Metafísica… Cuando nos enfrentamos con ese “palabro”, palabrota o “pala-broto”, quienes decidimos hacer una profesión del meternos en ese fangal llamado filosofía solemos sentir vértigo, pues más que un problema es un problemón… A ver: ¿cómo demonios os explico yo de qué va evitando que luego me preguntéis, a vuestra vez, qué puñetas estoy queriendo decir?. Para empezar, ni siquiera nos ponemos de acuerdo sobre el origen del término: cuando Andrónico de Rodas clasificaba las obras de Aristóteles y se encontró con una serie de rarezas difícilmente catalogables, aunque con bastantes elementos en común, y las agrupó bajo el nombre de “metafísica” ¿lo hizo por haberlas colocado “más allá” de donde estaban los tomos de la Física?¿quizá porque trataban sobre temas que iban “más allá” de lo puramente físico?¿tal vez porque versaban sobre cosas que solo se podrían abordar una vez leída y comprendida la Física?. Más preguntas: ¿Hubo metafísica antes de Aristóteles? Y si la hubo, ¿cómo se llamaba, si la llamaron de algún modo? ¿De qué se ocupaba?. Finalmente, ¿tiene sentido a día de hoy eso que llamamos “metafísica”?
Pues bien, me da en la nariz que si queremos arrojar un poquito de luz sobre algo tan extraño y controvertido, tendremos que hacer un rastreo en el tiempo para seguir su trayectoria “tocando” a algunos de los principales defensores y detractores de la metafísica. ¿Empezamos con los filósofos presocráticos, es decir, los anteriores a Sócrates?. Se suele aceptar que es Anaximandro de Abdera (610-545 a. de n.e.) quien realiza el primer intento serio, o la primera incursión en metafísica con su noción de ápeiron. Sin embargo también se suele aceptar que los presocráticos eran más propiamente físicos que otra cosa; eso sí: aspiraban todos ellos a proporcionarnos una explicación integral de la realidad o de eso que solemos llamar, sin pensárnoslo mucho, “el mundo”… pero de momento la metafísica es solamente un esbozo.
Aquella vocación de totalidad para explicar el mundo por parte de los presocráticostermina con Platón, cuando a este se le ocurre separar lo obviamente físico de algo que no está tan claro que lo sea y postulando 2 mundos distintos y separados: el mundo sensible o de los objetos y el inteligible o de las ideas (las cuales no son “ocurrencias” sino esencias). Eso sí, Platón subordinaba el 1º al 2º es decir, el “devenir” al “ser”. Pues bien: ese “ser” intangible, inexperimentable, incorruptible e inmutable, que ya habría aparecido con Parménides de Elea, el “verdadero-ser”, sería propiamente aquéllo que pretende estudiar la metafísica.
Aristóteles parte de un nuevo marco metodológico: construye la metafísica a partir de la física. Para él será el último conocimiento en alcanzarse y la ciencia suprema. Tendrá como misión responder a las preguntas sobre la esencia de las cosas (aquéllo que hace que algo sea lo que es) y por qué existen las cosas. Define metafísica (él la llamó “filosofía primera”) como la “ciencia que estudia lo que es, en tanto que algo que es” (Met, IV, 1). Así, mientras las ciencias particulares consideran al ser desde algunos de sus atributos, la metafísica lo hace en cuanto tal.
El concepto de “ser trascendente” no terminó de ser elaborado por Aristóteles: hasta la escolásticaeste concepto no quedará establecido como un ser omnipotente, omnisciente y, sobre todo, creador. Con la escolástica, las relaciones entre TEOLOGIA y METAFISICA se estrecharon (especialmente con Tomás de Aquino, s. XIII) hasta el punto de compartir su objeto: Dios. Francisco Suárez (1548-1617) tras recoger y sistematizar todos los materiales de los comentaristas anteriores, constituyó la metafísica como disciplina independiente (y la definirá como “ciencia del ser en cuanto ser, pero concebido como trascendente”).
Con el progreso de las ciencias y el descubrimiento del concepto (no ya objeto) de “hombre individual” como nueva referencia, el racionalismoconvirtió a la metafísica en la ciencia de los principios de la razón. La metafísica es, pues, posible como ciencia y seguirá examinando la trascendencia pero desde la inmanencia del “yo” pensante, verdad indubitable y absolutamente cierta tal y como propuso Descartes.
Damos un pequeño salto por encima del racionalismo para llegar a Kant, quien investigó la posibilidad de una metafísica con el mismo estatus que las demas ciencias, y libre de sus tradicionales problemas: el desacuerdo interno y la ausencia de una metodología para hacer descubrimientos ciertos mediante los que progresar. A fin de superar el citado desacuerdo trató de mediar en el enfrentamiento entre racionalistasy empiristas. Kant llega a la conclusión (finales del XVIII) de que la ciencia progresa porque su fundamento son los juicios sintéticos y a priori; pero en la metafísica, entendida como un sistema de proposiciones que la razón pretende formular acerca de lo que está más allá de la experiencia (las cosas “en sí”), no pueden darse los juicios sintéticos a priori. Por consiguiente, la metafísica es imposible como ciencia. Aunque la razón pura teórica nada puede decir sobre la existencia de los objetos propios de la metafísica (las ideas de mundo, alma y Dios), posee una tendencia natural e inevitable a interrogarse sobre ellos. Luego la metafísica es una disposición natural del hombre (y en consecuencia, necesaria). A mi juicio, esta consideración final de Kant no ha sido superada y es la más coherente a la hora de valorar la metafísica como actividad.
Hegel tomó de Kantsu idealismo trascendental; pero lo transformó en idealismo absoluto, originando el último gran sistema metafisico de la historia, que daba cuenta de toda la realidad desde la subjetividad. Este idealismo fracasaria con el tiempo porque su Razón había llegado a tal grado de abstracción que al final se mostraba incapaz de abordar los problemas concretos del individuo.
Hume (1711-1776,empirista)por su parte, y ciertamente bastante antes que Kant y Hegel, habría recogido el testigo de los nominalistas (s. XIV) proponiéndose construir, desde una postura claramente antimetafísica, una “nueva filosofía”, una “ciencia del hombre” que serviría de base a todas las demás (humanas y naturales) y para socavar la ontologíaracionalista y, de paso, la religión. Convendría entonces recordar que los nominalistas se caracterizaron porcriticar radicalmente la metafísica trasladando sus problemas a la lógica; asimismo negaron toda realidad a lo universal y lo abstracto (excepto en lo que a las verdades de la fe se refiere) y aceptaron el “principio de economía” como postulado básico para la investigación de la realidad; básicamente recuperaron el conocimiento empírico.Volviendo a Hume, el fundamento de su animadversión hacia la metafísica estaría en la afirmacion de que todo conocimiento procede de las impresiones y su rechazo al principio de causalidad.
En cuanto al positivismode Comte (1798-1857) no puede reducirse a una epistemología, porque es simplemente una ideología consistente en la creencia en una determinada idea de ciencia. De entre sus presupuestos ideológicos, el más importante es su exclusión del proyecto de descubrir la esencia de las cosas, lo que implica su postura antimetafísica (cuyo origen está en el empirismodel XVIII). Esta posición antimetafísica constituirá la mayor de sus repercusiones, tanto en el XIX como en el XX. La Izquierda Hegeliana por su parte, sostendrá que la realidad ha de explicarse en términos de materialismos histórico y dialéctico, ante lo cual surgen dudas de si es esta una postura antimetafísica o no.
En El crepúsculo de los ídolos Nietzsche (1844-1900)asegura que la historia de la filosofía, y concretamente de la metafísica, desde Sócratesy Platón, es la “historia de un gran error”. La creencia en un mundo racional y perfecto derivó en el desprecio de lo material, que es lo que considera propiamente humano. El mundo racional y perfecto es una invención, para la cual habría 2 motivos: el psicológico: el hombre postsocrático tiene miedo a la muerte, a la desaparición, a la incertidumbre… ese mundo racional y perfecto proporciona a este hombre decadente (que ya no es genuinamente griego) la ilusión de todo tipo de seguridades resumidas en que Dios existe y que el alma es inmortal; el lingüístico: el lenguaje humano (y paradigmáticamente la lengua griega) posee un estructura determinada: un sujeto y un predicado unidos muy frecuentemente con la copulacion “ser”. Pero el verbo “ser” supone un reificación de la realidad: la falsa creencia de que existen entidades que poseen caracteristicas permanentes (es decir, substanciales). Si la estructura lingüística fuese otra, cambiaría nuestro modo de entender el mundo (así, Nietzsche puede considerarse un precedente del 2º Wittgenstein) En cuanto a su parte CREATIVA, digamos que su metafísica Estaba centrada en la “voluntad de poder” entendiendo esta como un poder-crear, es decir: lo que el filósofo de Röcken denominaba “metafísica de artista”, dueño de su propia vida y de su porvenir-devenir.
Ya en el siglo XX, el Empirismo lógico (una suerte de “fenomenalismo duro”) quiso separar con una línea clara y rotunda lo “verdadero” de lo “falso”, al menos en el ámbito del conocimiento científico; por eso exhortó a la filosofía para que se “liberara” de esa gran rémora que era la metafísica, se redujera a epistemología, y asumiera como su objeto propio (y único) la reconstrucción racional del conocimiento y que lo expresara propiamente (lo cual se realizaría aplicando mecánicamente una serie de supuestas reglas lógicas sobre la expresión lingüística, convenientemente formalizada, de los enunciados de las teorías científicas). Los enunciados que no se pudieran referir a experiencias serían así pseudoproposiciones y se declararían “sin sentido”, de modo que no se les permitiría formar parte de la ciencia. Esto implica la negación directa de la metafísica como conocimiento válido acerca de algún tipo de realidad, pasando en adelante a menospreciarse lo metafísico como engañoso y falso. Para los neopositivistas en general los enuciados de la metafísica no son enunciados falsos, sino falsos enunciados: ni siquiera serían enunciados.
Avanzando un poquito más en el siglo XX, Popper marcará un punto de inflexión en toda esta larga polémica, porque desde su racionalismo crítico se opuso a las tesis del empirismo lógico, partiendo del “falsacionismo” y desde la conviccion de que no era posible reducir la ciencia a enunciados cuya verdad o falesdad pudiera ser probada definitivamente (los llamados “enunciados verificables”). Como la ciencia, consecuentemente, debe asumir enunciados no verificables, se abre una vía de posibilidad a los enunciados metafísicos. En general, para Popper, no hay nada absolutamente irrefutable; tampoco lo metafísico. Por ello el espíritu antimetafísico resulta ser, en el fondo, un prejuicio metafísico.
En lo que se refiere a otro de los pensadores más influyentes del siglo XX, Wittgenstein, en su 1ª etapa, la del Tractatus, rechaza todas las proposiciones que no versen sobre cuestiones de hecho (algo asumido despues por el Círculo de Viena) o sobre lógica y matemáticas, como carentes de sentido (serían por tanto pseudoproposiciones). Pero en su 2ª etapa, conocida como 2º Wittgenstein, se percató de que esa riqueza del lenguaje natural era la razon por la que las expresiones significativas no podían ser reducidas a una lógica. De ahí que sostuviera el que anatematizar como carentes de sentido los discursos religioso, metafisico, moral o estético es muy injusto.
La recuperacion de la metafísica como pensamiento humano sobre el ser en el siglo XX, ha venido de la mano de Heidegger, quien definió la ontología como “ciencia del ser de los entes”. Con esta nueva concepción de ontología quiso superar la tradicional, definida por Aristóteles como “ciencia del ente en cuanto ente”. Funda esta nueva visión de la ontología en su principio de la “distinción ontológica”: “Hay que diferenciar entre ente y ser”. El ser no es un ente, el ser no se puede objetivar. A lo largo de la historia el ser ha sido confundido con los entes, por lo cual desde Aristótelesse dice que el objeto de la ontología es el ente en cuanto ente (para Heidegger, la ciencia del ente en cuanto ente sería una ontología “regional” más). Como entre todos los entes habría uno que sería el verdadero, el “arjé”, el ente primero, el ente propiamente tal (Dios), la ontología occidental habría venido a ser propiamente una teología. Desde lo dicho, puede entenderse que en su obra Ser y Tiempo Heidegger plantea la necesidad de preguntarse por el ser en general, no por el ente, yeste será el tema central de su pensamiento.
La Posmodernidad (finales del XX-actualidad)se caracteriza (además de por el abandono de las notas que definían la Modernidad, es decir, fin de las ideas de “progreso” e “historia”, fin de la razón, fin de la ética, nihilismo, hedonismo…) por un marcado carácter “postmetafísico”, que implica por una parte rechazar toda pretensión de proponer teorías compactas y lineales que abarquen la totalidad de los fenómenos singulares y, por otra, remitirse a relatos parciales e inconexos entre sí que no tengan la intención de explicar o fundamentar la realidad. Además se desarrollará en virtud de un “pensamiento débil” cuyo máximo exponente es Gianni Vattimo. Desde el pensamiento posmoderno (sin menoscabo de su heterogeneidad) se considera que el ser es lo que acontece y nada hay fuera de ello, de ahí la creciente importancia de la hermenéutica. Esto significa quizá no la muerte de la metafísica, sino más bien su “deconstrucción”, dado que no es concebible algo que pueda considerarse como absoluto y trascendente accesible únicamente mediante la razón.
¿Estamos ahora en condiciones de expresar qué es, o de qué se ocupa, la metafísica? Yo creo que sí; incluso si la rechazamos: la metafísica es una disposicion natural del hombre según la cual intenta responder racionalmente, aún con las limitaciones del lenguaje, a la pregunta por el sentido y fundamento de la realidad y (por consiguiente) de su propia realidad.