Marta y Emilio acaban de comprarse un piso. Ya llevaban un tiempo intentándolo, pero mientras miraban inmobiliarias los alquileres no cesaban de crecer y, tras unos años de búsqueda infructuosa, en los cuales los bancos les denegaban el aval bancario mientras que los invitaban a hipotecarse, cedieron a todos aquellos que decían que alquilar era tirar el dinero.
—¿No somos muy jóvenes para hipotecarnos? —preguntaban.
—Cuanto antes empecéis, antes lo tendréis pagado —les contestaban.
—¿Y si nos quedamos sin trabajo?
—Pues lo vendéis y ya.
—¿Y si el precio del suelo baja?
—Eso es imposible, ¡cómo se nota que no tenéis ni idea!
Avergonzados, agacharon la cabeza y trastabillaron con los pies. Quedaba otra pregunta por hacer.
—¿Y si nos separamos?
—Pues lo vendéis y os repartís los beneficios.
Eran muy jóvenes y aún quedaban dudas, pero el alquiler por el que apostaban ya no era factible y los precios de las viviendas crecían al mismo nivel, hasta que al final decidieron comprar lo único que podían permitirse con unos sueldos normales en 2006: un piso a precio de centro en una barriada problemática de la periferia. Todo de origen, sin ascensor y con cucarachas. El lado bueno: mantener esa vivienda solo supondría uno de los dos sueldos durante los próximos cuarenta años.
Marta y Emilio no contaban con que, en menos de un año, el importe se dispararía. Ya no bastaría un solo sueldo y su única forma de sobrevivir sería tirar siempre de la tarjeta de crédito, la única solución que les daba el banco. En 2010, azotados por la crisis y habiendo perdido ambos sus respectivos empleos, concluyeron que debían vender. Entonces sucedió lo que todo el mundo les dijo que era imposible: los precios iniciaron el descenso (Harvey, 2019).
El 15M llegó poco después, y con él la esperanza de un cambio real. Al ritmo de «¡Sí se puede!» y vestidos con camisetas verdes, descubrieron a otros tantos en su situación que batallaban a su vera. Frenaron desahucios, reclamaron alquileres sociales, daciones y solidaridad urbana. Un momento maravilloso en el que supieron que cientos de personas unidas podían cambiar el mundo, pese a todos aquellos innombrables que acusaban a la ciudadanía de vivir por encima de sus posibilidades.

Veinte años después, Emilio y Marta viven alejados de los núcleos urbanos en un modesto, pero bonito, alquiler. Aunque tras ser padres se les queda pequeño, se resisten a buscar otro sitio, pues desde hace unos años se han mantenido atentos al mercado inmobiliario. Han visto subir los alquileres incluso en las zonas menos accesibles y ven de nuevo a los jóvenes hipotecarse por viviendas que hace pocos años costaban la mitad (Instituto Nacional de Estadística [INE], 2023). Otra vez se oye que «alquilar es tirar el dinero» y los bancos han rescatado las trampas de sus archivadores, con cláusulas abusivas (algunas ahora no escritas), falsificación de documentos y engrosamiento de la deuda.
La historia se repite. La pregunta es: ¿por qué? y, ¿de quién es la culpa?
Un ciclo que nunca se rompe
La experiencia de Marta y Emilio no es única: forma parte de un patrón que se repite una y otra vez en nuestras ciudades. Nos hundimos en las mismas crisis y, una vez superadas, nuestra memoria las olvida y nos acomodamos en el bienestar ocasional, sin recordar que cada ciclo se acompaña de un reinicio.

El capitalismo es como una droga que se disfruta en la subida y nos hace olvidar que, en breve, llegará la resaca: crisis inmobiliarias, desigualdad social, discursos de odio, falta de empleo… Todo va y viene. Y, lo peor, ni siquiera nos tomamos la molestia de contemplar cada esfera de manera holística, entendiendo que cada una es una pieza de dominó que empuja a las demás: suben los precios, sube el coste de la vida, baja el empleo, crece el odio, aumenta la competencia, las desigualdades sociales se convierten en un problema de Estado.
Estas crisis no son un fallo puntual del sistema: forman parte del capitalismo en sí, porque en los ciclos cada fase se alimenta de la anterior (Harvey, 2019). Por ello, hoy solo quiero centrarme en una de estas esferas, la inherente a la calidad de vida: la vivienda.
La ciudad como obra colectiva
La Constitución establece el derecho a la vivienda y, siendo justos, el sentido común también debería respaldarlo. Un bien de primera necesidad jamás debería ser objeto de mercado (aunque sin duda lo es). La ciudad, compuesta por las viviendas que la integran, es una gran obra en la que se proyectan todas las capas sociales que la forman.
Tiene una dimensión simbólica (monumentos, vacíos, plazas, avenidas), una paradigmática (oposiciones: dentro y fuera, centro y periferia, integrado y no integrado) y una sintagmática (unión de elementos, articulación de isotopías y heterotopías), como señala Lefebvre (2017, p. 83).

Una vivienda no es solo un lugar en el que vivir, sino un lugar en el que ser y formar parte de. Sin embargo, desde la simbiosis entre industrialización y capitalismo, la comercialización del suelo se acompaña de una enfermedad: la especulación, pilar de las desigualdades sociales (Lefebvre, 2017).
¿Qué es la gentrificación?
La gentrificación es un fenómeno urbanístico en el que, ya sea por políticas culturales, especulación o turismo, las clases sociales de una zona se ven desplazadas por otras de mayor poder adquisitivo. Ruth Glass acuñó el término en 1964 para describir cómo las zonas obreras de Londres se encarecían y expulsaban a sus habitantes (Glass, 1964). Lefebvre, mucho antes, ya había descrito cómo la burguesía, al apoderarse de las zonas obreras, convertía la ciudad en un producto (Lefebvre, 2017).
Hoy, los tipos de gentrificación son variados y en aumento. Con el auge del teletrabajo, cada vez es más común la llegada de nómadas digitales que han gentrificado lugares como Canarias o zonas de México. En 2022, el Gobierno de Canarias estimó que la llegada de trabajadores remotos aumentó el precio medio del alquiler un 15 % en solo un año en barrios costeros antes asequibles (Gobierno de Canarias, 2022).
La gentrificación turística es otro ejemplo: según un informe del Ayuntamiento de Barcelona, la presencia masiva de viviendas turísticas ha elevado el alquiler en los barrios más afectados hasta un 30 % por encima de la media de la ciudad (Ayuntamiento de Barcelona, 2023).
No obstante, todos los tipos de gentrificación tienen un aliado esencial: la especulación. Sin ella, la gentrificación no sería posible.
El suelo como derecho, no como mercancía
Si los alquileres se gestionaran exclusivamente desde consejos comarcales, sin superar nunca el 40 % del SMI (en casos de familias con varios hijos) y se limitaran las propiedades para evitar la especulación, las crisis inmobiliarias perderían su combustible principal.

No se trata de una utopía aislada: Viena ha mantenido durante décadas más del 60 % de su parque de viviendas en régimen público o cooperativo, con alquileres que no superan un tercio del salario medio, evitando así picos especulativos y garantizando la permanencia de la clase trabajadora en la ciudad (Lefebvre, 2017; Harvey, 2019).
Romper el ciclo
Muchos conocemos esta película. La vivimos en carne propia. Y, sin embargo, seguimos oyendo que «alquilar es tirar el dinero». Quizá el problema no sea solo luchar por una vivienda privada asequible, sino reclamar nuestro derecho a ser y habitar en la ciudad, a no comercializar con nuestro suelo y a pensar en políticas urbanísticas en las que la ciudad sea propiedad social y no un conjunto de parcelas privadas.
En definitiva: no luchar por un parche temporal, sino por romper el ciclo de una vez.
Bibliografía
- Ayuntamiento de Barcelona. (2023). Informe sobre el impacto de la vivienda turística en los precios del alquiler. Recuperado de https://www.barcelona.cat/
- Glass, R. (1964). London: Aspects of Change. London: MacGibbon & Kee.
- Gobierno de Canarias. (2022). Informe sobre el impacto del teletrabajo y los nómadas digitales en el mercado de alquiler. Recuperado de https://www.gobiernodecanarias.org/
- Harvey, D. (2019). Ciudades rebeldes: Del derecho de la ciudad a la revolución urbana. Madrid: Akal.
- Instituto Nacional de Estadística (INE). (2023). Índice de precios de alquiler de vivienda. Recuperado de https://www.ine.es/
- Lefebvre, H. (2017). El derecho a la ciudad. Madrid: Capitán Swing.