¿SAPERE AUDE O MINORÍA DE EDAD?

Por desgracia lo que se está imponiendo es la segunda parte del título en forma de pregunta que he perpetrado para este artículo. Cuando escribía su breve texto “Respuesta a la pregunta ¿qué es ilustración?” (Filosofía de la Historia, 1784) Kant definía a esta última como la salida del ser humano de su culpable minoría de edad («culpable incapacidad», nos dice textualmente el pensador de Könnisberg; cito: «¡Sapere aude! ¡Ten el valor de servirte de tu propia razón!». Y ahora, después de haber recurrido a Kant, te saludo: Hola, estamos aquí reunidas, reunidos, para ocuparnos nuevamente (aunque en otro sentido) del problema de lo irracional como ya hicimos en alguna otra ocasión.

Dicho lo anterior a modo de introducción voy a dar un salto hasta lo que sería el final de una convocatoria de asamblea (una reunión de vecinos, por ejemplo…) para llegar  directamente al apartado “ruegos y preguntas”, concreta y precisamente al de ruegos:  Por favor, te lo ruego,  no aplaudas con las orejas cuando una señora sin talento pero con maldad por arrobas asegure que «El Lehendakari me ha amenazado con el pim-pam-pum». No aplaudas con las orejas cuando quienes te quieren salvar a costa de infantilizarte obedezcan a un socio que (dicen) no tiene ideología y promulguen una ley donde se te informa de que, si decides interrumpir tu embarazo, caerá sobre ti el “síndrome post-aborto” y una amenaza de avalancha demoníaca en forma de alcoholismo, anorexia, bulimia con un largo etcétera de maldiciones penderá sobre tu cabeza, cual espada de Damocles, arrasando tu vida a poco que te descuides (incluso podrías suicidarte, aseguran).

No aplaudas con las orejas (¡te lo ruego!) y atrévete a saber, a poner en cuarentena las falacias, las absurdeces, lo que carece de bases científicas, la desinformación, la insidia, la calumnia… Porque en realidad casi todo es fácil de contrastar, casi nada escapa a un análisis riguroso empírico-racional cuyo ejercicio está al alcance de cualquiera. No es difícil, si tenemos voluntad, actuar como personas sensatas, responsables y selectivas ante los grandes chorros (y chorreos) de información que nos llegan desde fuentes contaminadas por el recurso permanente al bulo y a la difamación, por la miseria moral, por el virus del autoritarismo, por el dogmatismo religioso más retrógrado, por el terraplanismo más cerril.

No aplaudas con las orejas cuando un botarate asegure que el paracetamol está detrás de muchos casos de autismo, que la violencia de género no existe. Te voy a contar algo de lo que fui testigo hace ya algún tiempo: Durante una conversación entre mayores (mis mayores, para ser  más precisos, hombres si afinamos todavía más) surgió una pregunta

que alguien formuló más o menos con el formato «¿Vosotros le pegáis a la parienta?». Uno de los contertulios contestó que él le pegaba «lo normal» y contó con el asentimiento de un tercero; cuando el interrogador usó su turno de respuesta dijo que sí, que él también “lo normal” es decir, «nunca». No creo que deba explicar el sentido de este viejo hecho (quizá no tan viejo) convertido en parábola, ¿verdad que no…?

No aplaudas con las orejas cuando alguien pretenda hacer pasar un genocidio por un ajuste de cuentas contra el terrorismo.

No permitas que alguien te robe la mala hostia y la convierta en arma arrojadiza contra quienes son más vulnerables que tú, haciéndolos pasar por tus enemigos: quien así actúa te está engañando, te está manipulando, te está mintiendo, está jugando con esa minoría de edad que tienes pero que no te correspondería tener.

Te lo ruego: atrévete a saber, atrévete a no necesitar un pastor, a no ser un borrego rabioso. Atrévete a darle la espalda (pero sin perderlo de vista) a quien pretende hacerte retroceder hasta los tiempos del NODO.

Ya, ya sé que el artículo resulta un tanto panfletario; pero es que el tiempo apremia y es urgente que despertemos. Ojalá pudiera ser más “académico” y me fuera concedido el lujo de escribir como hacía antes, filosofar y compartir las grandes preguntas en este espacio también compartido. Ojalá no fuera tiempo de arengas, de jugar a Pepito-Grillo, de apelar a la razón con el corazón. Por desgracia las cosas están como están, por desgracia las fuerzas oscuras que anhelan encerrarnos en un estado de minoría de edad permanente están adquiriendo más y más poder, a menudo con nuestro beneplácito… ¿Pero sabes una cosa? ¡Tú eliges! (todavía.)

TXESKO.C

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