Este artículo de opinión me surgió en el trabajo. Tengo como costumbre poner la SER cada mañana y justo esa mañana pusieron la sesión de control al gobierno en directo.
Y se me cayeron los oídos al suelo.
No fui capaz de encontrar un atisbo de aquello que tanto quiero. La política.
Encontré un Circo romano, donde la gente de a pie a través de redes sociales, baja o sube el dedo, dependiendo si a corrido sangre o hay caída en la lona por KO técnico.
Hace unos años cuando uno todavía daba sus primeros pasos en esto de la opinión publica donde estaba más cerca del cuñado del Bar que de una opinión con fundamentos. Leí un libro que se titula la Política en el Siglo XXI. En él hablan sobre técnicas aplicadas al campo de las campañas más cercanas al análisis estadístico y marketing que del propio sentimentalismo o la idea más romántica. En ello hablaban de los mensajes, del análisis de las redes sociales, de la cantidad de palabras y de los Punch en campaña como si de una batalla de gallos de rap fuera.
En cierta manera lo entiendo, hace poco escribía sobre el populismo como herramienta de acercamiento de la política a la clase popular, e incluso lo defiendo…
Pero señores, os habéis pasado de frenada.
Comprendo que en los debates de televisión con tertulianos, se quiera dar una imagen, entiendo que quieras atraer a las cámaras, que lances algún que otro grito, incluso palabrería callejera para una mejor comprensión de tu mensaje, mientras el obrero del bar se toma el café con su porra en Vallekas, y levante la mirada porque algo que has dicho le parezca familiar.
Pero en un Congreso, en una cámara de representación no deberían de llegar a ese límite. Ahí estamos representados todos, los que creen en las instituciones y los que ya no creen. Ahí se va a debatir. Fuera de cámaras, fuera de tweets y de 140 caracteres si no sabes salir de eso, es que quizás tu discurso o tu idea no va más allá.
En política, el debate, se viene a convencer o persuadir que según decía Platón es lo que nos diferencia de los otros animales en la faz de la tierra. Por qué de eso vive la política, de pactos, de diálogos y de votaciones.
Fuera de esos términos, lo que tenemos es un sálvame, donde es más importante el ruido del portazo al salir Carmeles que el porqué de ese portazo. O quizás, me esté equivocando. Que lo que quieren es que escuchemos el ruido del portazo, para que no sepamos de lo que se está hablando en la dirección del programa, donde de verdad se cuece las bodas y los divorcios.
Aquí que cada uno le coja su sentido.
¡A este cóctel invito yo!