Una noticia científica de impacto internacional ha copado en las últimas semanas los titulares en los medios de comunicación. La Paleontología está de enhorabuena y es que ya tenemos una nueva especie de un dinosaurio que ha sido recreada en múltiples ocasiones en películas o libros. Sin ir más lejos en la última cinta de Jurassic Park, Rebirth. Haciendo un pequeño apunte, he de decir que las últimas películas de la saga ya no significan lo mismo para mí que las primeras, cuando era pequeña y soñaba con ser paleontóloga o arqueóloga. A veces pienso que se estiran demasiado algunos títulos y hay que saber parar o darles un nuevo enfoque, pero bueno, haberla visto con mi hijo es lo verdaderamente importante. En una escena de tensión un tanto angustiosa y después de un encontronazo con un Mosasaurio y haberse quedado varados en la arena, varios de estos «amiguitos espinosos» que se escondían bajo el agua, hacen muy difícil el desembarco de los protagonistas humanos en la playa de la isla donde sobreviven los dinosaurios: la île Saint-Hubert o Sitio C (nueva localización dentro del universo Jurassic Park).
Pero ¿qué caracteriza a esta especie? Su denominación proviene del latín Spina que significa espina (lagarto con espina es el significado del nombre completo) y hace referencia a uno de sus atributos más llamativos. Se trata de un tipo de dinosaurio terópodo (del suborden Theropoda, con huesos huecos y extremidades con tres dedos), con hocico alargado y dientes cónicos. Estas adaptaciones les permitían capturar peces, aunque también podían cazar presas terrestres, como otros pequeños dinosaurios. De hecho con este nuevo hallazgo parece confirmarse que no circulaban por medios exclusivamente acuáticos, como se había dicho tradicionalmente. Su rasgo más distintivo es una especie de “vela” dorsal, cuya función aún se debate, pero podría estar relacionada con exhibición sexual o algún tipo de termorregulación.
Los Spinosaurus vivieron durante el Cretácico Superior, hace aproximadamente entre 112 y 93 millones de años. Compartían territorio con algunos dinosaurios depredadores, similares al T-Rex o herbívoros como el Ouranosaurio. El Mosasaurio también nadaba por las aguas más profundas por aquel entonces.
Fósiles de espinosaurios se han hallado en África, Europa y Sudamérica, lo que demuestra que este grupo tuvo una amplia distribución durante el Cretácico. Su combinación de características acuáticas y terrestres los convierte en uno de los dinosaurios más singulares y estudiados por la paleontología moderna. Así que este descubrimiento ha sido un hito importantísimo.

Esta nueva especie, que ha sido bautizada como Spinosaurus mirabilis (palabra procedente del latín que significa «milagro», aludiendo a su importancia) fue encontrada en sedimentos fluviales del Sáhara, en Níger, y alcanza hasta 13 metros de longitud. Vamos, que sería más o menos como un autobús escolar o una pequeña casa. Me gustaría cruzármelo, aunque, eso sí, mejor de lejos. Los fósiles recuperados muestran detalles inéditos de su esqueleto y de su cráneo, incluyendo una cresta de formas singulares que podría haber servido en la comunicación, identificación de individuos o en el cortejo. En algunos artículos se menciona la posibilidad de que esta cresta tuviese colores muy vivos, basándose en la comparación con algunos animales modernos. Es casi imposible saberlo, pero podemos imaginarlo.
Este hallazgo además desafía la idea de que los espinosaurios eran completamente acuáticos, sugiriendo que su vida se desarrollaba tanto en ríos y otros ambientes acuáticos como en tierra firme.

Entre los investigadores internacionales ha participado un especialista de la Universidad de Málaga, Alejandro Granados, cuya labor se centró en el análisis de los fósiles y en la reconstrucción evolutiva del grupo. La colaboración española ha sido clave para interpretar la anatomía del nuevo espinosaurio y situarlo dentro de la familia de los espinosáuridos, consolidando la participación de la ciencia española en descubrimientos paleontológicos de relevancia mundial. La Universidad de Málaga cuenta con un fantástico departamento de paleontología de vertebrados y tafonomía, con investigadoras e investigadores en la primera línea científica internacional (yo he trabajado mano a mano con algunos, os aseguro que son «top»).
Este descubrimiento «mirabilis» no solo enriquece el conocimiento sobre los espinosaurios, sino que también ofrece pistas sobre los ecosistemas del Cretácico en África, mostrando un mundo de ríos, lagunas y zonas costeras, con un clima cálido y húmedo. La flora se caracterizaba por bosques de coníferas y grandes helechos y allí coexistían grandes depredadores, dinosaurios herbívoros, pequeños mamíferos nocturnos, principalmente insectívoros y pequeños roedores y también una variada fauna acuática y voladora.
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Un artículo de @letiberebel
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