En julio del año 1994 un grupo de jóvenes investigadores e investigadoras pertenecientes al equipo de Atapuerca y que trabajaban en el nivel de la Gran Dolina TD-6, dieron con un hallazgo asombroso. Un conjunto de dientes y huesos que al mostrarse entre el estrato no parecían humanos. Quizás estamos tan poco acostumbrados a encontrar este tipo de restos que nuestro subconsciente y la experiencia nos impiden darle prioridad a la ilusión de recuperar a nuestros ancestros. Sin saberlo el equipo había descubierto un conjunto de fósiles que ayudaría a cambiar nuestra percepción de la evolución humana. A partir de entonces Atapuerca se convertiría en un yacimiento clave a nivel internacional que iría deparando cada año sorpresas más interesantes. Sorpresas que se extienden desde los primeros momentos de la Prehistoria en la zona. Atapuerca es un escenario de una obra de teatro extensa en el que se nos muestra la historia de la humanidad por capítulos, algunos de los cuales se han perdido pero que quizás pronto se muestren ante nuestros ojos llenando el vacío de la trama más compleja del mundo.
Tres años después, en 1997, se definió Homo antecessor (hombre explorador) en un artículo publicado por el paleoantropólogo y codirector del proyecto, Jose María Bermúdez de Castro y cia (aquí tenéis acceso a la publicación https://afanporsaber.com/wp-content/uploads/2017/10/A-hominid-from-the-Lower-Pleistocene-of-Atapuerca-Spain-possible-ancestor-to-neandertals-and-modern-humans.pdf). Se trataba de más de 160 restos de humanos fósiles únicos, pertenecientes a un individuo juvenil con una antigüedad de unos 850.000 años. Este hecho echaba por tierra la teoría de que la presencia de los primeros homínidos europeos no se extendía más allá de los 500.000 años. Su rostro conjuga rasgos arcaicos y modernos que han podido ser reconstruidos hasta dar con una cara que nos observa desde una vitrina en el Museo de la Evolución Humana de Burgos.
Es nuestro “Chico de la Gran Dolina”que habría llegado desde Asia para establecer su base de operaciones, junto a los suyos, en la Sierra de Atapuerca. Recordemos que hasta entonces la teoría más extendida daba por hecho que los primeros homínidos habrían evolucionado en África para extenderse luego por Eurasia a partir de diferentes oleadas migratorias. Aquí tenemos otro importante cambio de paradigma que el famoso adolescente del nivel TD-6 ha fomentado en parte de la comunidad internacional. Y es que Homo antecessor nos ha ido dibujando poco a poco un boceto sesgado de la vida hace cientos de miles de años. Una vida en la que las posibilidades de supervivencia no eran muy elevadas en una competición constante con el propio medio y con el resto de vecinos del reino animal. En medio de estas circunstancias adversas, ciertas pruebas nos constatan la existencia de individuos canibalizados. Diversas marcas de corte localizadas en varios huesos mediante utensilios de piedra lo sustentan.

¿Quién realizó estas marcas? ¿Fueron los mismos individuos del grupo o quizás otra especie con la que compartían hábitat y que aún desconocemos? ¿Cuál es el significado de este canibalismo? ¿Es ritual o gastronómico?. La antena falla y no sintonizamos aún la parte del capítulo donde se explican los detalles más escabrosos e interesantes. Toca actuar como el CSI de la Prehistoria que es lo que, finalmente, realizan los y las arqueólogas al extraer pedazos de tiempo que después hay que recomponer.
Hoy Homo antecessor sonríe de nuevo casi 30 años después de su primera pose ante las cámaras. Ha asomado bajo la tierra y saluda a esta nueva humanidad con el descubrimiento de parte de un parietal y de una falange del pie durante las excavaciones llevadas a cabo este verano en Gran Dolina TD-6. Entre restos de animales y utensilios líticos, estos nuevos fósiles añaden más piezas al puzzle de la humanidad, rellenando los grandes vacíos de nuestra Prehistoria más antigua gracias a nuevos e impresionantes hallazgos en Atapuerca.

La Sierra no deja de sorprendernos cada año con la imagen de la antigua vida en la Tierra en una visión cronológica única en el mundo. Cada pequeña lasca, cada hueso de pájaro, cada estrato, cada actividad humana recompuesta es un tesoro a recuperar y salvaguardar que nos permite reconstruir, divulgar y socializar. No perdamos de vista, sin embargo, que estos meticulosos trabajos que permiten que la Ciencia avance dependen de las intenciones y el interés de las Administraciones y los Gobiernos. A pesar de que cada resto microscópico contribuye a generar conocimiento, son los grandes hallazgos, especialmente los humanos,(si, esos que son tan escasos) los que llaman la atención de aquellos de quienes depende que todo siga como siempre, sorprendiendo, en la Sierra de Atapuerca.
Un artículo de LetiBeRebel