¿POR QUÉ NOS GUSTA PASAR MIEDO?

Esta es una pregunta que parece estúpida, pero tiene su intríngulis. Es evidente que el miedo es algo innato a muchos de los animales que poblamos la tierra y no solo a los seres humanos. También está claro que pasar miedo, por norma general, no mola, pero que a veces nos genera una sensación que, catalogaríamos hasta de reconfortante. ¿Cuándo? Preguntareis…

¡Cuando vemos cine de terror!

El miedo es una reacción química en nuestro cerebro, que arrastramos desde nuestros más primigenios ancestros y que, por cierto, crea en nosotros una reacción muy similar a la de la felicidad.

Aquí os dejo un artículo sobre este tema si os interesa, puesto que no se más allá del tema que lo que he leído y me parece super interesante:

https://lamenteesmaravillosa.com/por-que-nos-gusta-pasar-miedo/

Bueno al lio, o como dice el refranero español, el muerto al hoyo y el vivo al bollo. ¿Os gustan las pelis de terror? Creo que, conociéndome ya un poco sabéis mi respuesta. Yo adoro este género.

Te haces unas palomitas, o agarras una tableta de chocolate (o una ensalada vaya), te sientas y le das al “play”. Ritual de libro para cualquier película. Más si cabe para una película de miedo. Puede ser de vampiros, de zombis, de fantasmas y castillos, de casas encantadas, de casquería variada (aunque realmente esto es otra subcategoría o incluso otro género), de fenómenos paranormales varios, de muñecos asesinos (adoro a Charles Lee Ray AKA Chucky), de tarados mentales de mascara en cabeza y machete en ristre, de asesinos psicópatas sin más, de monstruos, de alienígenas, de maldiciones occidentales o asiáticas (éstas son las que dan cague), o cualquiera que se base en los fabulosos libros del maestro King (sí, soy muy pero que muy fan), en fin, una lista interminable.

Todas y cada una de ellas con su encanto. Yo particularmente soy muy fan de “moñecos” asesinos, no muertos y monstruos venidos del espacio exterior (como es obvio, del espacio interior no van a ser…), por supuesto sin olvidar las pelis de chupasangres varios. Y cuanto más cutres, mejor (bien de kétchup y sangre espesota).

El género de terror es casi tan antiguo como el propio cine, aparecido en 1895. De hecho, fue en 1896 cuando se estrenaba el corto de cuatro minutos Le manoir du diable de Georges Méliès. Está claro que desde un principio el miedo iba a ser una pieza fundamental del 7º arte.

Sin querer hacer una antología del cine de terror, ni ser estricto con el tema, puesto que mi intención es sacaros una sonrisa y no instruiros en este apasionante mundo (no descarto daros una sorpresa algún día… estáis avisados), el género de terror ha ido evolucionando de la mano del propio mundo, adaptándose a él, pero también siendo recurrente en subgéneros que han vuelto a nuestras pantallas con la fuerza que tuvieron en sus orígenes, o incluso más. Así, películas clásicas como Nosferatu de F.W. Murnau, de 1922 tuvo su actualización en Drácula de Bram Stocker, 70 años más tarde. La guerra de los mundos, la noche de los muertos vivientes, incluso mi adorado Chucky, ha tenido un reboot (y muchas secuelas completamente nefastas).

También han tenido diferentes aceptaciones en las salas y en el público en general, sin que esto sea directamente proporcional al presupuesto de los films. ¿Quién no ha visto Frankenstein, la momia, Drácula, todas ellas de la factoría Hammer? Cine más que B, con más encanto y pasión de primera vedette que cualquier super producción.

¿Y qué pasa con los guiones y argumentos? Aquí es donde, a mi parecer, estriba la maravilla de este género.

Generalmente malos, muy malos, increíbles, desestructurados, previsibles, infantiles, estúpidos, ¡pero encantadores! Es muy difícil creer que te va a perseguir un muñeco diabólico con un cuchillo en la mano, que un animalito adorable se va a convertir en un “gremlin” y te va a sacar las tripas (aunque sea al son de “my way”) o que un vampiro te vaya a chupar la sangre (o lo que se tercie). Pero te lo crees y punto. Disfrutas de la paranoia e incluso te ríes (yo suele reírme mucho con las pelis de miedo, aunque a veces luego no me atrevo a ir al baño solo…). Para otro artículo podemos comentar ampliamente estos clichés.

Es un género que o adoras u odias, pero que nunca deja indiferente.

Pero la pregunta principal sigue sin respuesta. Estoy convencido de que nos gusta el cine de terror porque es uno de los mejores géneros para evadirte, para vivir experiencias “irreales”, viajar a lugares inhóspitos y con la absoluta ventaja de que tú vida no está en peligro (o sí…). Puedes ser el listo del grupo y si eres un poco friki, destripar (nunca mejor dicho) la película a esos amigos que nunca ven este género de cine (al fin y al cabo, son idénticas en su iter). Puedes aterrorizar a tu familiar más cercano o pareja, ahí, justo cuando sabes que viene el susto, ¡ZAS!

Incluso puedes crear una guía para sobrevivir en caso de catástrofes nucleares, invasión de zombis, inesperada aparición de vampiros, ante el descubrimiento de un payaso muy grimoso en tu pueblo, Maine, o para saber como repeler un ataque extraterrestre. Todo es cuestión de echar horas en el visionado de estas películas y ponerse luego a escribir la ansiada guía (el dinero seguramente, llegará solo, te quitarán tus libros de las manos… puedes estar tranquilo).

Queda claro que a los que no os gusta este cine estáis perdidos. No podréis sobrevivir, lo siento. Pero para eso estaremos nosotros, los raritos que amamos el terror, que sentimos esa sensación de placer ante mal ajeno y que cuando llegue la hora tendremos nuestra mochila preparada para la supervivencia.

Todavía estáis a tiempo de arrepentiros y uniros a nuestro siniestro y espectral club. Las tinieblas a veces son las únicas que permiten volver a ver la luz.

Este cóctel os lo sirve vuestro coctelero tenebroso José V.M.

2 comentarios sobre “¿POR QUÉ NOS GUSTA PASAR MIEDO?

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