Cuando aún impartía clases tenía por costumbre empezar el curso en primero de bachillerato con un sondeo (a veces por escrito, en ocasiones simplemente hablando) para poner sobre la mesa una cuestión capital (y muy compleja) sobre mi asignatura: “¿En qué consiste la filosofía o, mejor: en qué consiste filosofar?”. Una respuesta que solía hacer bastante fortuna entre el alumnado era que “filosofar es decir lo que piensas”… y dicho así, aunque suene muy “a-la-pata-la-llana” es algo tan simple como cierto. Fijaos bien, por favor, en el enunciado de la pregunta: no “QUÉ ES” sino “EN QUÉ CONSISTE”; ya conocéis mi manía por el lenguaje, y sí, este articulillo también va a ir sobre eso… pero reclamo una vez más vuestra atención. A la pregunta “¿qué es?” a menudo subyace algo que podemos llamar “detención”: “esto” ES “esto” aquí y ahora y NO “eso-otro”, como si ese “ser” fuera algo definitivo y acabado. No sé si me estoy explicando, pero a donde quiero llegar es a manifestar mi aversión por la pregunta “¿qué es?”. Ahora me hago entender mejor, ¿verdad? Pues bien: lo diré finalmente: sí, una de las maneras (correctas) de entender EN QUÉ CONSISTE filosofar sería, en efecto, “decir lo que piensas”… y si ese “decir…” va, además, acompañado de “pensar lo que se dice”, entonces ¡miel sobre ojuelas!
En ocasiones, cuando decimos lo que pensamos, cuando le ponemos palabra escrita o sonora al pensamiento, se nos ocurre algo brillante o incluso “genial” (valga la expresión) y de pronto, ese término que hemos empleado en una circunstancia concreta, en una situación específica, se convierte en “viral”… Menuda palabreja, ¿eh…? ¡VIRAL! Pues bien: actualmente, tratándose de la filosofía, hay poco o nada de viral porque, sencillamente, la “filo” no está de moda; así de duro, así de cierto. Y sin embargo existen expresiones “muy filosóficas” que merecerían haber sido “virales” o que continuaran siéndolo. Quizá os preguntéis si alguna de esas expresiones a las cuales aludo las acuñó alguna pensadora o pensador españoles… pues bien: ¡SÍIIII! ¡Noticióoooon…!
Tenemos la tendencia a creer que todo “lo importante” en el ámbito de la filosfía lo han hecho los griegos (Platón, Aristóteles…) los alemanes (Kant, Hegel…) los franceses (Descartes, Sartre…) o incluso los británicos (Hume, Russell…) mientras que quienes han tenido y tienen como lengua vehicular el español apenas habrían aportado nada o, directamente, NO han aportado nada. Pues debo decir que ya va siendo hora de que nos quitemos de encima ese complejo, porque no es verdad eso de la aportación “nula” (o casi) desde la lengua española a la historia del pensamiento. En cuanto a nuevos términos (quiero decir palabras que sirven para acotar conceptos o bien que acompañan a conceptos nuevos) voy a citaros unos poquitos ejemplos que así, “ a vuela-pluma” me acaban de venir a la cabeza. Otro día, si queréis, nos meteremos detalladamente con ellos; hoy simplemente los mencionaré para introducir algo que, si no fuera por el título del artículo, seguramente os sorprendería… pero eso será en el párrafo siguiente. Empezaré por la gran pensadora valenciana Adela cortina, quien ha aportado (entre otros grandes méritos) el concepto de APOROFOBIA utilizado ya universalmente. Al maestro Ortega le debemos, por citar solamente un par de “chispazos”, FUTURICIÓN y PANTONOMÍA. Juan David García Bacca (este os sonará menos, desgraciadamente) introdujo términos tan interesantes como RADIOANTROPOLOGÍA o TRANSFINITAR. Y por fin Xabier Zubiri, constructor de un pensamiento colosal, nos dejó expresiones como “DE SUYO” e INTELIGENCIA SENTIENTE (sí, sí, sEntiente con “E”). Ya os decía hace un ratito que algún día nos podríamos meter con ellas y, os lo aseguro, darían mucho juego. Pero ahora quiero darle una vuelta de tuerca a eso del “filosofar” y trasladarme hasta la sabiduría popular y desde ella al ámbito del arte, de la poesía, de la música, los cuales (ya lo he dicho otras veces) mucho tienen que ver con la filosofía como actividad.
Hace tiempo que estoy fascinado con una palabra acuñada por alguien a quien admiro y respeto por su originalidad, su sensibilidad, su espontaneidad y su creatividad: el músico Manu Chao. La palabra en cuestión es MALEGRÍA. Según nos ha dejado dicho el propio Manu: “¿Qué es la malegría? Una tristeza inexplicable… no está ni en el diccionario. Algo que solo se combate con la risa; es una lágrima de oro”. Tiempo después, habiendo sido preguntado nuevamente sobre este particular, Manu profundiza más en el asunto y dice de forma explícita: es «la defensa de la alegría por encima de las lágrimas». Más tarde se explayaba para añadir: «es (la malegría) esa dulce y a la vez amarga emoción que se tiene cuando la alegría y la melancolía se funden en una sola sensación, cuando todo parece ir bien, pero no como más nos gustaría. Es lo que sientes cuando la mujer a la que amas no está a tu lado, pero sabes que es feliz, o cuando un ser querido muere, pero no volverá a sufrir. Para nosotros no todo está bien, pero por mucho que queramos, no podría ir mejor. Ante eso, lo mejor es hacerse a la idea, resignarse». Normalmente eso de la resignación no suele ser de mi agrado, pero en este caso, creo yo, Manu sencillamente tiene razón al emplear dicha expresión. No sé cómo lo veréis, pero yo encuentro en la palabra malegría una carga filosófica brutal, potentísima, por el vitalismo que irradia y transmite. Daos cuenta de lo bien que ha elegido este original artista los ejemplos para ilustrar su “malegría”; desde mi punto de vista son perfectos porque apuntan directamente al corazón. Por otra parte, ¿acaso no se suele decir coloquialmente eso de “tomarse las cosas con filosofía”? Bueno, pues en lo que a mí respecta, de un tiempo a esta parte me estoy esforzando por tomármelas con malegría; os aconsejo hacer lo mismo… o, en palabras del propio Manu, “os lo recomiendo”. En fin… hay cosas, palabras, locuciones, ausentes en los manuales de filosofía pero que a todas luces merecerían aparecer en ellos; son palabras que “deberíamos saber tocar con los ojos” (como diría García Bacca) con esos mismos ojos de los cuales nos servimos para mirar a una madre, a la mujer amada… ¡al mundo!
Solo una cosita más: la filosofía, en lo que a su futuro se refiere como actividad crítica y sistemática, será vital… o no será; estoy totalmente convencido. Un beso desde mi malegría. Os quiero.
TXESKO C.