Mañana, después de mucho tiempo, volveremos a Eternia. Sí, habéis leído bien: ¡Eternia!
Por fin se estrena en cines la nueva película de He-Man y los Masters del Universo.
Muchos de los niños y niñas que acompañamos al príncipe Adam en sus aventuras, contamos ya con unas cuantas décadas a nuestras espaldas y más de una cana. Pero hay algo que no nos falta: ilusión por no olvidar aquellos niños que fuimos. Somos unos nostálgicos.
Algunas personas seguramente puedan decir:
– ¡Sois unos inmaduros!
– ¿Qué es eso de Eternia?
– Seguro que seguís llevando camisetas “frikis” y coleccionando “muñequitos”…
¡Habéis dado en el clavo! Somos de esa gente y a mucha honra.
(Si ni os suena de lo que estamos hablando, podéis dejar de leer aquí, porque este artículo no es para vosotros). (Si sois de los que pensáis lo que acabo de decir, podéis seguir para descubrir que vuestra vida es tristísima).
He-Man y los Masters del Universo, Las tortugas ninja, Star Wars, las videoconsolas, los videoclubes, los juguetes de acción de nuestras series y películas favoritas… todo ello marcó nuestra infancia y juventud. La lista es casi interminable.

Fuimos esa generación que nacimos sin internet, ni móviles y con una televisión muy limitada. Si queríamos una novedad, había que ir al videoclub de barrio o un poco más avanzados los años, a un “Blockbuster” (para los niños de la época y los no tan niños, aquello era el paraíso) o al cine, por supuesto. Y por supuesto, solíamos grabar en VHS las películas que iban poniendo en la tele. ¿Quién no recuerda poner esas pegatinas que venían dentro de las cajas de las cintas para decorarlas?
Volviendo al tema, para mí, la serie animada de He-Man y las figuras de acción de Mattel en las que se basó, eran el mundo entero. Veía las cintas de VHS en mi casa, jugaba con las figuras e imaginaba que mi pastor alemán era el mismísimo “Batlle Cat”. Incluso vimos al mismísimo Ivan Drago (Dolph Lundgren) hacer de He-Man. Así éramos hace casi cuarenta años (hablo por mí, claro).

Solamente recordar todo esto, te hace cambiar el chip. Te hace feliz un rato. No es poca cosa, ojo. Esta es la magia y el poder de la nostalgia que sentimos toda una generación (o dos) por aquella época.
Una época en que las tardes de verano y el calor insoportable, se lidiaban con helados y piscina o con sesiones de videoconsola o películas junto a tus amigos y algún ventilador ruidoso.
Los Masters del Universo, por tanto, no significan únicamente un recuerdo de una época pasada, sino el recuerdo de una forma de pensar, de sentir y de haber sido criados. Una pasión inexplicablemente fuerte por lo mágico, por los mundos imposibles y lejanos y por las aventuras más peligrosas. Ya os digo que esta pasión no desaparece por mucho que pasen los años. Pero también un billete directo a tú familia, a tú casa y a las personas que quizás, ya no están contigo.
En definitiva, seguro que hay una explicación científica para ello, no me cabe duda, pero tampoco me cabe duda de que tiene mucho que ver con todo el contexto histórico-cultural en el que nos tuvimos que mover: sociedades que empezaban a estabilizarse y avanzar hacía el futuro a pasos agigantados. Revolución tecnológica y social, todo ello batiéndose a la vez y mezclándose, apartando ese poso del pasado que tanto había costado desechar.
Un nuevo horizonte lleno de ilusiones, en el que He-Man fue un adalid para todos nosotros.

Hoy en día, aunque se han ido haciendo cosas sobre esta franquicia, diría que no ha tenido ni por asomo el impacto que tuvo en su momento.
¿Cuántas veces habéis gritado “por el poder de Grayskull, ¡yo tengo el podeeeeeer!? Unas cuantas. ¿eh?

En la actualidad, diría que los niños y niñas ni lo conocen. Demasiada oferta en la multitud de plataformas existentes. Lo dicho, fue el lugar adecuado y la combinación perfecta.
Por eso y después de tanto tiempo, toda esta generación de la que os hablo, vamos a poder volver a disfrutar de Adam, Duncan, Skeletor, Evil-Lyn y toda la “crew” al completo (¡espero!) y poder seguir siendo esos niños que nunca hemos dejado de ser y poder seguir soñando dentro de este mundo tan poco amable para la ilusiones y los sueños.
La verdad, deseo que sea inolvidable. Y sí, soy un nostálgico.
Que ganas de gritar: ¡POR EL PODER DE GRAYSKULL, YO TENGO EL PODEEEEER!
¿Y vosotros?
Este cóctel os lo ha servido desde esa bonita nostalgia, José V.M. desde La Parada de los Sueños.
