¿QUIERES SER FELIZ…? ¡NO SEAS MERLUZO Y VETE A HARVARD!

 Dos cosas de carácter introductorio: «merluzo» es algo, llamémoslo “insulto cariñoso”, que acuñé hace tiempo procedente de las aventuras de Mortadelo y Filemón, inolvidables personajes creados por el no menos inolvidable y genial Ibáñez. La otra cosa es que, por puros prejuicios (y luego iré también con eso) todo aquello que nos llega a la vieja Europa procedente de los EEUU me resulta sospechoso (bueno, todo menos el blues; pero es que el blues no tiene nada de “wasp”). 

Leyendo aquí y allá me he enterado de que los grandes gurús harvardianos llevan décadas (ocho como mínimo) estudiando la felicidad en sus laboratorios; tal cual. Una sus afirmaciones, al parecer la más celebrada, es que para alcanzar y preservar después la felicidad «es necesario mantener el fitness social», aserto este cuya orientación se parece mucho a un imperativo categórico ya propuesto en su día por Epicuro y que recibió siglos después un doble espaldarazo, con la ética formal kantiana primero y con las éticas procedimentales después. Pero claro… si a eso tan pedestre y rústico que llamamos “cuidar de tus amistades” o (un poco más rimbombante) “cultivar la amistad” lo denominamos “fitness social”, entonces mola un huevo y la yema del otro. 

Si tenéis mucho interés en ver por dónde van los tiros de esta catarata neobeata procedente de la mencionada universidad estadounidense, os sugiero leer la entrevista que Alejandra Martins (BBC News Mundo) le hace a Robert Waldinger, profesor de psiquiatría en dicho centro formativo y maestro zen. Esta entrevista os llevará sin duda a indagar un poco más sobre el tema, cada vez más relevante, de “Sea usted feliz en diez lecciones”, primo hermano de este otro: “Practique usted yoga tántrico de 19:00 a 20:00 h. lunes, miércoles y viernes, y hágase yogui erótico-profesional”. Y ojo con eso del erotismo, no lo banalicemos que es una cosa muy seria (ver “eros y tanatos”).

No diré que la susodicha investigación sea otra americanada más, o una emulsión en modo cientificista (que no cienciologista) de la labor de los predicadores del viejo y salvaje oeste, después convertidos en telepredicadores, más tarde en especialistas del “coaching”. No la menospreciaré en absoluto. Ahora bien, no puedo evitar ver en ella una secularización o una versión laica más o menos aseada del predicadorismo, o como diría el gran filósofo Juan David García Bacca «pordioserismo» aunque en este formato harvardiano no se haga necesaria (o al menos no patente) la presencia de entidad divina alguna. Tampoco en el Epicureísmo, os recuerdo.

Ahora que eso llamado “Navidad” se nos ha vuelto a echar encima, uno no puede por menos que ocuparse (si nos hubiéramos pre-ocupado otro gallo habría cantado, y no el de la misa del 24 de diciembre) ocuparse, digo, «de esas chungas movidas[…]» (parafraseo una canción) de ucranianos y rusos, de palestinos y sionistas rabiosos, de sirios, tirios y troyanos, de somalíes, de sudaneses del sur y del norte, de coreanos del sur y del norte, de chinos y taiwaneses, de la Antártida, de las mujeres asesinadas día sí y día también, de los bebés robados por las dictaduras, y de la madre que parió (ella seguramente no quería) a todos los sinvergüenzas que hacen posible tanta desgracia y tanta miseria moral. ¿Ser feliz según Harvard…? Bueno… si no formas parte de la solución, eres parte del problema (la frase es de un tal Lenin, creo: un rojo); o dicho de otro modo: si perteneces al establishment o te dedicas a formar a sus miembros, entonces no te puedo creer.

No digo que Harvard sea una mala universidad, que no lo es, ni que sea perversa (aunque…) pero si preguntáis a google desde este enunciado: “¿Quiénes se formaron en Harvard?” la primera entrada es para la “wiki” (suele ser así) pero la segunda es (textual) «Famosos que no sabías que estudiaron en la universidad de…»; y cuando echas la ojeada de rigor te aparece un elenco de actrices y actores supeguays. Sí, es verdad que en Harvard se formó “gente maja” y esto no va con coña ni ironía: gente que incluso me (¿nos?) cae bien, incluyendo algún ex-presidente de EEUU  y al menos 30 jefes de Estado extranjeros (de diverso pelaje, por cierto). Muy al contrario, Harvard es una universidad estupenda. Pero lo siento: sobre esto de la felicidad en cómodas lecciones y en libros impresos en papel cuché no puedo evitar pensar que hay mucho de impostura. Si todo lo que he citado en el párrafo anterior nos ocupara de verdad, y está en nuestras manos, está en las manos de quienes cortan el bacalao, en manos de aquellas figuras políticas a las que votamos, yo tengo bastante claro que el mundo sería un lugar mucho menos infeliz de lo que es. 

Dicho todo esto, sí: soy una persona con prejucios (soy gato escaldado) pero nótese aquí que “prejuicio” significa «aquello que precede al juicio» y me estoy acercando así a la órbita de Hans-Georg Gadamer, gran renovador de la hermenéutica, uno de cuyos asertos me resultó en su día bastante revelador:«nuestros juicios de hoy serán nuestros prejuicios de mañana» y, por favor, intentad siquiera, en este contexto que os ofrezco, dejar desprovista de matices peyorativos la palabra “prejuicio”; Gadamer criticaba (constructivamente) la teoría de los Idola de Francis Bacon, para decir que no podemos escapar de los prejucios, sino que (frente al filósofo inglés) no nos queda más remedio que purgarlos o conjurarlos para construir otros mejores… ¡conciliando la tradición y la innovación! ¿Es esto lo que intentan desde Harvard?¿Actualizar ciertos presupuestos del epicureísmo? Me temo que no. Esos presupuestos (o, mejor, propuestas) del epicureísmo están recogidos en lo que estos pensadores helenísiticos llamaron, hace más de 2500 años (Diógenes Laercio lo recoge) «Tetrafarmakon» o cuádruple remedio: 1. Liberarse del temor a los dioses y al más allá. 2. Liberarse del miedo a la muerte. 3. Buscar sólo los placeres necesarios; el placer, bien entendido, es fácil de lograr. 4. Superar el miedo al destino adverso y al dolor, que dura poco tiempo. Y por cierto: algo que propugnaba Epicuro en su jardín, por encima de todas las cosas, era precisamente el CULTIVO DE LA AMISTAD. (Los genios de Harvard lo llaman «mantener el fitness social»).

TXESKO C.

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