Aunque esta semana tenía pensado otro artículo, la actualidad es dueña y señora y en este caso en el mal sentido. Todos sabréis que ha fallecido Sean Connery la semana pasada, a la edad de 90 años. Mucho se ha escrito ya sobre él, como no podía ser de otra manera. Para bien y para mal, como tampoco podía ser de otra forma. Por ello, dejando al margen todo lo no concerniente a su figura cinematográfica, mi artículo se va a centrar en lo que fue y ha sido para el mundo del celuloide, intentando mantener el tono que me caracteriza y rendir un pequeño homenaje a quien ha sido un animal cinematográfico… ¡Allá vamos Dr. Jones!
Todo el mundo ha oído hablar del Sr. Connery y el que no, conoce al agente secreto del MI6 más famoso del mundo, o al papi de Indiana Jones. Si nada de esto os suena, por favor dejad de leer, no perdáis el tiempo. En caso afirmativo, pinchad el siguiente enlace (es obligatorio) y seguid leyendo, por favor:
Con esta música de fondo, podemos continuar.
El Sr. Connery, al margen de ser la imagen paradigmática del agente Bond (luego retomo esto), tuvo una juventud e inicio de la madurez con muchas ocupaciones. Así, según varias de sus biografías, fue repartidor de leche, modelo artístico (de desnudos incluido), conductor de camiones, socorrista e incluso pulidor de ataúdes (luego como Bond, en vez de pulirlos, los rellenaba. Disculpadme).

Tal y como veis en la imagen de arriba, se presentó allá por 1953 al concurso de NABBA Mr. Universo, quedando en el tercer puesto.
Durante los 50, comenzó en esto del 7º arte, con más pena que gloria, aunque participando en diversidad de films (a modo de ejemplo diré que hizo de secundario maligno en una peli de tarzán protagonizada por Gordon Scott, “La gran aventura de Tarzán”, 1959 de John Guillermin).
Pero lo gordo empezaba en los 60. En concreto en 1962, donde tuvo la oportunidad de protagonizar por primera vez el papel de su vida. Bond, James Bond. Y ni más ni menos que con Ursula Andress, actriz desconocida por aquel entonces, de partener. Todo comenzaba en “Agente 007 contra el Dr. No” (1962) de Terence Young, basada, claro está, en una novela de las múltiples dedicadas al agente y escritas por Sir Ian Flemming.

Varias fueron las películas en que vimos interpretar a Connery al bueno de James:
- Agente 007 contra el Dr. No (Dr. No) – 1962 – Terence Young
- Desde Rusia con amor (From Russia with love) – 1963 – Terence Young
- Goldfinger – 1964 – Guy Hamilton
- Operación Trueno (Thunderball) – 1965 – Terence Young
- Sólo se vive dos veces (You only live twice) – 1967 – Lewis Gilbert
- Diamantes para la eternidad (Diamonds are forever) – 1971 – Guy Hamilton
- Nunca digas nunca jamás (Never say never again) – 1983- Irvin Kershner
Para concluir este apartado, y sin que me odiéis, diré que el primer Bond que aparece en mi memoria es Roger Moore (echaban en la tele sus pelis siendo yo pequeño) y más recientemente Pierce Brosnan (si os gustan los videojuegos y pensáis en la Nintendo 64 y el juego Goldeneye, me entenderéis). Dicho lo cual, en ningún momento menosprecio el Bond de Connery, simplemente pertenezco a otra generación. Por este motivo, cada uno tiene su Bond y aquí no pasa nada (incluso alguien pensará en Daniel Craig, tiene que haber gente para todo…).
Como todo no iba a ser Bond, de hecho el propio Connery acabó hasta el gorro de este papel, entre su filmografía destacada existen grandes (o medianas) películas. Importante reseñar, en mi opinión, es “Marnie, la ladrona” (1964) del grandioso Alfred Hitchcock. También aparecía en “Asesinato en el Orient Express” (1974) de Sidney Lumet, en la magnífica “El hombre que pudo reinar” (1975) de John Huston, y haciendo de un vetusto Robin de Locksley (Hood para los amigos) en “Robin y Marian” (1976) de Richard Lester. E incursión incluida en el cine de Terry Gilliam en “Los Héroes del tiempo” (1981).
Tras su regreso como James Bond en “Nunca digas nunca jamás” (1983), Connery pasó por una época complicada y prácticamente retirado de los platós. Pero en 1986, y homenajeando el título de su última película, regresó con la adaptación cinematográfica de la novela homónima de Umberto Eco “El nombre de la rosa” (1986) de Jean-Jacques Annaud, interpretando a Guillermo de Baskerville, con la que obtuvo reconocimiento y más fama si cabe. Su siguiente gran éxito, con Oscar al mejor actor de reparto incluido, fue con la película de Brian de Palma “Los intocables de Elliot Ness” (1987). La sigue la cinta en la que pronuncia la frase título del presente artículo, “Indiana Jones y la última cruzada” (1989) del Rey Midas de Hollywood Steven Spielberg, en la que interpretaba a Henry Jones Senior, padre sarcástico y un poco “capullete” de Indy.

Ya en la década de los 90, las películas fueron muy taquilleras, pero cinematográficamente hablando “flojitas”. No por ello, hay que dejar de mencionar la que, para mí, es un peliculón. “La Roca” (1996) de Michael Bay y coprotagonizada por otro actor que bien merece algún día un artículo: Nicolas Cage. En el mismo año, presta su voz (increíble voz) a Draco en “Dragonheart” de Rob Cohen. En España, Draco tenía la voz del carismático Paco Rabal. Creo que salíamos ganando (y eso que era muy difícil). Para concluir el milenio, junto con Catherine Zeta-Jones protagonizó “La trampa” (1999) de Jon Amiel.
Antes de citar su último film, me parece curioso reseñar una anécdota muy conocida en los tabloides de los 2000 y poco. Cuando Peter Jackson estaba organizando el casting para la trilogía de “El señor de los anillos”, a Connery se le ofreció el papel de Gandalf, con unos emolumentos de hasta el 15% de las recaudaciones de taquilla en el mundo. El rol fue rechazado por Sean al no encontrar sentido al guion y estar disconforme con el mismo. A simple vista, parece un gran error esta decisión. Como todos sabréis fue Sir Ian Mckellen quien dio vida al mago gris (¿o blanco?) de forma magistral y contundente (el día que os haga especial “Señor de los anillos” tenéis pa´leer hojas y hojas).
A fin, de intentar paliar la anterior metedura de pata, Connery en 2003, acepta interpretar a Allan Quatermain en “La liga de los hombres extraordinarios” de Stephen Norrington (Basada en las novelas gráficas homónimas de Alan Moore). Pese a que la peli es entretenida, no alcanza la magia de los comics y su paso por las pantallas fue bastante discreto.
Pocos años después se retiró, aquejado de demencia y de una afección cardiaca (según la prensa especializada), hasta su fallecimiento el pasado 30 de octubre de 2020.
Como he relatado al inicio de este post, no he querido entrar en la vida privada y actitudes de la persona, que merecerían un capítulo aparte, puesto que en este momento solo nos interesan sus películas y personajes. De esta forma, recordaré siempre a Connery como el Bond de bisoñé frondoso y gesto adusto, así como al franciscano sabio y reflexivo y al madurito impertinente que espanta gaviotas en la playa a mandobles de su paraguas. Se ha apagado una de las últimas luces del cine clásico. Cada día la oscuridad avanza un poco más.
A este coctel invita José V.M