Hace más de un año un grupo de mujeres valientes y luchadoras decidieron sacar a la luz los abusos de poder, abusos sexuales y acoso sufrido en el ámbito universitario y de los centros de investigación. Lo hicieron a partir de sus propias experiencias, terribles por cierto.
Otro grupo de mujeres, periodistas comprometidas, decidieron darles la máxima credibilidad y difusión y contar sin tapujos la realidad de la situación en este ámbito académico. Otros nunca las habían creído. Todo ello resultó en un excelente trabajo de investigación y recopilación de
testimonios que vio la luz en El Periódico de Catalunya. Lo cierto es que, a pesar de la dureza de los hechos relatados, de la exposición pública de estas mujeres aún a sabiendas de las posibles repercusiones que tendría para sus carreras, el impacto a nivel social e institucional no fue el que debería. Lo sería sin embargo a medio plazo como resultado de redes de contactos y ayuda mutua generadas por el movimiento “Me Too” entre afectadas y afectados. Así el fenómeno “Me Too Universidades” se extendió y continúa extendiéndose rápidamente incluso a nivel internacional, gracias a la fuerza de las víctimas y la batalla que ahora mismo están librando contra un sistema corrupto y arcaico.

No son precisamente las instituciones quienes han dado la potencia necesaria a las y los afectados para llevar esto a cabo.
La normalización de ciertas actitudes, comportamientos y abusos dentro del ámbito universitario y de la investigación es la norma general. Si, así es. La Universidad, esa institución que debe ser el ejemplo a seguir, el espejo en el cual mirarnos… es ahí donde también, como en todos los ámbitos, prolifera el abuso y el acoso. ¡Y cómo prolifera! Porque además el abuso se ayuda de la propia institución, que cierra filas y evita que los casos salgan a la luz invisibilizando y apartando a las víctimas y restándoles credibilidad. David contra Goliat. El prestigio de una universidad contra el personal que con ilusión y vocación decide trabajar duro para dedicarse a una vida de estudio e investigación. La mano de obra contra el sistema. ¡Cómo se va a permitir que esos don y doña nadie, esos y esas “mindundis” estudiantes o investigadoras, tiren por tierra la imagen pública de los y las catedráticas que tanto han elevado a la Institución! Pero es que su trabajo bebe de los de abajo, quienes son la fuerza bruta que moldea muchos artículos, libros o conferencias. También artículos en diarios… por cierto. Siempre me gusta expresarlo así: clase trabajadora que sostiene la investigación y la docencia sin reconocimiento alguno, semi-esclavos y esclavas explotadas aprovechando su vocación frente a los jerarcas, casi dioses, que desde su palco observan con asco a los y las advenedizas, a las técnicas, al personal de servicios, al de administración… La superioridad moral e intelectual que creen poseer y su posición les dan ese poder.
Asco y vergüenza es lo que yo siento. Grandes figuras y académicos a nivel internacional, con un reconocimiento expreso, que convierten sus despachos en tiranías. Algunos diciéndose ser progresistas, feministas y defensores de la moral. Dando una imagen de lo que no son, una imagen irreal.
La sociedad y las instituciones deben saber que son cientos, miles los casos de hombres y mujeres (sobre todo mujeres) que han sido y son sometidos a maltrato, a un acoso constante en su día a día, a vejaciones y abusos de todo tipo por los pasillos de la tan sagrada institución universitaria. Y que estos hechos son normalizados y justificados por la propia institución y muchas y muchos secuaces. Es necesaria ahora una justicia para todas y todos ellos. Ya no vale
ese tan manido “es que la investigación o la vida académica es así y si te quieres dedicar a ello tienes que aguantar”, “te cierras puertas no aceptando la imposición” o “aquí se hace y piensa lo que yo digo”.

La fuerza de la universidad no son los hombres y mujeres anquilosados en sus poltronas que emplean a sus “subordinados/as” para realizar los trabajos que luego justificarán esa alta silla. La fuerza y el futuro son ellas y ellos, los que ponen su ilusión y vocación al servicio de la Ciencia, de la Letra, del avance y desarrollo de la humanidad. Y no están dispuestos a aguantar más. Han sido años de precariedad y de pérdida de salud mental. Ahora es la hora de que todo salga a la luz. Son unos cuantos casos los que se han dado a conocer, pero faltan cientos, os lo aseguro. Lo he vivido. Es hora de romper las cadenas de la tiranía universitaria.
Ante el acoso, en cualquier ámbito y de cualquier tipo, cero tolerancia y todo el apoyo.