Hace unos días, terminé de ver la serie de moda en Netflix, Cobra Kai. Cuando faltaban unos 20 segundos para que acabara el último episodio, una pregunta surgió mi cabeza. ¿Por qué todo aquello que tenga reminiscencias de los años 80 tiene tanto éxito?
Habréis observado que, desde hace ya un tiempo, el “look” ochentero sirve de base para multitud de nuevas series o films que salen a la luz y que son un rotundo éxito. Stranger things, Verano del 84, Bohemian Rhapsody, Chernobyl, The americans, entre otras… ¿Sabéis por qué? Porque vende.

Todos los que hemos nacido en esta década, o unos años antes, recordamos rodeadas de un aura especial muchas de las películas que se rodaron entonces. Los gremlins, Indiana Jones, Los Goonies, Regreso al futuro, Batman, La princesa prometida, La cosa, El muñeco diabólico, Kárate Kid, Terminator, ET, alguna de Rocky, Dentro del laberinto, Willow… en fin, toda una innumerable lista de films.
Si comenzamos a hacer crítica de todas estas películas, probablemente advirtamos que muchas de ellas, por norma general, distan de ser obras maestras del cine, pero, sin embargo, ocupan un puesto destacado dentro del ideario cinéfilo colectivo, y ¡encima con bandas sonoras espectaculares! ¿Quién no tiene en su casa algún objeto de alguna película de su niñez o algún disco ochentero? Mi respuesta es obvia… y eso que es un tostón limpiar el polvo al halcón milenario… aunque hacerlo al ritmo de ”Beat it” es otro rollo.

El mensaje de estas películas siempre tiende a ser el mismo y conlleva normalmente un guión sencillito y palomitero: el bien triunfa sobre el mal, la chica se queda con el chico y los problemas siempre se superan más fácilmente, si unes fuerzas ante la adversidad con tus compañeros de camino. Indiana Jones no sirve como ejemplo, puesto que, a él, con su látigo, le basta.
¿Entonces por qué amamos el cine de los ochenta si sabemos que es más bien malete?
Porque somos unos sentimentales y probablemente un poco frikis. Pero esto ya lo sabíamos todos…
Todas estas películas, al volverlas a ver, generan en nuestro cerebro una sensación de confort y reminiscencias de niñez que es tan adictiva como la mejor de las drogas. Jean-Jacques Rousseau afirmaba que “lo que uno ama en la infancia se queda en el corazón siempre”. Así que supongo que por ahí van los tiros. El corazón suele mandar sobre la razón. Muy a nuestro pesar.
Queda claro entonces, que la vuelta a los 80 no es más que un recurso fácil para atraer nuestra atención, para tocar nuestro corazoncito y sobre todo para captar la atención de los billetes de nuestra cartera, ya que ni sus guiones ni sus premisas serán recordadas por su innovación ni por su sesudez. No obstante, y aunque como cinéfilo de pro quede mal decirlo, soy y seré un defensor a ultranza del cine de esta época y todo (aunque hay cosas que no soporto) lo que tenga que ver con esta década prodigiosa de los pelazos y la música hecha con sintetizadores.
Por ello, no os avergoncéis en reconocer que los ochenta y su cine mola, y que adoramos este cine o estas series, no sintáis pudor en querer volver a estos años dorados, dónde ver el equipo A, Macgyver o incluso V era lo mejor del día, donde la mayor de nuestras preocupaciones era no mancharnos con la nocilla y, sobre todo, no sintáis vergüenza en querer sentiros niños otra vez.
A este cóctel ochentero invita nuestro coctelero José V.M
Los ochenta tuvieron mucha magia… fue una década llena de ideas, desarrollos y de éxitos que desgraciadamente ahora parece que se ha quedado muy atrás (ahora los superhéroes lo marcan todo, y las secuelas, precuelas, spinoff, etc…)
De vez en cuando es muy necesario volver a los clásicos de esa época… por nostalgia y por salud mental…
HemosVisto!
Efectivamente, es una época mágica para el cine, aunque en la actualidad el paso del tiempo vaya arrinconándolo y se de paso a toda una horda de superhéroes y sus historias en mil películas. El tiempo es así… pero como bien decís, por salud mental y por revivir tiempos pasados siempre hay que echar la vista atrás y recordar el niño que fuimos.