Estética y Fútbol

Todos los que vayáis a compartir conmigo estas líneas y este rato, estaréis de acuerdo que el futbol ya no es lo que era. Nos da la sensación que todo lo que está fuera del esférico es más importante que el propio esférico.

Pues bien, querido futbolero, en mi opinión estás en lo cierto. En el actual sistema capitalista y de consumo, lo que realmente importa es aquello que se llama la estética. Mucho se ha filosofado sobre ella, pero nos centraremos en el prisma más comunista, desde una perspectiva materialista. La estética desde este prisma, la entendemos como una forma de ver y comunicar un producto, un bien material. Pero en este sistema en el cual estamos, el producto en sí no vale lo que pagas, sino lo que representa y lo que transmite ese producto. Pongamos un ejemplo, -lo vas a ver perfectamente-. Tu IPhone, desde el cual seguramente nos estás leyendo te ha costado una fortuna, seguramente ese teléfono y su margen de beneficio es altísimo, más de un 1000%. Bien, ¿por qué pueden poner ese precio a tu querido teléfono? Pues por el gasto que han hecho en márquetin, desde que lo compras y lo vas a buscar a tu tienda de referencia, te hacen sentir que lo que llevas en las manos es algo único, algo que muy pocos lo tienen, un producto que ha salido en series de televisión e incluso te lo venden como antisistema pero que absolutamente todos lo tienen, “El capitalismo artístico y su orden mediático-publicitario es un sistema que produce diversidad homogénea, repetición en la diferencia, lo mismo en la pluralidad.” Gilles Lipovetsky.

Seguramente os habéis dado cuenta que Apple tiene sus tiendas en las llamadas millas de oro de las grandes ciudades e incluso en la ciudad de Barcelona, esa tienda se encuentra la primera del paseo de Gràcia, lugar en lo cual se encuentran otras tiendas como Versace, Rolex…  entre otras marcas.

Pero vayamos al futbol, después de los últimos casos de presunta corrupción entre equipos y árbitros destapados por el “Que t’hi jugues” presentado por Sique Rodríguez y Lluís Flaquer, la reacción -entre otras cosas- por parte de la directiva del Barça es de querellarse contra cualquier persona que vaya a menoscabar la imagen del club. ¿Por qué lo dicen? Llevan demasiado dinero invertido en crear un relato y una marca de “club antisistema” de “mes que un club” de “todo el mundo está contra mi” para que ahora este caso de corrupción eche por el suelo dicho relato y por lo tanto la estética.

Porque ser del Barça al igual que ser de otro equipo no es solo ir a ver los partidos de futbol, es mucho más que eso, es ser de una forma en la vida, de tener unos valones, de comportarte frente a las adversidades y sobre todo lo más importante: la estética. Cuanto más estético, más mensaje puedes transmitir, más dinero que pueden sacar de las entradas y del merchan. Porque a más dinero inviertas en una camiseta, el mensaje que transmitas con esa camiseta será de persona de fortuna, fuera y dentro del campo, porque nadie quiere ser de un equipo perdedor y menos que sepan de que la camiseta que llevas está comprada en “china”, porque tal como nos comenta Gilles Lipovetsky en su ensayo La estetización del mundo.

“Los fabricantes ponen ahora el acento en los bienes capaces de llegar a la sensibilidad de los consumidores: ya no proponen sólo productos de los que se tiene necesidad, sino productos diferenciados que producen deseo, que gustan y hacen soñar.”

Y es aquí donde intervienen los jugadores, un equipo como es el Barça, o el PSG no se puede permitir unos campos habilitados para 95.000 personas, meter a 50.000 personas. No es rentable, así que aquí entran los “cracs” mundiales, personas que “valen” millones y millones y que permiten “soñar”, que te seduzcan hasta el punto de hacerte pagar 180 euros por una silla de plástico en el gol sur a 20 pisos de altura. Incluso podríamos ir mucho más allá, si decimos que ahora lo importante no es el contenido sino el contenedor, la estética del recipiente dice mucho de lo que te vas a encontrar dentro del recipiente. No es lo mismo que te den un anillo envuelto el papel de diario que te lo den en una caja “bonita”, -para que nos entendamos-. No es lo mismo ir a ver el Barça en una “caja de cemento” que ir a verlo en un estadio que parece una nave espacial. Tal como nos dice Lipovetsky “Productos diferenciados que producen deseo, que te gustan y te hacen soñar”.

Un paradigma de todo esto es el juguete roto de Ansu Fati. Lo presentaron como el nuevo Messi, le dieron su número… El nuevo mesías del futbol moderno, incluso en programas de radio abrían con sus goles. Era un momento que el Barça en momentos de flaqueza necesitaba llenar un estadio y pusieron a este pobre jugador para intentar suplir la desesperación de haber perdido al mejor jugador del mundo -con permiso del Pelusa- pero para desgracia de Ansu, sufrió una lesión y el lugar de la “ilusión” lo ocupó otro jugador, Levandosky. Un tío capaz de llenar el estadio y de hacer ilusionar, de hacer soñar al nuevo barcelonismo sin Messi ¡A alguien le tocaba llenar el estadio! Lo siento por el…

Para acabar este artículo estaba intentando encontrar un buen final, un final de esos que nos quedan con una espina clavada en el corazón, pero realmente no me daba cuenta que dicho final me estaba llevando a una reflexión: El futbol es pasión, es amor, es una tarde con tus colegas y unas pipas, es enfado y frenesí. Pero la “única” diferencia que hay entre ese futbol obrero y el futbol producto, es que el capitalismo y los grandes inversores han conseguido hacer dinero de todas esas sensaciones al igual que como cualquier producto.

¡ES EL MERCADO AMIGO!

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