Calendarios, bueyes y teorías… 

La Prehistoria es un periodo fascinante, tan fascinante como complicado a la hora de descifrar  muchas de sus características fundamentales y el recorrido largo e increíble de la evolución  humana. Es la historia antes de la escritura, cuando el análisis de los restos materiales dejados  por nuestros ancestros humanos se convierte en imprescindible para escribir, sin tinta, las  páginas de los primeros periodos de la humanidad. Todo es mucho más fácil para los  historiadores cuando las tradiciones, las historias, las experiencias…quedan recogidas y  plasmadas en forma de palabras. ¡¡Aunque es cierto que algunos textos necesitan también  interpretación!! Sin embargo nos gusta lo difícil, nos motiva, nos sentimos realizados y nos  ilusiona intentar descifrar lo que parece casi indescifrable (a no ser que se invente pronto la  máquina del tiempo y lo podamos ver todo de primera mano y con nuestros propios ojos). Y es  que la mayoría de veces no obtenemos verdades como tal si no que abundan las teorías y las  interpretaciones. ¡Y esto es tan increíble! Teorizar y refutar, discutir y justificar, hablar, pensar,  investigar…. Así avanza la ciencia. Las verdades absolutas son pocas en Prehistoria y eso hace  a este período aún más especial. Lo envuelve un halo de misterio sobre los sentimientos, las  tradiciones, las creencias, comportamientos y experiencias vitales de sus habitantes, sobre lo  que no nos han dejado escrito. 

Hace unas semanas salió a la luz en todos los medios internacionales una noticia de esas que  llaman BOMBA.  

Un anticuario y conservador de muebles británico, Ben Bacon, concluyó, tras años de  observación, que las marcas en las pinturas rupestres prehistóricas , algunas de las más  tempranas, están relacionadas con los ciclos lunares y la vida reproductiva de los animales.  Afirmó rotundamente que se trataba de un calendario prehistórico. Se basó en la  predominancia y localización de ciertos signos en las paredes de las cuevas pintadas. En los  medios el señor Ben Bacon es denominado “arqueólogo aficionado” y descubridor por fin del  significado del arte paleolítico. 

Hacemos aquí un inciso porque entre algunas de las cosas que nos molestan más a los y las  arqueólogas se encuentra precisamente este tema. Salvando las distancias, pero me pregunto  qué pasaría si en la televisión saliese por ejemplo una noticia como esta “un médico aficionado  opera a corazón abierto a una paciente” o quizás esta…»una abogada aficionada defiende en  un juicio de asesinato”. Entiendo que hay profesiones apasionantes, tanto que pueden llegar a  considerarse un hobby por parte de algunos. Pero la Arqueología, señores y señoras, es una  Ciencia y cuenta con grandes profesionales que han trabajado incansablemente empleando el  método científico y se han esforzado por llegar a dedicarse a su profesión. Si escudriñamos un  poco la prensa digital no es difícil encontrar noticias de este tipo “dos arqueólogos aficionados,  con un detector de metales, han descubierto varios bronces romanos”. Evidentemente el  proceso de excavación de estos bronces no ha sido tal proceso y su acción se limita siempre a  “excarvar” que no excavar, destruyendo mientras todo contexto arqueológico existente y una  información preciosa. 

Pero bueno, a parte de todo esto, es indudable que el buen señor Bacon debió pasarse años  leyendo cosas sobre arte paleolítico y que llegó a unas conclusiones interesantes. Lástima que  estás conclusiones ya se hubiesen lanzado como hipótesis años antes por muchos  investigadores en la materia. La diferencia es que el sensacionalismo de la prensa extiende sus  amplios brazos incluso en el mundo de la ciencia aceptando que una persona más o menos 

anónima, un anticuario londinense, haya podido llegar a dar con la solución final al significado  de la presencia de pinturas esquemáticas y signos. Si bien la teoría de un calendario ya había  sido formulada otras veces, en este caso la novedad es que se ha considerado como una de esas verdades irrefutables (que no existen) de las que hablábamos antes y quizás no haya sido  culpa del hombre que ha dedicado parte de su vida a pensar sobre ello si no de aquellos que  ansían darle vueltas a un asunto y buscarle tres pies al gato. Ah, y llenar con la noticia las  portadas de periódicos y revistas. 

La comunidad científica internacional ha salido rápidamente a explicar al público que, como  mucho, al igual que otras, esta es tan solo una teoría. Una teoría maravillosa y con sentido,  que otros ya habían formulado antes. Pero es que al igual que ocurre con ella, hay otras  cuantas semejantes, diferentes o totalmente opuestas, que dan lugar a que el significado del  arte paleolítico se haya convertido en una de esas asignaturas de la facultad de Historia que  más llaman la atención. ¿Qué significaban las pinturas de animales, los signos y los esquemas?  ¿La oposición femenino-masculino? ¿La realidad de lo que nuestros ancestros veían? ¿Una  llamada a la supervivencia y la subsistencia desde las profundidades de una cueva? ¿Una guía  al interior de la cavidad como símbolo de fertilidad a través de signos? Podemos seguir  pensando, divagando….pero ninguna de estas teorías o las que estemos pensando, serán, por  el momento, verdades absolutas.

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