La actualidad del Universo observable

El Universo, allí donde nos encontramos nosotras, pequeñas hormigas en un océano inmenso de materia. Es imposible no interesarse por la historia de la Tierra y por como evolucionaron sus seres vivos sin pensar en lo que hay fuera, sin imaginar de qué manera surgió nuestro planeta, la vida y todo lo que le rodea, tanto dentro como fuera de nuestra atmósfera. Estamos en pañales en cuanto a entendimiento del Cosmos, pero es cierto que la ciencia avanza y la Física, la Astrofísica y la Astronomía son ciencias que se encuentran en un momento muy dulce.

En los últimos años han tenido lugar toda una serie de descubrimientos y avances que en un futuro serán considerados como el punto de partida u origen de verdaderos hitos sobre nuestro conocimiento del Universo.

Podemos ver el paisaje de Marte, casi tocarlo. No es como estar allí, pero pensemos que los que estamos vivos somos los primeros seres humanos en echar una ojeada al planeta rojo. ¿No es maravilloso? El ciudadano Musk ha visto lo mismo que tú y que yo, aunque con diferente perspectiva, creo. Me parece que no somos conscientes de lo que estamos viviendo, pero sin duda podríamos decirles a nuestros ancestros: “hemos visto cosas que no creeríais”. La verdad es que permanezco absorta observando esas imágenes emitidas a 225 millones de kilómetros de mi casa. He visto Marte desde mi telescopio: un punto rojo en la noche oscura. Ahora ya puedo saber lo que hay allí. Lo veo, no lo imagino. Son estos los tiempos en los que hemos visto las rocas sedimentarias que testea el Perseverance. Rocas que nos hablan desde lejos, con certeza, sobre un pasado marciano cubierto de mares, océanos y ríos. La Geología nos abre una ventana a miles de millones de años atrás, cuando quizás Marte se parecía mucho a nuestra Tierra. Cinco son los Rover que ha enviado la NASA: Sojourner, Spirit and Opportunity, Curiosity y Perseverance. Este último nos manda las imágenes más nítidas nunca vistas: polvo, piedra, atardeceres bermellón y una Tierra lejana que brilla en el cielo marciano. ¿Verán mis ojos también desde la lejanía al primer hombre o mujer pisar Marte? No quisiera morirme sin verlo.  Es impensable no soñar con ello.

Otro hito excepcional que hemos vivido: la primera imagen de un agujero negro. Esta maravilla galáctica fue captada en 2019 por el Event Horizon Telescope y muestra la sombra de un agujero negro supermasivo situado en el centro de la galaxia Messier 87. Es como un anillo naranja y brillante con un centro circular negro que representa realmente el borde del agujero negro y el material que lo rodea, un halo de polvo y gas situado a más de 500 millones de billones de años luz de la Tierra, “allí donde nunca ha llegado nadie”. Ojalá Arquímedes, Galileo, Copernico o Stephen Hawking lo hubiesen visto.

La imagen del agujero se obtuvo gracias al trabajo de un equipo internacional de científicos, combinando datos de ocho radiotelescopios alrededor del mundo y creando un telescopio virtual del tamaño de la Tierra. La primera fotografía este agujero negro fue posible gracias a una joven experta en ciencias de la computación de 29 años. Su nombre es Katie Bouman. Fue ella quien lideró el desarrollo de un programa informático con el que se obtuvo esta primera foto. Creo que aún no es consciente de lo que ha conseguido. Estará en los libros de historia si la historia no la olvida, como a otras tantas mujeres científicas. Supongamos que los tiempos han cambiado.

Hace ya varias semanas un grupo de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas dio a conocer la existencia de un sistema solar binario de tipo embrionario cerca del agujero negro supermasivo situado en el centro de nuestra galaxia, es decir, un sistema con dos estrellas (estrella binaria SVS 13). No sé si seréis tan frikis de Star Wars como lo soy yo, pero ahora mismo tengo en mente la imagen de un joven Luke Skywalker en el atardecer de Tatooine con dos soles poniéndose al fondo (diversos medios han recogido también esta imagen al dar la noticia). Me recorre un escalofrío pensando que podría ser real. De hecho, según explican los científicos, los sistemas binarios son mucho más habituales de lo que nos pensamos. No son ciencia-ficción.

El trabajo que dio luz a este hallazgo había comenzado ya muchos años antes, en 1996 y es excepcional, ya que arroja luz sobre los sistemas estelares binarios con el estudio más completo llevado a cabo hasta el momento. Aun así, aún se desconoce cómo se forman los planetas en este tipo de sistemas, más aún teniendo en cuenta la presencia de un agujero negro súper masivo, con su tremenda fuerza gravitatoria.

Así que…primeros viajes turísticos espaciales (bueno, de momento un sube y baja que dura 10 minutos, lo suficiente para que los multimillonarios tengan la experiencia más increíble de su vida), primer hotel espacial en unos años, avances en los viajes no tripulados a Marte, telescopios mega potentes recorriendo el espacio y… primera evidencia más o menos sólida de un planeta con indicios de vida.

Cojamos ahora con pinzas está noticia que saltó hace unos días, pero no por ello dejemos de ilusionarnos con la posibilidad de que indique algo excepcional. Científicos de la Universidad de Cambridge, los mismos que meses atrás aseguraban haber localizado un pequeño indicio de la presencia de gases que normalmente son emitidos por organismos biológicos (algas) en un planeta de “una Galaxia muy lejana”, aseguran ahora que tienen pruebas cada vez más claras de vida en K2-18b. Se trataría de un planeta que orbita alrededor de una estrella situada a 120 años luz de la Tierra. Un análisis de la atmósfera de este exoplaneta sugiere la abundancia de una molécula que en la Tierra solo tiene una fuente conocida: las algas marinas.

El investigador principal, Nikku Madhusudhan, se muestra cauto, pero a la vez muy esperanzado ante las pruebas obtenidas gracias al telescopio James Webb. A ver, para entendernos los que somos «dummies» en Astrofísica (aunque nos apasiona): cuando la luz de una estrella pasa a través de la atmósfera de un planeta, los gases pueden absorber o dispersar ciertas longitudes de onda de la luz. Los científicos saben que cada gas tiene una “huella” espectral única, como un color diferente, que se manifiesta como líneas de absorción o emisión en el espectro de la luz. Analizando el espectro de la luz los astrónomos pueden identificar estas “huellas” y así determinar qué gases están presentes en la atmósfera del planeta. Los gases detectados para K2-18b son sulfuro de dimetilo y disulfuro de dimetilo, que en la Tierra son emitidos por organismos vivos como las algas. Para los astrónomos que han llevado a cabo esta investigación la mejor explicación es que K2-18b está cubierto por un océano cálido y lleno de vida.

Pero cuando surgen tales noticias surge también la controversia. Otros científicos de otras universidades y centros de investigación consideran que es demasiado aventurado decir que este planeta puede tener vida. Explican que trata de algo interesante pero que quizás existe emisión de este tipo de gases gracias a otros procesos no necesariamente orgánicos.  Serían resultados muy preliminares, obtenidos por un único grupo de investigación y no contrastados por otros científicos y ello estaría muy lejos de permitir afirmar que se ha encontrado vida. Y ahora viene lo bueno…”es que esta investigación se ha publicado en una revista de poco impacto, The Astrophysical Journal Letters. Si los resultados fuesen sólidos se habría publicado en Science o Nature”. Bueno…prefiero no opinar sobre el tema de las revistas científicas porque daría para un gran artículo en una pequeña revista científica, seguramente.

Independientemente de todo esto, nadie puede negar que algo está a punto de suceder, hay señales. Quizás no sea hoy, ni mañana…recordemos que el tiempo no es nada si pensamos en el Big Bang, pero en algún momento algún humano o humana verá la confirmación de la vida en otro planeta. Ojalá sea este, el que os he explicado, el primer indicio. Eso sí, no esperemos que nuestros amigos extraterrestres nos manden un saludito cariñoso o vengan a vernos en vacaciones. Las posibilidades de que haya vida tampoco son muchísimas, más aún de que esa vida sea inteligente o que hayan desarrollado la tecnología suficiente para comunicarse con nosotros.  Neil Degrasse y sus colegas astrofísicos M. A.Strauss y J.R. Gott en su último libro “Bienvenidos al Universo. Un Breve Paseo por la Astrofísica” recuerdan la famosa ecuación de Drake. Para conocer el número de civilizaciones en la Galaxia (Nc) capaces de establecer contacto con nosotros, Frank Drake introdujo una serie de fracciones dentro de una ecuación, representando cada uno de sus términos una estimación específica basada en los conocimientos astrofísicos del momento: Nc (número de civilizaciones con capacidad para comunicarse en la Galaxia), Ne (número de estrellas de la Galaxia), Fzh (fracción de estrellas adecuadas con un planeta en su zona habitable), Fv (fracción de esos planetas en los que se desarrolla la vida), Fi (fracción de planetas con vida inteligente), Ft (fracción de vida inteligente con tecnología apta para comunicarse a  distancias interestelares), Dt (duración media de esas civilizaciones). Es decir, tendrían que alinearse todos los astros (valga la redundancia) para que se diese el siguiente caso: un sistema solar con una estrella adecuada de larga duración, con un planeta situado en su zona habitable en el cual fuese posible la vida, que esa vida se desarrollase, que esa misma vida se tornase inteligente, que desarrollasen una tecnología de comunicación interestelar y que diésemos con esa civilización en el momento justo en que ellos contaban con la tecnología adecuada antes de extinguirse ¿Fácil?. No lo parece, pero…. el resultado de la ecuación de Drake, basándose en el número probable de galaxias, sistemas solares y planetas que hay en el Universo, es el siguiente: unas 100 civilizaciones con capacidad para comunicarse actualmente en nuestra Galaxia y unas 5000 millones de civilizaciones extragalácticas (ahora ya no parecen tan pocos ¿no? ) lejos, muy lejos. Tan lejos que nunca sabremos que están ahí o, aunque lo sepamos, jamás podremos conocerlos. Pero yo solo necesito una prueba de vida para ser feliz.

Parece que nuestra existencia es un milagro que puede ocurrir en otros sistemas solares (pensemos que hay miles de millones de ellos) pero un milagro de la Ciencia y del Universo. Un hecho que, si sucede, no tiene por qué darse en cada lugar al mismo tiempo. Recordad…el tiempo en el espacio es inconmensurable.

Es posible que muchos muramos antes de ver la noticia del hallazgo de vida en otro planeta. Pero no debe de haber tristeza en ese hecho. Pensemos en los términos que maneja la Física. Después de todo estamos formados por átomos que se escaparán de nuestro cuerpo inerte cuando se descomponga, que se fundirán con la Tierra al perderse la vida orgánica o que permanecerán en el aire cuando se dispersen, que se unirán para formar otro organismo vivo en nuestro mismo planeta, que huirán al Universo hacia nuevas galaxias, hacia nuevos mundos, hacia nuevas metas. Y, tal vez, miles de años después, serán nuestros átomos los que lleguen a otra Tierra y entonces, quizás entonces, no nos convirtamos en espectadores si no en los propios actores, organismos vivos en un planeta lejano. Al fin y al cabo, somos polvo de estrellas y siempre volvemos a ellas.

Un artículo de @letiberebel sobre el Cosmos

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