Hay lugares mágicos, lugares que conservan en el aire las voces y el recuerdo de mitos y leyendas antiguas. Culturas magníficas que ejercerían su influencia en la sociedad, el arte, la religión o la política de pueblos posteriores. Y es que todo se relaciona siempre, porque la historia de la humanidad es una historia de viajes, de aprendizaje, de sincretismo, de orígenes entremezclados, de migraciones e intercambio de conocimientos.
Hay algunas cosas que recuerdo con gran emoción de la época en la que estudiaba la Licenciatura de Historia en la Universidad de Oviedo. Amaba las culturas clásicas y las primeras civilizaciones de Oriente, de las cuales también beben las primeras. Una de estas grandes culturas, que llamó poderosamente mi atención, fue la cultura minoica, la cual evolucionó en la Isla de Creta, una de las más espectaculares civilizaciones de la Edad del Bronce y cuna de las culturas mediterráneas. De ella beben los mitos y leyendas de la Grecia Clásica (que posteriormente hizo suyos Roma) así como el primer alfabeto mediterráneo traducido, precursor del futuro griego: el Lineal B, empleado por cretenses y micénicos. Parece que este surge a partir del Lineal A, solo recuperado en las inscripciones del denominado Disco de Festos, aún sin descifrar (y a veces con serias dudas sobre su autenticidad).

En esta isla floreció un pueblo que levantaba palacios magnificentes, monumentales, ciclópeos y ostentosos, símbolo del poder de la isla en aquel entonces y del dominio de buena parte del Mediterráneo con sus hombres, sus mujeres y sus barcos.
Llevaba un año planeando este viaje con mi familia. Quería enseñarle a mi hijo algo que a mí me erizaba el vello. Me apasionan los orígenes, los orígenes de todo y Creta habla de los nuestros, al menos de la influencia ejercida sobre otros pueblos del Mediterráneo durante la Edad del Bronce y que ha perdurado siglos. En el avión imaginaba como serían los palacios cretenses, las cerámicas y los ídolos orantes, los toros y la orfebrería minoica, pero sobre todo había algo que sabía que sería especial. Ella, la carismática, la bella estatuilla cerámica de la Diosa de las Serpientes que está en todos los libros de texto, la más bella de las encontradas en el palacio de Cnossos. El museo arqueológico de Heraklion es el más espectacular que he visto hasta el momento por el increíble valor de sus piezas, su conservación y su significado. Es magnífico.Y allí estaba, presidiendo una de las salas, ataviada con una falda larga con volantes y policromada, con un corpiño que deja ver sus senos, convertida en símbolo de fertilidad. En cada mano alzada sobre sus hombros, una serpiente. El cabello largo y rizado, tan cretense y tocado coronado por un felino. Su figura se basa en el concepto de la Gran Madre, común a varios pueblos durante siglos y que denota también la influencia de Oriente en las creencias de los minoicos. Ella representa la Naturaleza, el principio y el fin, la fertilidad, el alimento y el hogar. La mujer, su importancia como creadora, como dadora de vida, de toda la vida. Tan bella… tanto que por primera vez saltaron mis lágrimas en un museo. Y he visto unos cuantos.
Di la vuelta varias veces desde los siguientes pasillos tan solo para quedarme inmóvil frente a ella una última vez….

Pero todo era espectacular: cientos y cientos de cerámicas policromadas de tipologías y usos tan diversos que es difícil describirlos todos. Motivos esquemáticos, vegetales, animales y marinos: pulpos, delfines, flores y plantas… Belleza en estado puro. Estatuillas de arcilla representando bóvidos (venerados en Creta…recordemos la leyenda del Minotauro y las celebraciones en las que se empleaban estos animales) y cabezas de toro genialmente esculpidas en piedra, casi reales, que habrían coronado la entrada monumental a los palacios cretenses. Bañeras ceremoniales, sepulcros, grandes tinajas de almacenamiento (pithoi) de la «Triada Mediterránea»: cereal, vid y olivo (yo añadiría también la miel, ya que algunos objetos muy especiales incluyen figuras de abejas, entre ellos un precioso colgante de oro, finalmente labrado, con la figura de dos abejas antepuestas, magnífico ejemplo de la orfebrería cretense).
Creta es tierra de mitología griega. Da la sensación de que cada lugar de la isla habla de tiempos antiguos y leyendas. Es pura magia. El laberinto del Minotauro es quizás la leyenda asociada a Creta que más recordamos. Construido por Dédalo en Cnossos para el Rey Minos, allí se escondía el Minotauro, al cual debían entregar cada año varios jóvenes atenienses para alimentarlo. Se trataba de un tributo como venganza por la muerte de Andrógeno, hijo del Rey, a manos de Atenas. La importancia de Creta y su influencia sobre otros pueblos del Mediterráneo se deja entrever en la leyenda de Teseo y Ariadna. Ariadna, hija de Minos, se enamora de Teseo, quien había acudido a Creta con el verdadero objetivo de acabar con la vida del Minotauro y con las ofrendas obligadas de jóvenes atenienses como tributo a Minos. La joven princesa se enamora al instante y le ofrece un ovillo de hilo que le permita recorrer el correcto camino de vuelta a través del laberinto, una vez sesgada la vida de la horripilante criatura.

Teseo y Ariadna huyen juntos de Creta y se esconden en la isla de DIA (que significa Zeus en griego). Esta pequeña isla se localiza frente a las costas de Heraklion, capital cretense. Cuenta la leyenda que Zeus se vió amenazado por un gran monstruo marino y que este lo convirtió en roca, dando lugar a la isla.
Dédalo, arquitecto real ateniense, es expulsado de la corte por asesinar a su joven sobrino por envidia. En su exilio llega a Creta y se convierte en el mejor arquitecto del Rey Minos, construyendo para él el famoso laberinto. Sin embargo es acusado de favorecer la escapada de Teseo y Ariadna y encerrado en el propio laberinto junto a su hijo Dédalo. Su ingenio le llevó a fabricar unas alas de plumas y cañas unidas por cera que permitirían que Ícaro y él mismo pudieran escapar. Pero antes de hacerlo, Dédalo advirtió a su hijo de que no se elevase demasiado al volar, ya que la cera podría derretirse y eso sería una fatalidad. Una vez en el aire, Ícaro desoyó los consejos y obnubilado subió tan alto que los rayos del sol derritieron la cera y cayó sin remedio, muriendo al instante.
Pocos son los complejos cársticos que se encuentran en la isla, pero todos ellos guardan historias. Existen dos cuevas denominadas «Cuevas de Zeus». En una de ellas, dice la leyenda, la Titana Rea dió a luz a Zeus y era allí mismo a donde Minos acudía para pedirle a este consejo, no en vano era hijo del propio Zeus y Europa, a la que este raptó y llevó a Creta en su lomo, convertido en un toro blanco. En la otra cavidad Rea escondió a su hijo de las manos del Titán Cronos, su esposo y padre de Zeus que, temeroso de la profecía que atribuía su muerte a uno de sus hijos, decidió comérselos a todos (recordad el famoso cuadro de Goya: «Saturno devorando a sus hijos». Cronos es Saturno en la mitología romana). Gracias a Rea, Zeus sobrevive y crece en Creta bajo el cuidado de la cabra Amaltea. Una vez adulto y mediante una poción, libera de las entrañas de Cronos a sus hermanos y hermanas. Lo que vino después fue una guerra de proporciones épicas entre Titanes y Dioses, la Titanomaquia, que acabó con la victoria de los primeros y el destierro de los segundos en el horrible Tártaro.
La capital de Creta cuenta con un nombre muy significativo: Heraklion. Y es que el héroe Heracles también se encuentra muy relacionado con la isla.
El Dios de los mares, Poseidón, envió un hermoso toro al rey Minos de Creta para ser sacrificado en su nombre. Pero Minos, embelesado por su belleza, lo añadió a sus rebaños en lugar de sacrificarlo. Como castigo, Poseidón volvió al toro salvaje, lo que provocó terribles consecuencias. Además, Poseidón influyó en la reina Pasífae para que se enamorara del animal, concibiendo esta al famoso Minotauro.

El héroe Heracles acudió a Creta para acabar con el animal como uno de sus Doce Trabajos. Fue Euristeo quién le ordenó capturar al toro y llevarlo a Micenas. Tras pedir permiso al Rey Minos para atraparlo y concediéndoselo este, dada la destrucción que estaba causando en la isla, el héroe subió a lomos del animal y lo sometió, pero no lo mató. Una vez en Micenas, Heracles liberó al toro quien huyó causando destrozos por numerosas ciudades hasta que, finalmente, fue asesinado por Teseo en Maratón.
Como veis, algunas de las más importantes leyendas griegas se desarrollan en Creta, ejemplo de la importancia de la isla en el posterior desarrollo de la cultura helenística.
Según recogen los antiguos historiadores griegos, Cnossos era el palacio del Rey Minos, sin embargo no existe constancia alguna de que esto fuese así ya que no existen testimonios escritos de la época que lo corroboren. Tampoco que los palacios de Festos y Aggia Triada fuesen propiedad del hermano de Minos, Radamantis. No conocemos demasiado sobre las características políticas de la sociedad cretense pero sí sobre su poderío marítimo y comercial.
Desentrañar quiénes fueron los reyes de Creta y si estos dominaban territorios es un objetivo fundamental por parte de los arqueólogos, al igual que la traducción del Lineal A. Descifrar cuánto tienen de realidad las leyendas y mitos griegos en relación a Creta supone un reto emocionante de realizar.
Creta cuenta también con un pasado helenístico, romano, bizantino y otomano y ello se refleja en su arte, en su gastronomía y en la propia configuración de pueblos y ciudades, plagadas de historia. Una historia increíble de relaciones entre pueblos y de mezcla de culturas. Los y las cretenses son abiertos, amables y hospitalarios. Y yo no dejaré de volver a la isla, Creta me ha dejado huella.
Artículo y fotos de @letiberebel