La Sanidad Pública no paga traidores

Sé que el título puede ser un poco fuerte, pero realmente de lo que vamos a hablar nos va la vida -literalmente-. Así que con la sanidad al igual que con la comida no se juega.

Ya hace unos meses que llevamos una escalada de manifestaciones y reclamaciones relacionadas con el ámbito de la sanidad, manifestaciones que llenan calles en Madrid, Barcelona y otras muchas más ciudades de menos envergadura. Realmente cuando miras este tipo de manifestaciones te preguntas, ¿por qué no sale absolutamente todo el pueblo Ibérico a la calle?, ¿qué nos cuesta salir de casa 1 hora, al igual que lo hacíamos cuando salíamos a los balcones durante la pandemia? Aquí podríamos meter un análisis sociológico o cultural para quitar esta capa, pero eso quedará para otro día.

Pero hoy vamos a por otro tema y es un tema realmente importante que lo vamos a mezclar con un prisma histórico, que es la caída del imperio romano. Quizás te estarás pensando que es una “fumada” monumental, pero créeme que al igual que cayó el imperio romano en 476 d.C, quizás ahora mismo mientras tú estás leyendo estas líneas esté cayendo el sistema liberal que conocíamos hasta ahora.

El sistema de Pere Aragonés en Catalunya o el sistema de Ayuso en Madrid es un sistema con una dirección clara y política, y… ¿por qué digo política? Pues porque la dirección de sus acciones es clara; la privatización de la sanidad pública, con un claro objetivo, potenciar la sanidad privada y los seguros privados. Quizás te hayas sorprendido que al principio mentáramos al gobierno de Catalunya, presuntamente de “izquierdas”, pero es que en Catalunya llevan privatizando la sanidad desde principio de siglo al igual que lo llevan haciendo el gobierno del PP en la comunidad de Madrid. Solo hace falta ver algunos titulares:

Ya como hemos comentado anteriormente el objetivo es que grandes corporaciones metan sus zarpas en la sociedad, cambiando el sistema público por un sistema totalmente privado. También lo podemos ver, por ejemplo, en temas como la seguridad; donde no llegan los efectivos de seguridad públicos y controlados -o casi- por el sistema democrático, llegan los sistemas de seguridad privados. Y no estoy hablando de un futuro muy, muy lejano, esto está ya en nuestras vidas. ¿Cuántos de nuestros queridos lectores han comprado un sistema de seguridad en Securitas Direct?

O incluso yendo un poco más adelante, seguro que usted habrá oído hablar de Desokupa, pues bien, esta gente había estado contratada por un ayuntamiento de Catalunya para “ayudar” a la policía de su pueblo.

Una vez más, empresas privadas metiendo la “zarpa” en la administración pública. Y la anterior noticia se produce de la mano de Junts per Catalunya, la antigua CiU, partido que lleva recortando en derechos públicos desde que ha pisado el gobierno y a parte partido corrupto; recordemos el famoso 3%.

Pero ya sabéis que nos gusta hondar en el porqué de las cosas. Y una de ellas es medianamente clara, tanto en el caso de la contratación de seguros privados como también la contratación de la seguridad privada. No es casualidad que las dos contrataciones lleven el apellido “privado”. Y es que el objetivo o lo que subyace detrás de todo esto, es la sensación de que la administración pública no llega a todo lo que tiene que llegar y por eso la gente contrata este tipo de seguros. Y otra variable de todo esto es que las personas que pagan sus impuestos rigurosamente no ven compensado el esfuerzo que hacen por llevar sus cuentas públicas y lo que reciben.

Pues querido lector, esto mismo es lo que hizo caer el imperio romano por allí en el 473 d.C – o por lo menos uno de los motivos-. Muchos de los historiadores han coincidido que una de las claves de la ascensión a emperador del rey Odoacro, -un rey de procedencia germánica- y por lo tanto un antes y un después del imperio, fue que poco a poco estas familias fueron adquiriendo cada vez más terreno en el ámbito político romano. ¿Por qué llegaron allí arriba? El imperio Romano era muy grande y costoso, pero la falta de dinero no era el problema, sino el problema era que la administración no daba a basto a cubrir las necesidades de lo que la población pagaba, y lógicamente eso hacia que buscaran en otros lugares lo que el imperio no podía proporcionarles. Así que allí estaban los reyes germanos para darles a la población aquello que el imperio no podía darles. Uno de los ejemplos era la seguridad sobre todo en aquellas zonas aledañas a los límites del imperio donde constantemente había escaramuzas contra los habitantes de la zona para poder conseguir comida para continuar guerreando. Así que los lugareños pidieron ayuda a los germanos para proporcionales seguridades y un lugar donde poder vivir en paz.

Poco a poco estas familias iban adquiriendo más y más notoriedad, mezclándose con las grandes familias burguesas de la época hasta que en el 473 d.C un rey Germánico llegó a Roma para quedarse.

¿Habéis notado ciertos paralelismos con la realidad? Ya sabéis, que tal como dice ese dicho popular “la historia no se repite, pero se parece”, así que después de este juego de “símiles” podemos preguntarnos: ¿los procesos que estamos viendo en la actualidad son los mismos que los que se vieron el aquellas épocas? Creo sinceramente que sí, hemos visto cada vez más que antiguos dirigentes de empresas privadas han copado los puestos notorios en la vida política y cada vez vemos una degradación de nuestra sociedad y dicha degradación la vienen ocupando empresas privadas. Pero hacía donde vamos. Es una pregunta que nos podemos alargar mucho, pero se observa -por los datos que hemos ido desgranando en este artículo- que las administraciones públicas se van a ir degradando cada vez más y que todo lo que sea de bien común y un bien primordial para la vida de las personas se va a ir dejando de la mano del ámbito del “mercado libre” y su famosa mano invisible, pero ya sabemos que pasa cuando interviene nuestro amigo capitalismo y solo hace falta mirar que está pasando con el “mercado de la vivienda”.

Así que queridísimo lector, después de todo esto solo falta defender lo de todos, lo público, porque lo público es político y lo político es común. Así que menos “la política me da igual” y más compromiso social. Porque los lugares que nosotros no ocupemos, otros lo harán y no creo que vayan con buenas intenciones.

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