RELEVANCIA DE LO IRRACIONAL

El éxito de la extrema derecha se nutre de la irracionalidad; de hecho se maneja en dicho contexto como pez en el agua. Pues bien: el ser humano es constitutivamente irracional (obvio y manifiesto en las redes sociales) y mientras la izquierda no lo tenga en cuenta, los Mileis, Bolsonaros, Orbanes, Pútines, Trumpies, Netahyahus, Jameneis, Melonis, Erdoganes y Abascales siempre encontrarán caminos hacia el poder. En serio, NECESITAMOS entender lo irracional, parafraseando a Unamuno: «con la carne y con los huesos, con el alma toda y con todo el cuerpo». Veamos pues las principales manifestaciones del irracionalismo durante los últimos ocho siglos y seamos conscientes de su importancia, es decir: conozcamos para entender pues, aunque sea paradójico, lo IRRACIONAL tiene RAZÓN DE SER; seamos conscientes de su importancia.

– Fe e irracionalidad: Guillermo de Okham, Lutero, Pascal y Kierkegaard

Frente a la síntesis tomista razón-fe Guillermo de Okham postula que hay que creer únicamente porquetras la Revelación está Dios y la razón nada tiene que decir (fideísmo: fundamentar la religión solo en la fe). Okham abre la puerta tanto a las posturas fideístas de la Reforma, como al agnosticismo y ateísmo incubados con el Renacimiento.

Lutero radicaliza la oposición entre razón y fe. Si fray Guillermo no rechazaba filosofar, el germano ve a la razón como enemiga de la fe, pues la primera es soberbia, pretende ser autosuficiente y la fe comporta el abandono confiado en el Creador. La base de esta postura (inspirada en Agustín) es simple: el Pecado Original corrompió nuestra naturaleza hasta el punto de que inteligencia y voluntad son incapaces “per se” de conocer la verdad, incapacidad solo superable mediante la Gracia Divina. Esta opción por la fe incluye una consecuencia moral: frente al catolicismo, donde las obras coadyudan a la Salvación, solo la fe salva (no hay obra lo bastante buena como para merecer ser salvado). La respuesta católica “oficial”  fue la Contrarreforma, que insistirá en el valor de la razón como apoyo de la teología natural. Esta divergencia será ya permanente.

Pascal por su parte quiso hacer un tratado apologético sobre el cristianismo que esbozó en sus “Pensamientos”. Ahí exhorta a no dejarse llevar únicamente por el “espíritu geométrico” y cartesiano (donde hasta Dios sería prescindible) y abrazar al “espíritu de fineza” desde la intuición y el sentimiento (así,«el corazón tiene razones que la razón desconoce» o también el argumento de la famosa “apuesta pascaliana” por Dios.)

 Kierkegard, frente a Kant (y en otro sentido también contra Hegel) separa de nuevo fe y razón. En Temor y temblor parte de Abraham, a quien Dios manda quebrar la ley moral por la fe; la religión se impone pues a la moral racional, algo impensable en el sistema kantiano, donde los mandatos divinos se identifican con la conciencia del deber (para Kant la voz de ese pasaje del Génesis no sería la de Dios). Kierkegaard plantea una dicotomía insoslayable Dios/moral racional. Elegir la religión comporta una relación privada con Dios angustiosa, pues supone suspender la moral y porque la fe es contradictoria (podemos pedir fe a Dios, pero para orar hay que poseerla; Cristo muere como hombre siendo Dios, etc.). Ese contraste fe/razón denota irracionalidad en la fe.

– La crítica moderna a la razón desde el vitalismo y el protoexistencialismo

La razón del IDEALISMO había llegado a tal grado de abstración que al final no podía dar cuenta de los problemas concretos del individuo. Una reacción contra esto estuvo en el VITALISMO, que tomó la “individualidad” como verdad inmediata. Pero no solo se opone al idealismo (porque el centro de la realidad ya no va a ser la razón, sino la vida) sino también al realismo (pues niega que la vida pueda ser entendida como una sustancia o como algo objetivable) En términos generales, para el VITALISMO  la esencia de lo real es la vida y esta no puede ser reducida a lo material porque es algo más que un fenómeno biológico. La vida no es aprehensible mediante categorías racionales.

Nietzsche, máximo crítico de la objetividad de la razón y del conocimiento y gran apologeta del irracionalismo, usó el aforismo para expresarse. Sostuvo que no existe correspondencia razón/realidad; el conocimiento no es la adecuación de la una a la otra porque no hay ningún sistema estructurado para dar cuenta de lo intrínsecamente caótico, desordenado; tampoco hay sustancias, esencias, ni siquiera propiamente objetos: la consistencia que les atribuimos no es una propiedad de suyo sino una hipóstasis mental. Por eso considera que el concepto (el universal) no representa la realidad; es más: los universales no existen porque una misma palabra no puede ser utilizada para referirse a dos realidades estrictamente individuales y en constante devenir; el aforismo y la metáfora son mejores para referenciar lo real. Así, Nietzsche se considera libre del conceptualismo y del método filosófico que exigen una utilización rigurosa de los conceptos.

La filosofía de Unamuno se contiene sobre todo en Vida de Don Quijote y Sancho (1905) Del sentimiento trágico de la vida (1913) y en La agonía del cristianismo (1925).  En estas obras el bilbaíno se muestra interesado no en especulaciones sino en el hombre concreto, definido por el anhelo de eternidad y por la angustia que le sobreviene a la hora de intentar manipular racionalmente esa eternidad de la que no puede tener certeza. En esto está muy influenciado por el “protoexistencialismo” de Kierkegaard y por la teología protestante liberal. Unamuno prefiere la fe voluntarista, sustentada en el sentimiento, a la racional (de ahí su paráfrasis a “La fe es CREER lo que no vemos” con «La fe es CREAR lo que no vemos»).  Además la ve encarnada precisamente en don Quijote, cuya vida cree que ejemplifica como nadie la lucha por la inmortalidad desde la fe.

– ¿Irracionalidad en la ciencia?

En los 70 del pasado siglo un “giro historicista” obligó a modificar la imagen de la ciencia ofrecida por la “Concepción Heredada”. Su autor más representativo fue Thomas S. Kuhn (La estructura de las revoluciones científicas, 1962). Para él la ciencia  no es aséptica respecto de la cultura en la que se desarrolla: ambas constituyen un sistema; en su formación intervendrían elementos etiquetables como “irracionales” (lo sociológico, lo psicológico…) imposibles de obviar y sin los cuales el conocimiento científico sería ininteligible. Pero será Paul Feyerabend quien llevará este nuevo sesgo hasta su límite buscando explicitar todos los elementos irracionales inmersos en la praxis científica. En su obra Contra el método (1974) expone su teoría del “anarquismo epistemológico” según la cual en la ciencia hay una irracionalidad de base y no puede reducirse a un simple conjunto de conclusiones derivadas de un método rígido. Postular un método rígido para la ciencia es ingenuo respecto a la realidad del hombre y la sociedad e incompatible con su propia historia: los métodos rígidos han sido violados a menudo y en determinados momentos ha venido bien ignorarlos adoptando otros distintos. Así, la ciencia surge de la pluralidad metodológica (“anarquía”); pero esto no es una propuesta epistemológica alternativa para la ciencia sino una mera descripción de ella; y su estudio requiere un enfoque histórico para elucidar su enorme riqueza. Propone actuar contrainductivamente, mediante hipótesis incompatibles con las teorías establecidas,  por dos motivos: permitir que afloren hechos fundamentales por su potencial refutador de las teorías vigentes (que de otro modo permanecerían ocultos) e impedir que las teorías imperantes desborden sus límites para cristalizar en rígidas ideologías, lo cual ha de ser evitado a toda costa. Feyerabend sostiene que no son los hechos los que configuran las teorías, sino más bien al contrario.  Por eso, un científico responsable debe contrastar su teoría no solo con los hechos: también con otras teorías. Esto lleva a negar la diferenciación entre contexto de descubrimiento y de justificación: no se puede separar la ciencia de su historia y de su filosofía ni se puede idealizar la praxis científica afirmando que consta de dos fases reales concatenadas (proponer hipótesis y luego justificarlas). Debemos añadir que las tesis de Feyerabend, acaso extremas, son más discutidas y menos aceptadas que las de Khun.

– Irracionalidad y posmodernidad

La Modernidad inició su andadura racionalizando la existencia hasta el punto de hacer de la razón una diosa; y aunque hubo disidentes (Goya advirtió que «el sueño de la razón produce monstruos», capricho nº43) fueron minoritarios. Ciertamente la Modernidad iría luego corrigiendo la confianza ingenua y absoluta en la razón, de ahí las críticas de los que Rorty llamará “maestros de la sospecha”: Nietzsche, Marx, Freud. Pero estos filósofos (salvo Nietzsche) seguían creyendo en las posibilidades de la razón y precisamente por ello querían librarla de elementos perturbadores. Sin embargo en la Posmodernidad se colocó el sentimiento por encima de la razón. Hay tantas miserias en la razón que se desconfía de ella en favor de la sensibilidad y la subjetividad. Así lo argumenta Milan Kundera (gran exponente de la Posmodernidad en literatura): «Pienso, luego existo es el comentario de un intelectual que subestima el dolor de muelas. Siento, luego existo es una verdad con una validez mucho más general». Este repudio a la razón es especialmente intenso hacia sus frutos más potentes: las grandes teorías y sistemas. Para la posmodernidad el sujeto (finito y condicionado) no puede establecer lo absoluto e incondicionado. Los posmodernos intentan neutralizar los discursos de la Modernidad manteniéndose indiferentes ante ellos (restando seriedad a la razón) o refutándolos mediante la “deconstrucción” (Derrida) que es la expresión metodológica de la creencia posmoderna de que todo discurso que fija verdades es inconsistente. Además rechazan las opiniones “fuertes” porque estéticamente son “de mal gusto”.

– Algunas conclusiones

Hedonismo egoísta, rechazo a la diversidad, ley del más fuerte, dogmatismo, servilismo, avaricia, codicia, negacionismo, supremacismo, mesianismo, representan el punto de partida global-irracional para la extrema derecha. Y la clave de su éxito consiste en revestir todo ello con un barniz de racionalidad, a menudo tan simplista como pueril, mediante una sistemática perversión del lenguaje, desinformando (bulos) o apelando a la posverdad para usurpar el relato; y lo hace tan bien que es capaz de activar los mecanismos que convierten “eso-irracional” en estupidez activa, ya sea en las urnas, asaltando el Capitolio, incitando a apalizar a migrantes y “sin techo” o llamando a la oración en la calle Ferraz «para putodefender España». ¿Qué debe saber la izquierda entonces? Que lo irracional, omnipresente, solo se puede gestionar (y eventualmente conjurar) desde una catarsis de los sentimientos y de las emociones ¿Cómo? Activando en ellos el imperativo categórico de la hermandad en lo humano, es decir: sintiendo y entendiendo que NADA de lo humano nos puede ser ajeno. Pero para que esta estrategia funcione es capital una precomprensión del problema: racionalidad e irracionalidad forman parte de un círculo hermenéutico donde la una es convertible en la otra y donde ambas pueden jugar la baza de la impostura; y esa impostura hay que hacerla transparente.

TXESKO.C

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