ENERGUMÉNIDES DE LAS IBERIAS

(No confundir con efemérides ni con Parménides: no va por ahí la cosa)

Posiblemente os haya sorprendido el título que acabáis de leer. Lo cierto es que tenía preparado un artículo precioso para hoy (¡toma ya bilbainada!) a raíz de una conversación telefónica que tuve hace un par de días con mi querido amigo y ex-compañero de fatigas Santi Ostagáin, escritor y profesor de filosofía retirado. Por continuar con estos antecedentes y al objeto de comprometerme a sacar más adelante el artículo que tenía pensado os contaré que la charleta que tuvimos giraba en torno a dos libros y a un tema. El primero de los libros (por cierto: ¡os lo recomiendo con entusiasmo!) es la relativamente reciente publicación “a cuatro manos” de Juan José Millás y Juan Luis Arsuaga “La muerte contada por un sapiens a un neandertal”, tan apasionante como su antecesor (y sí, va con segundas) “La vida contada por un sapiens a un neandertal”. El segundo título es también “joven”, pues se trata de la obra del ciclista-filósofo francés (creo que corre para el Cofidis) Guillaume Martin “Sócrates en bicicleta: el Tour de Francia de los filósofos”, de lectura igualmente recomendable. He dicho antes “dos libros y un tema”, de manera que vamos con este último y así termino de presentaros mis excusas y de sellar el compromiso: “el epicureísmo, primer modelo clásico de autoayuda”; y de eso iba a ir el articulillo en cuestión. Solo una cosa más al respecto y es que Epicuro viene a ser, por así decirlo, el “filósofo de cabecera” del citado, brillante y respetado paleontólogo Juan Luis Arsuaga. Vale… pues hasta aquí el adelanto del siguiente artículo y ya me centro en la actualidad-más-actual (menuda expresión bobalicona me ha quedado).

“La Ciudad Energuménica”, así había pensado llamar a este artículo, parafraseando el título de la obra cumbre escrita por el pensador norteafricano del siglo V Agustín de Hipona, santo según algunos cronistas: “De Civitate Dei” (vulgo: “La Ciudad de Dios”). Si finalmente no se lo he titulado así ha sido para evitar malentendidos e interpretaciones equívocas. Pese a la apariencia de circunloquio que están adoptando estas líneas, no es mi intención meterme en profundidades sobre lo que nos contaba aquel histórico y prestigioso pensador cristiano en su magna creación filosófico-teológica; simplemente me limitaré a explicar que Agustín hablaba en realidad de dos ciudades que coexisten en un mismo espacio físico impreciso sin que sean ellas mismas ciudades propiamente dichas, es decir, que se trataría de una metaforización… o dos, si lo preferís, sobre la condición humana. La Ciudad de Dios sería aquella a la cual corresponden las personas virtuosas, cabales, responsables… mientras la Ciudad Terrenal estaría integrada por gente “pecadora”, irresponsable, viciosa, tumultuosa, brutal… Pues bien: “La Ciudad Energuménica” tampoco tiene una localización geográfica precisa ni específica, sino que sería propiamente la denominación de origen de los energúmenos, exaltados, bestias, frenéticos, iracundos, brutos, basiliscos, fieras, salvajes, violentos (ver diccionario de sinónimos). En el siguiente párrafo responderé a una posible pregunta que acaso hayáis formulado así: “¿Adónde demonios quieres ir a parar, Txesko…?; estás dando más vueltas que un hijoceronte y un hijopótamo buscando sus respectivas partidas de nacimiento”. Veeeeenga… vamos con ello pues:

“Un padre agrede brutalmente a dos profesoras y un educador social en un institudo de Toledo”
(El Español)

“Un hombre de 36 años, detenido por una paliza brutal a dos profesoras y un educador social en un IES de Sonseca”
(ABC)

“ANPE denuncia la agresión del padre de un alumno del IES la Sisla, de Sonseca, a dos profesoras y a un educador social”
(Europa Press)

¿Qué estamos haciendo mal? Teniendo en cuenta la edad del padre, 36 años, yo lo podría haber tenido perfectamente en el aula cuando aún ejercía la defenestrada y nunca suficientemente valorada profesión de docente. Con respecto al “perla” este de treinta y seis añicos que, este mismo martes 29, la emprendió a patadas y puñetazos con esas dos profesoras y con su compañero, y a quien (se llame como se llame) he rebautizado como Energuménides … ¿en qué eslabón de la evolución deberíamos buscar su acervo genético-cultural…? Tal vez (eso me temo) ni siquiera mi admirado y respetado Juan Luis Arsuaga tenga respuesta a la pregunta… bueno, a la segunda pregunta, siendo más preciso, pues a la primera volveré unas cuantas líneas más abajo. Lo peor de este episodio es que ya llueve sobre mojado desde hace tiempo. Al profesorado se le ha dado una propaganda muy malintencionada desde varios ámbitos, foros y tribunas, incluyendo la política porque ¿quién no se acuerda de aquella señora que fue ministra de educación (?????!!!!!) y presidentísima de una comunidad autónoma, cuando tildó a las profesoras y profesores de algo peor que gente pura y simplemente ociosa?; ¿quién no ha escuchado alguna vez la manida y botaratoide expresión “¡Joder, qué bien viven los maestros!”…? Que si solo curramos 20 horas a la semana, que si no pasamos frío, que si no nos mojamos, que si no nos manchamos las manos (bueno, tal vez de tiza y de tinta) que si tenemos demasiadas vacaciones, que si (los de la pública) pudiéramos ser despedidos nos íbamos a enterar de lo que vale un peine… Vale, voy a admitir que la gran mayoría de las personas encuestadas valoran positivamente y respetan profundamente a los y las profesionales de la docencia… Pero o mucho me equivoco o eso no es suficiente ni de coña. De acuerdo: quienes van por la vida en modo Lin-Chun, Tong-Po, o macarra-de-ceñido-pantalón son minoría… Minoría, sí; casos aislados, ¡NO!. Quizá se os podría ocurrir preguntar si a lo largo de mis años ejerciendo la docencia he conocido (se entiende “de forma directa”) episodios como el que os he presentado, recogido por tres medios nada sospechosos de “social-comunistas”… pues bien, mi respuesta es tan triste como contundente: SÍ, los he conocido. He conocido agresiones, amenazas, rayaduras en el coche (incendios…), pinchado de ruedas, difamaciones e insidias, persecuciones con mayor o menor sutileza… Y ahora será cuando alguien tenga la tentación de murmurar en términos de “si has currado toda tu condenada vida en la Cocina del Infierno o en el Harlem de los 70, ¡qué mala suerte la tuya!” o tal vez haya quien me imagine quemado y frustrado (aunque jubilado) y menee tristemente la cabeza, o quien me considere demasiado pesimista o catastrofista… Bueno, pues tampoco es eso. En honor a la verdad, la inmensa mayoría del alumnado que he conocido, así como sus padres y madres, incluso abuelas y abuelos, han sido no solamente gente muy correcta y respetuosa, sino inclusive cariñosa (lo cual viene a ser algo así como la consagración de la repera en almíbar). Soy un ex-profe que ha disfrutado con su profesión más que un jabalí en un campo de remolachas, en serio… Pero bien está lo que está bien (y prefiero redundar a rebuznar) y si está bien no suele ser noticia y lo dejamos estar. Por eso vuelvo ahora a la pregunta con la cual inauguraba este largo párrafo: ¿Qué estamos haciendo mal?¿Cómo pueden ser posibles, a fecha de hoy, episodios tan lamentables como el de ese instituto toledano?¿Cuándo conseguiremos clausurar definitivamente la Ciudad de los Energúmenos (Energuménica, decía en el no-título de este artículo). Sacha Zverev pide disculpas; Will Smith pide disculpas; Putin pide disculpas (o no); algunos(as) de nuestros(as) políticos(as) piden disculpas (o no). Hacemos reformas educativas, hacemos reforma de la reforma, reformamos la reforma de la reforma, reformulamos la formulación que reformaba la reforma de la reforma para elaborar una nueva contra-reforma… hacemos pincepalabradas (expresión que no utilizaba desde hacía tiempo) y todo continúa igual, pues aquello que estaba mal continúa estando igual de mal.

No quiero olvidarme tampoco de que en todas las profesiones, también en la docencia, hay quienes ejercen con mayor o menor acierto, quienes son más brillantes y quienes lo son menos, quienes son corporativistas y quienes no… en definitiva: todos los trabajos se pueden desarrollar mejor o peor. Admitido cuanto acabo de escribir, añadiré algo más, siempre con vuestro permiso: Nunca debería acontecer (¡JAMÁS!) que alguien se comporte como un mal padre (así califico al agresor del IES La Sisla, progenitor de un alumno matriculado en dicho instituto) como un pésimo ciudadano a quien no merece tener como vecino la buena gente de Sonseca, como alguien de quien abominaría incluso el Homo Antecessor, en suma: un campeón del energumenismo, un firme candidado a la alcaldía de la Ciudad Energuménica. No obstante, insisto: ¿Qué estamos haciendo mal?



TXESKO C.

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