EL CANTO DE LA MASA

¿Alguien recuerda la película de animación de la Bella y la Bestia (1991)? Me refiero a esa cinta de dibujos tan graciosos donde, entre muchos personajes, aparecían un reloj de péndulo y un candelabro de tres brazos discutiendo todo el rato como si fueran miembros del Congreso de los Diputados. Pues bien, no me interesa analizar la composición musical de Alan Menken ni explorar cómo su música resucitó una empresa que estaba de capa caída. Tampoco el live action ni lo guapa que estaba Emma Watson en el papel de Bella. Por el contrario, me atrae explorar otros caminos que no tienen nada que ver con la compañía del ratón.

Rescato la película porque hay una imagen que de niño me impactó mucho, y no para bien. Hablo de la imagen del pueblo enfurecido dirigiéndose al castillo con antorchas, palos, hachas y horcas para dar caza a la Bestia al son de un cántico pegadizo que, en resumidas cuentas, dice que hay que acabar con el monstruo porque es diferente; “peligroso”. Estamos hablando de una turba que venía de encerrar a un anciano en su propio desván bajo la etiqueta de “loco” y a su hija con la excusa de “si no estás con nosotros estás contra nosotros”. ¿Caso aislado? Casi. En El Jorobado de Notre Dame (1996) hay una escena en la que atan al pobre Quasimodo en la rueda de Santa Catalina y lo hacen girar con el gorro de bufón mientras le tiran fruta a la cara. Una imagen traumática, por no hablar de la persecución del pueblo gitano o de la quema de Esmeralda. En fin, otra escena más de intolerancia y etnocentrismo para la filmoteca.

En el cine clásico también podemos encontrar algunos ejemplos por el estilo, más incluso, pero no quiero convertir esta columna en una sucesión de películas con escenas que harían saltar los plomos a cualquiera que tuviese dos dedos de frente. Por el contrario, prefiero que rebusquéis en el baúl de los recuerdos y ejercitéis la memoria; que buena falta nos hace y parece que cada vez olvidamos más, incluso los hechos más recientes. La clave o, el prompt para quien prefiera utilizar la IA, está en buscar similitudes o paralelismos que conecten con la actualidad.

Dicen, o al menos así lo he escuchado muchas veces —y no sin razón—, que la realidad supera la ficción (perdón por la rima). Es cierto, y eso que la “ficción” solía maravillarnos en la época de Verne y asombrarnos en la de Orwell. ¿A qué se debe? Creo que se debe a dos factores: por un lado, la vida carece de los escrúpulos que tanto el cine como la literatura suelen imponerse para no herir la sensibilidad del lector o espectador. Y, por el otro, porque nadie puede superar la imaginación de aquel que se inventa un relato para perseguir lo que es diferente a él, por mucho que la ficción trate de imitarlo.

¿Y qué? Se preguntará más de uno. Pues eso. No pasa nada. ¿Qué va a pasar? Tenemos Netflix y los Demogorgon no existen. La Bella y la Bestia tiene sus orígenes en Gabrielle-Suzanne Barbot de Villeneuve. El Jorobado de Notre Dame en Victor Hugo. ¿Pero qué me decís de aquellos acontecimientos que invaden nuestros medios a diario? ¿De la caza de brujas y de todas las cabezas que quieren ver en piquetas? De nuevo, existen tantos casos como uno quiera encontrar, es más, si nos ponemos quisquillosos, los podemos encontrar en ambos bandos del espectro político; aquí nadie se salva. Sin embargo, como ya he mencionado, prefiero no enumerar todos los sucesos porque no me gusta explicar aquello que el lector puede ver con sus propios ojos si saca la cabeza por la ventana.

Para ir terminando, quiero aclarar que nunca he sido muy fan de abrazar causas, mucho menos si vienen empaquetadas con cánticos, enemigos y consignas, pero ya sea por mi carácter, más bien “tibio”, o porque siempre me he sentido identificado con ese colectivo más descatalogado de todos, los marginados, tengo la necesidad de señalar las grietas del muro que se está desmoronando; siempre me interesó mirar allí donde señalaba el dedo de las masas y observar cómo convertían en monstruos a aquellos que no querían.

En definitiva, no estoy diciendo nada que no sepamos ya, y esto puede empezar a convertirse en una marca personal. Ahora bien, más allá de subrayar que no me gustan las muchedumbres o los actos que son capaces de llevar a cabo algunos en nombre de la ignorancia y la falta de sentido común, conviene recordar que los linchamientos son, en última instancia, una apuesta a todo o nada contra la libertad. En pocas palabras, solo buscaba una excusa que me sirviera para decir dos cosas aparentemente incompatibles: lo guapa que es Emma Watson y que Alan Menken es uno de los mejores compositores que existen hoy en día. La tercera, quizá la más importante, es cuando un pueblo empieza a cantar al unísono contra un monstruo, conviene detenerse a mirar quién lleva los colmillos antes de unirse al cántico.

3 comentarios sobre “EL CANTO DE LA MASA

  1. excelente José, como siempre, me encanta lo contado entre hilos, estoy totalmente de acuerdo Contigo, estamos en tiempos muy oscuros, un saludo de tú fiel seguidor el Guardia.

  2. excelente José, sobretodo me quedo con lo dicho entre hilos, estoy contigo, estamos en tiempos oscuros, pero siempre nos quedará El Cine. Un saludo de tú amigo El Guardia.

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