comenzar por el principio, recapitular e ir introduciendo las piezas de manera prudente.
Hablar del tablero, del juego y de las estrategias, pues el siguiente movimiento se está dando aquí, mientras todo el mundo scrollea una noticia tras otra, incapaz de distinguir la verdad de la mentira, ni de identificar cómo florece y se expande una nueva posverdad.
La búsqueda del inicio en el cual se desató del caos informativo nos traslada al 3 de enero de 2026, aquel día en el que, aún medio resacosos, amanecimos con la noticia de que EEUU había bombardeado Venezuela y secuestrado a su presidente. El mismo día en el que Trump anunció su intención de quedarse con Groenlandia, mientras amenazaba a México y las redes se inundaban de protestas en Irán. También se nos mostró la actuación del ICE en Minnesota y otros lugares, un aviso que no pudimos pasar por alto: Trump parecía tener su propio cuerpo policial.
Este caos fue el pistoletazo de salida de una carrera informativa en la que no hemos tenido tiempo de digerir nada. ¿Cuántos os habéis sentido como si estuvieseis viviendo una película o en el centro de un huracán? Llegó la lista de Epstein, la guerra de Irán, se cerró Ormuz, se anunció abiertamente el proyecto de la Gran Israel, y… Un segundo, ¡aire! ¡Si hemos tenido hasta aliens! No, no hay respiro, los acontecimientos suceden de manera vertiginosa, como si se estuviera llevando una agenda a rajatabla. ¿Por qué esas prisas? ¿Por qué lo que sucedió la semana pasada se nos ha quedado tan lejano? No tenemos tiempo de digerir, casi ni de recordar, pero… hay patrones. Las mayores actuaciones suelen ser a inicio de mes, en sábado, cuando los mercados están cerrados. Y ese afán por cumplir una agenda no es casual: entre amenazas, tensiones, polarización y confusión, cuesta recordar que las elecciones de medio término son en noviembre de 2026. Cualquier proyecto, debe llevarse a cabo antes. Es lógico, tiene sentido y lo que tiene sentido nos da seguridad. ¿Quién recuerda la lista Epstein? Muchos la niegan, pueden acceder y mirar por sí mismos, pero la tienen como un recuerdo lejano, carente de interés ante la noticia del día, que siempre es otra, y… Seguro que son mentiras, ¿no? Y es que, ante la velocidad, todo suena lejano, a cuentos y leyendas. Quizá por ello las prisas, el caos mediático y los discursos de masas. Pero procuremos no caer en ello y poner algo de orden. Conocemos el plazo, ahora miremos el contexto y los movimientos.
El tablero global
La Tierra está sumida en una grave crisis energética, mientras que la dependencia de los recursos es indispensable para el progreso. No es un secreto, llevan años advirtiendo y lo estamos viviendo en el aumento del coste de los ordenadores. Las baterías, el armamento, el combustible y el auge de la IA dependen de recursos cada vez más escasos y, en este contexto, la invasión en Venezuela tiene un sentido práctico: petróleo, oro y otros recursos.
Aunque, Groenlandia… ¿qué interés tiene para EEUU o Israel ese bloque de hielo? A nivel práctico, Tierras Raras y otros recursos que si bien ahora se hallan cubiertos bajo el hielo, con el calentamiento global es posible que pronto sean accesibles. También, y quizá más importante, la ruta Ártica que conecta a América con el norte de Europa y con Rusia. Pero ¿por qué dejar fuera del trayecto al sur de Europa?
Quedarse con Groenlandia aparentemente no salió bien y la agenda apremia, porque tras esta disputa llegó el sábado 28 de febrero: el fin de año del calendario masónico quedó marcado con el bombardeo de Irán y la explosión de la guerra en Oriente Medio seguida del cierre de Ormuz que afectó a todo el mundo y el desplante de España y otros países al negarse a colaborar con sus bases en una guerra ilegal. Si nos preguntamos por el interés práctico, es posible que el uranio que tanto preocupa no dé una pista, aunque es imposible haber pasado por alto el colapso económico en el que derivaría —y está derivando—.
Antes de seguir, detengámonos un segundo, porque el tablero ha cobrado forma. ¿Cuáles son los principales lugares en disputa? Venezuela, en el Caribe; Panamá, en Centro América; Groenlandia, en el Ártica; Irán, en la península arábica. Si los señalamos sobre un mapamundi, lo primero que salta a la vista es que todos ellos son lugares estratégicos geopolíticamente, ya sea por ser cuellos de botella, rutas interconectadas o ricas en materiales, como tierras raras, uranio y petróleo. Si queréis una visión más clara, os recomiendo visitar la página Descifrando la guerra, en concreto la sección de mapas.
Por el momento, llegados a este punto y expuesta la estrategia de los lugares estratégicos, al menos yo, hace un par de meses, me pregunté cuáles serían los siguientes puntos de acción. Y la respuesta estaba tan clara que no comprendía como otros no podían verla: el estrecho de Gibraltar.
Recordemos que España —lugar rico en litio, tierras raras y wolframio— no consintió el uso de las bases de Rota y Morón para acciones relacionadas con la Guerra en Oriente Medio. Israel y EEUU llevan tiempo colaborando con Marruecos a nivel armamentístico y, por si queda duda, Ceuta y Melilla no están amparadas por el artículo 5 de la OTAN, por lo que el próximo movimiento era demasiado visible. Tanto que es esperable que Francia e Italia también se percatasen, porque, aun siendo de derechas, ambos países se aliaron con España en una especie de Alianza Mediterránea.
Sin embargo, una alianza Mediterránea necesitaba algo más, un seguro energético, que llegó de la mano de Argelia.

Teniendo en cuenta los modus operandi de los sábados y los principios de mes, tras el pacto con Argelia marqué por primera vez el seis de junio en el calendario. Si estaba en lo cierto, en mayo comenzaríamos a escuchar hablar de Ceuta y Melilla en los telediarios y los primeros movimientos se darían a inicios de junio. Mientras eso no pasase, todo sería una mera especulación. Sin embargo, se habló.

Aquí me veo obligada a realizar un inciso: sabemos que muchos no están de acuerdo con su gobierno y desde la Taska apoyamos una próxima primavera. No debemos confundir gobiernos con civiles. La islamofobia es una instrumentalización por la que, pase lo que pase, no debemos dejarnos llevar.
Bien, retomando el hilo, el seis de junio es el próximo sábado. No es un sábado cualquiera: coincide con la llegada del Papa León XIV a Madrid y, además, se da en una fecha muy señalada desde la narrativa religiosa: 6 del 6 de 2026. Exacto, los tres seises que nos obligan a mirar también hacia la narrativa religiosa sobre la cual se está construyendo en redes sociales la guerra de Irán. Pero, antes de ello, no caigamos en la superstición y recordemos qué era la hiperstición, aquel mecanismo —descrito por Nick Land en los Escritos del CCRU— mediante el cual las narrativas ficticias se materializaban que os comenté en mi último artículo. Es más, si no lo habéis hecho ya, os recomiendo leerlo ahora mismo y regresar después, porque en él se enumeran los personajes que mueven los hilos, los sistemas que utilizan (como Palantir), la ideología que procesan (el aceleracionismo) y aquello que ellos mismos dicen querer conseguir.
La guerra santa
Este apartado es tan complejo que apenas rascaremos la superficie, porque entrar de lleno requeriría un reportaje completo o hasta un libro aparte, algo para lo que carecemos de tiempo, pero en lo que seguramente se entre en futuras entregas.
En cualquier caso, recapitulemos: la hiperstición consiste en un mecanismo mediante el cual una narrativa ficticia se materializa a base de creer en ella. En esta realización, el entorno virtual al servicio de conflictos y algoritmos se convierte en un ingrediente esencial para su amplificación y aceleración. Por ejemplo, canalizar la ira sobre un enemigo imaginado puede hacer que esta enemistad se haga real. En artículos anteriores he señalado hipersticiones que han servido para polarizar y enfrentar a la población, pero si rascamos un poco más, veremos que la perspectiva religiosa importa. ¿No es curioso ver las imágenes y discursos de Trump divinizándose a sí mismo? ¿Líderes religiosos bendiciéndole? Recordemos otro punto importante que muchos ya habrán olvidado: el primer día de la guerra de Irán, tras el asesinato del Jamenei, se declaró la Yihad, la guerra santa.
La historia nos muestra que, en realidad, las guerras santas nunca fueron superstición, sino geopolítica. Un ejemplo ilustrativo: durante las Cruzadas, los peregrinajes armados en realidad sirvieron para anexionar territorio de sus supuestos aliados otomanos, a quienes decían «ayudar». Por otro lado, Netanyahu no ha ocultado sus planes de construir la Gran Israel y tanto la incursión en el Líbano como los ataques a comunidades cristianas son testigo de ello. Para concluir, el pasado lunes el Papa León XIV publicó su encíclica Magnifica Humanitas, centrada en los retos de la inteligencia artificial para la dignidad humana, en la que nos advierte sobre la concentración del poder tecnológico y el consecuente riesgo de un autoritarismo algorítmico. Si no la habéis leído, hacedlo, porque no tiene desperdicio. Entretanto, aquí os dejo un fragmento interesante.
La búsqueda de la verdad es un elemento esencial para la democracia, que es en sí misma un instrumento de participación en el bien común. Cuando la pregunta sobre lo que es verdadero pierde interés y se impone un pragmatismo que se conforma con lo que parece útil o eficaz, la vida democrática se debilita. Esta, en efecto, no se sustenta únicamente en normas y procedimientos, sino, ante todo, en una relación leal con los hechos y en una orientación real hacia el bien de las personas y del conjunto de la sociedad. El desinterés por la verdad conduce lenta pero inexorablemente hacia el totalitarismo, para el cual, como escribió la filósofa Hannah Arendt, los súbditos ideales no son tanto aquellos ideológicamente convencidos, sino «las personas para quienes ya no existe la distinción entre el hecho y la ficción (es decir, la realidad de la experiencia) y la distinción entre lo verdadero y lo falso (es decir, las normas del pensamiento)»
Como veis, la santificación de la guerra se hace evidente, de la misma manera en la que lo hace la aplicación de la hiperstición, tanto en redes sociales, como en la agenda geopolítica, donde Israel, con el beneplácito de los Estados Unidos, adquieren el rol protagonista.
Culto al apocalipsis
Semitismo no es sionismo. Eso debéis grabarlo a fuego. Solo es una de sus interpretaciones. Existe un conjunto de judíos olvidado, y del que poco se habla, que considera que no se deben forzar las cosas y que su pueblo debe vivir en diáspora hasta que la Segunda Venida se dé por sí misma. Antisionistas y asimilados, estos judíos son los mismos a los que Theodor Herzl, padre del sionismo político, en 1897 acusó de débiles y traidores en su artículo Mauschel. El sionismo, en cambio, difundido y expandido por judíos asquenazíes (venideros del norte de Europa y que no hablaban lenguas semíticas) es aquel que considera que deben tener su propio estado, Israel. Pero la cosa no queda ahí: dentro del sionismo también existen otros grupos, como el sionismo espiritual, que, cansado de esperar el apocalipsis para la llegada del milenarismo, considera que debe precipitarlo; el político, movimiento popular y secular; el revisionista (una versión radicalizada del sionismo político liderada en sus inicios por Ze’ev Jabotinsky) y el evangelismo sionista. Para nuestro análisis nos centraremos en los dos últimos.
Sionismo revisionista: movimiento político y secular que considera que debe construir el camino hacia el colapso, con el objetivo reconocido de construir la Gran Israel. Como puede leerse en El muro de hierro (1923), creen en el expansionismo y defienden la expulsión de los palestinos. En los últimos años, además, han agregado a sus ideales el concepto supremacista de pureza y mejora «de la raza» por medio de figuras como Ben Gvir o Smotrich.
Dentro de esta corriente encontramos a figuras reconocidas como Netanyahu, o muy afines, como Javier Milei —quien se definió a sí mismo como «el presidente más sionista del mundo»— y Jeffrey Epstein, quien se cree que pudo estar vinculado al Mossad. Todos ellos, a su vez, están relacionados con los aceleracionistas y transhumanistas Alex Karp y Peter Thiel fundadores de Palantir, la empresa con la cual Israel está operando en Gaza. Por ejemplo, es conocida la colaboración entre Epstein y Thiel de la cual hay constancia en los archivos y, también, que este último se trasladó recientemente a Argentina, lo que ha generado cierta controversia en redes sociales.
Thiel y Karp, a su vez, se reconocen como firmes creyentes de la ya mencionada Ilustración Oscura, de Nick Land y Curtis Yarvin. En el libro de Karp, La república tecnológica, se expresa la intención política del CEO de Palantir, mientras que Peter Thiel ha propulsado los Enhanced Games.
Puesto que todos ellos conocen las profecías, es posible que se esmeren en cumplirlas, aunque sea de manera teatralizada. No es necesario que estas se hagan reales, basta con que una multitud crea en ellas. Así convergen con el objetivo del sionismo religioso y, mediante la hiperstición hecha real, controlan a su «paraejército popular», el cristianismo sionista.
Cristianismo sionista: más conocido como evangelismo sionista, estamos ante un movimiento protestante y fundamentalista no semita con una gran fuerza política. Estrechamente vinculado a la Casa Blanca, Trump se ha convertido en su máximo representante, como una especie de líder espiritual.
La lectura principal del evangelismo sionista son las Sagradas Escrituras comentadas por Scofield, quien reinterpretó la Biblia a conveniencia, llegando incluso a ignorar o distorsionar versículos como este:
Yo conozco tus obras, y tu tribulación, y tu pobreza (pero tú eres rico), y la blasfemia de los que se dicen ser judíos, y no lo son, sino sinagoga de Satanás.
Revelación 2:9
Creen firmemente en las señales proféticas, y en la obligación de apoyar ciegamente al estado de Israel, incluso cuando sus actos parezcan contradictorios. La razón: según su profecía, durante el Juicio Final, el pueblo judío aceptará a Cristo como hijo de Dios.
Si bien es una doctrina mayoritaria en EEUU, en los últimos años se ha extendido por el mundo de manera exponencial, llegando a tener un crecimiento en España mucho mayor al islam.


Como veis, el sionismo, el aceleracionismo, la geopolítica, el transhumanismo y el evangelismo sionista comparten un mismo objetivo: precipitar (o no obstaculizar) el colapso.
De la hiperstición a la materialización del colapso
Según el evangelismo cristiano nos hallamos al final de los tiempos, que vienen anunciados por un auge de la ciencia, catástrofes naturales, numerosas guerras globales y la adquisición de una gran capacidad destructiva: hablamos del período conocido como la Tribulación. Dicho período se caracteriza por un acuerdo de paz de siete años que se rompe a medio plazo, y que vendrá seguido de un gran engaño, el rapto y la reconstrucción del templo de Jerusalén.
Es difícil saber qué evento marca el inicio, ¿quizá el proyecto de paz que Kushner, yerno de Trump, negoció en Varsovia en febrero de 2019 y cuyos beneficios se conocieron en junio de ese mismo año? Ese proyecto, conocido como los acuerdos de Abraham, se presentó en enero del 2020 con la aprobación de Trump y Netanyahu y se formalizó en septiembre de ese mismo año.
Por otro lado ¿cuál será el gran engaño del que hablan? Hace unos días, un conocido (evangelista) se refirió a ello… mientras un amigo en común hablaba sobre los archivos OVNI recientemente liberados por el gobierno de los Estados Unidos. Cuando vi esa publicación, sentí que ya era ridículo el descaro con el que se reían de nosotros, pero escuchar a esta persona me hizo verlo con las gafas de la hiperstición e investigar esta línea que, quizá, había ignorado deliberadamente por la incomodidad que se derivaba de ella.
En fin, es difícil saber en qué punto consideran que estamos, pero… Sin duda juegan el juego de una guerra santificada a favor de sus intereses, por lo que debemos permanecer atentos a los próximos movimientos. Es probable que pronto lo sepamos y, por ello, debemos ser conscientes de algo: esto no va solo de religión ni de tecnología, sino del robo de las democracias bajo una envoltura religiosa. No se necesita un gran golpe, basta con algo simbólico que la comunidad religiosa pueda reinterpretar a su manera. Quizá el inicio de la reconstrucción del templo de Jerusalén o alguna reunión o comunicado importante que trascienda las fronteras. Sea lo que fuere, debemos ser conscientes del juego y mantener el pensamiento crítico, porque ahora la partida está aquí, y nuestra acción podría resultar decisiva.
Este cóctel os lo ha ofrecido Bárbara Muñiz, en 4 de junio de 2026