El homínido y su cerilla

¿Pero quién le ha dado una cerilla a este homínido? La que ha liado, a partir de ahora todo será diferente. 

Lo cierto es que, después de años de observación, nuestro homínido tuvo algunas ideas y aunque nadie le dio una cerilla, acabó por dominar el fuego.  Llevaba tiempo analizando como los rayos que caían sobre las ramas secas provocaban que las llamas arrasaran con todo. Y ese todo él lo miraba asombrado. Se acercaba a cierta distancia y podía sentir el calor abrasador, un calor reconfortante cuando era invierno, lo que le llevaba a arriesgarse y avanzar cada vez un poco más si las temperaturas eran demasiado bajas. Era hogar. Las ancianas le habían dicho que se cuidase de aquel fenómeno porque era mortal. Pero durante la noche creía que la magia permitía al fuego alumbrar. Aquel elemento debía ser un dios o algo semejante porque daba luz a la oscuridad, era el día en la noche y eso sólo podía ser magia.  Lo negro se volvía claro y podía ver, a lo lejos, aquellas colinas que se alzaban hacia el cielo, queriendo tocarlo. Le encantaba explorar. Un día este homínido, que permanecía siempre atento a cualquier fenómeno de la Naturaleza, observó aterrado como el fuego alcanzaba a un gran mamífero. Otros animales huían despavoridos, incluso los temibles grandes felinos aullaban mientras sentían que se les escapaba la vida. Al poco tiempo un cadáver carbonizado fue dejado atrás mientras las llamas danzaban en un baile espectacular. Nuestro amigo casi humano tenía mucha hambre, llevaba bastantes horas sin comer y su estómago rugía. El olor de la carne quemada le resultaba extrañamente embriagador. ¿Por qué no hacerse con los restos carbonizados de aquel animal? . ¿Qué podría pasar?. Estaba hambriento. Así que se acercó despacio, apartó la capa más quemada y accedió al interior del cuerpo. Hacia adentro no era carbón si no que nuestro mamífero se había convertido en un increíble trozo de carne a la brasa. Una barbacoa natural .¿Pero qué ha ocurrido aquí?. Esto es mucho más delicioso que la carne cruda, más fácil de masticar y también de conservar. Además parece que no me sienta tan mal…

La Naturaleza nunca dejaba de sorprender a nuestro curioso amigo. Pero está vez era distinto. A veces los más jóvenes se sentaban junto a nuestro protagonista para observar las llamas creadas por los rayos y allí, cobijados por la lumbre, conversaban y escuchaban como habían sucedido tantas y tantas cosas relacionadas con aquel elemento tan especial. Así, conversando alrededor del fuego, aprendieron.

Y es que algo estaba a punto de suceder. El homínido del fuego capturó las llamas y las resguardó. Ahora era suyo. Si se apagaba, antes habría descubierto como volver a crearlo. Y todo cambió, si, todo cambió para él y los suyos mientras otros, en otros puntos del planeta también observaban la magnificencia del fuego y, paralelamente, aprendían como conseguir dominarlo. Durante siglos el dominio del fuego se extendió a escala global. Algunos homínidos aprendieron a controlarlo en diversas regiones y momentos y otros fueron enseñados en la magia de las llamas, casi como en un ritual, de generación en generación. Era curioso, junto al fuego el lenguaje se enriquecía y las historias y enseñanzas eran cada vez más complejas.

No sabemos quién era el personaje principal de esta historia pero sí sabemos que existió. Tampoco sabemos cuando ocurrió, aunque conocemos que hace unos 250 mil años el control del fuego se generalizó. Antes hicieron falta años, siglos, milenios, de observación y experimentación. Probablemente la historia no fue exactamente como yo os la he contado, pero seguro que sería bastante parecida. 

El fuego lo cambió todo:

  1. Nos otorgó luz y pudimos movernos con más facilidad en la noche o alumbrar lugares oscuros. La noche se hizo día. Pudimos explorar más y alcanzar latitudes más gélidas.
  2. La carne cocinada permitió una digestión más fácil y así, la gran cantidad de energía que el estómago empleaba con la carne cruda, se redirigió hacía otros órganos, como nuestro cerebro, que creció más rápido y mejor.
  3. Los fieros animales salvajes conocían la peligrosidad de las llamas, gracias al fuego los mantuvimos al margen.
  4. El fuego es hogar y entorno a él se desarrollaron el habla, el aprendizaje, la educación de los más jóvenes, se traspasaron las historias y leyendas de las familias y se fortaleció la cohesión social.

Cuatro puntos que se bifurcan en muchos más y que formaron parte irrefutable de nuestra evolución. Pero el fuego ¿ lo cambió todo para mejor? El control del  fuego es tecnología y , a veces, no usamos la tecnología de la mejor manera. Unos físicos excepcionales crearon la bomba nuclear y dos ciudades enteras desaparecieron sin más . Y es que este cerebro que creció gracias también al fuego, es capaz de lo mejor pero, en cambio, también de lo peor. Es capaz de la destrucción. Pero si, el fuego lo cambió todo y gracias a nuestro querido homínido ya nunca nada volvió a ser igual.

Un artículo de @letiberebel

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