TE INVITO A MI BIBLIOTECA Y LUEGO HABLAMOS DE LIBROS

Buenaaaas. Os quería presentar algunos de los libros que más me han impresionado. Mi intención no es hacer una crítica detallada y pormenorizada y tampoco un análisis de estas obras, sino manifestar de la forma más espontánea posible mi admiración por ellas. Están cuidadosamente elegidas.

-Tao te king. (Atribuido a Lao-tse). Quizá sea el primero de los libros antiguos. En él nos encontramos con la convicción de que hay un vínculo indisoluble entre el hombre y la naturaleza, de que el hombre es una reproducción (o acaso podría llegar a serlo) del cosmos a pequeña escala. Uno de los grandes libros sapienciales de oriente junto con los Upanishads o el I-Ching, tan breve como difícil y enigmático, de gran belleza formal y material.

-La Biblia (Varios autores). Es parte de nuestra tradición cultural. Siempre resulta interesante, marcando distancias prudenciales en cada etapa de nuestra vida y formación, acercarse a releer este conjunto de volúmenes que tratan de contar, desde la perspectiva del pueblo judío, una singular relación entre los seres humanos y la divinidad. Algunos de sus mitos alcanzan el carácter de mitologema.

-La República o el Estado (Platón). Conjunto de libros importante donde los haya, pues se trata de la primera reflexión profunda en la cual quedan interconectadas la ética y la política. Independientemente de cómo cataloguemos la “oferta” política platónica sus escritos nos harán plantearnos cuestiones tan de actualidad como la justicia social, la corrupción o el trinomio I+D+i, además de la situación de las mujeres en nuestras sociedades del XXI, entre otros muchos temas.

-Metafísica (Aristóteles). Creo que es el segundo conjunto de libros imprescindibles de la filosofía clásica griega. Se trata de un esfuerzo intelectual titánico para, prácticamente sin medios, sin tecnología alguna, dar cuenta de la estructura y sentido de la realidad y que estaría al alcance de muy pocas entre las denominadas “mentes privilegiadas” surgidas a lo largo de toda la historia del pensamiento y la ciencia.

-Confesiones (Agustín de Hipona). Sobre todo nos acerca una visión realmente magnífica de la trayectoria vital e intelectual seguida por uno de los pensadores más brillantes de todos los tiempos, anticipo remoto, y para mí mucho más sutil, del cogito ergo sum cartesiano.

-Suma Teológica (Tomás de Aquino). Una muestra de gran valor sobre cómo la fe religiosa y la razón no tienen por qué ser incompatibles. Se puede ser o no creyente pero la lectura de esta obra nos hará reconocer, como mínimo, el gran esfuerzo del aquinate por conciliar lo racional, lo empírico y la fe.

-La divina comedia (Dante Alighieri). Obra de gran belleza y sorprendente complejidad, admite múltiples acercamientos y diversas lecturas, incluso en clave matemática. Marca la transición del misticismo medieval al antroprocentrismo renacentista y está repleta de un simbolismo cuya profundidad y significado aún son objeto de estudio.

-El príncipe (Nicolás Maquiavelo). Fundamental para comprender la importancia de la estrategia en política (incluyendo la manipulación) como procedimiento para gobernar. Creo que se trata de una lectura imprescindible tanto para saber lo que nunca debería hacerse en política como para tener conocimiento de aquéllo que, de hecho, se lleva a cabo.

-Leviatán (Thomas Hobbes). Se trata de otro de los imprescindibles para entender el mundo de la política en su dimensión histórica. Hobbes no goza de demasiada popularidad entre quienes creemos que la democracia es el menos malo de los sistemas conocidos hasta ahora, pero debemos reconocerle una cosa: supo dar como nadie la voz de alarma ante el egoísmo latente de la condición humana.

-Cartas sobre la tolerancia (John Locke). Muchos dogmáticos del siglo XXI deberían recibir el contenido de estas pequeñas obras de finales del XVII por vía intravenosa.

-Pensamientos (Blaise Pascal). Un esfuerzo admirable que trata de conciliar lo racional con lo emocional.


-El paraíso perdido (John Milton). Un monumento a la poesía en lengua inglesa. La descubrí por casualidad siendo muy jovencito y me fascinó. Su lectura me animó a estudiar inglés, idioma que apenas conocía puesto que pertenezco a la última generación que tuvo al francés como lengua preferente durante los primeros años de escolarización. Uno de los escritores que mejor han tratado literariamente la lucha entre el bien y el mal, Dios y el Diablo, los hombres y los ángeles (los otros fueron Dante, Göethe y Blake).

-Fausto (Johann Wofgang von Göethe). Posiblemente la obra cumbre de la literatura alemana y una de las más importantes que se hayan escrito en cualquier idioma. El personaje de Mefistófeles resulta tan inquietante como magnético.

-Matrimonio del Cielo y el Infierno (William Blake). Después de leer este monumental poema tal vez nos lleguemos a plantear si el bien y el mal son, en el fondo, cuestiones tan opuestas como nos habían contado.

-Crítica de la razón pura (Immanuel Kant). Se dice, y con motivo, “filosofía antes de Kant y después de Kant”. Tras esta obra la metafísica pasó a ocupar un lugar diferente al que tenía asignado; pero lejos de haber quedado arrinconada, se despertó un nuevo interés y se empezaron a abrir otras vías y otras posibilidades en paralelo al descubrimiento paulatino (posterior) de los límites de la ciencia.

-El origen de las especies… (Charles Darwin). Unos escritos que todavía hoy continúa suscitando polémica. Fue la llave que abrió la Caja de Pandora. Seguimos trabajando en la brecha abierta por el evolucionismo pero sin lugar a dudas, el bloque de preguntas que más se resintió después de Darwin se sigue conformando con aquéllas que hacen referencia a la condición humana, a nuestro puesto dentro del cosmos (parafraseando a Max Scheller).

-Contribución a la crítica de la economía política (Karl Marx). Sin lugar a dudas hay otros escritos de Marx más célebres, más conocidos, que gozan de mayor popularidad; pero para comprender la sociedad europea capitalista del siglo XIX esta es la lectura más adecuada, puesto que en ella se nos da una descripción (en clave económica) magníficamente detallada de esa época. Otra de sus virtudes es mostrar, cómo, en el fondo las dinámicas políticas obedecen a los dictados de la economía.

-Las flores del mal (Charles Baudelaire). Inmortal e intemporal. Todos deberíamos saber francés solamente para ser capaces de apreciar el sonido, la musicalidad, de este conjunto tan duro como exquisito de poemas; aunque hay traducciones bastante cuidadas, leerlo en su francés original aporta un plus definitivamente sublime.

-Iluminaciones (Arthur Rimbaud). Un maravilloso juego de imágenes que brotan de las palabras como estallidos de bomba incendiaria, tan duro como sugerente. Cualquier amante de la poesía debería acercarse a estas páginas.

-El nacimiento de la tragedia en el espíritu de la música (Friedrich Nietzsche). El valor simbólico de lo apolíneo y lo dionisíaco como contrarios que no buscan anularse entre sí fue uno de los grandes regalos que nos hizo Nietzsche cuando decidió poner en marcha su método genealógico para rastrear la moral y la metafísica occidentales.

-Así habló Zarathustra (Friedrich Nietzsche). El subtítulo que su autor le dio “un libro para todos y para nadie” es casi una advertencia para quien se atreva a leerlo. En él, la metáfora, la alegoría, el aforismo se convierten en fuentes de revelación y de rebelión. Si hubiera que buscar un “contralibro” para El Paraíso Perdido de Milton, sin duda sería este.

-Padres e hijos (Ivan Turguenev). Aunque fuera desde la perspectiva literaria de una obra de ficción, aquí encontré la primera referencia a un concepto que me ha seguido interesando y fascinando a lo largo de mi trayectoria: el nihilismo.

-Niebla (Miguel de Unamuno). Desde mi punto de vista uno de los libros paradigmáticos de lo que a veces se ha catalogado como “novela existencial”. En estas páginas del filósofo y literato bilbaíno la angustia y el ansia de eternidad quedan maravillosamente retratadas.

-Principia mathematica (Russell/Whitehead). Lo importante de esta obra conjunta no es lo que se ha etiquetddo como “intento fallido por construir un LLP”, sino una llamada de atención (continuada después por Gödel) según la cual hay, al menos en la mente humana, una incapacidad para dar cuenta de lo que deben ser las matemáticas (cuando no una falta de fundamentación en las mismas). Es decir que Russell y Whitehead, aunque de forma involuntaria, allanaron el camino que soliviantaría al formalismo y que acabaría desarbolando al logicismo. Esto, lejos de ser una hecatombe, supone una gran oportunidad para continuar formulando preguntas y reconocer la riqueza que contienen las paradojas.

-La evolución creadora (Henri Bergson). La noción de élan vital bergsoniana entronca con la concepción spinoziana de conatus y también (aunque en otro sentido) con el pneuma de los estoicos. Se trata de términos complementarios que dan cuenta de la fusión entre el individuo y la realidad, donde el alma-mente de cada sujeto que somos y una alteridad no extraña traban un vínculo indisoluble en una intuición tan dotada de subjetividad como de universalidad: experiencia(s) interna(s) y experiencia(s) externa(s) que vienen a ser expresiones o manifestaciones del mismo impulso, intersubjetivo e interobjetivo.

-Ideas y creencias (José Ortega y Gasset). Dice el brillante pensador madrileño que “las ideas las tenemos, mientras que las creencias las-somos”. Se trata de un aserto tan ingenioso como lúcido y revelador.

-Tractatus lógico-filosófico (Ludwig Wittgenstein). Aparte de otras muchas cosas personalmente me sirvió para reconocer que lenguaje y mundo tienen algo en común… pero ese algo común va más allá de la pura forma lógica. Y es que además del orden estamos abocados a asumir el caos. No solamente eso: estamos aún por descubrir eso intermedio entre orden y caos.

-Investigaciones filosóficas (Ludwig Wittgenstein). La noción de “juegos de lenguaje” es una de las aportaciones más potentes que se han hecho en filosofía; y no solamente en el restringido campo de la filosofía del lenguaje, porque sus consecuencias tocan igualmente la ética, la antropología o la metafísica.

-El malestar de la cultura (Sigmund Freud). “Tótem y tabú” o “La interpretación de los sueños” son obras más conocidas, difundidas y leídas de este autor; pero “El malestar de la cultura” es el escrito que hizo entrar a Freud, de modo definitivo, en la terna que Paul Ricoeur bautizó como “maestros de la sospecha”.

-La tierra baldía (Thomas S. Eliot). A mi juicio se trata de un monumento al pesimismo poético. Nos encontramos ante uno de los poetas más grandes de todos los tiempos.

-La sociedad abierta y sus enemigos (Karl R. Popper). Imprescindible para cualquier persona que se interese en el estudio de las formas políticas propuestas a lo largo de la Historia.

-Filosofía y poesía (María Zambrano). Ante las razones pura, práctica o dialéctica pero sin entrar en confrontación con ellas, y acaso haciendo un ejercicio terapéutico: ¡la razón poética!

-Ser y tiempo (Martin Heidegger). Posiblemente sea la obra más complicada a la que jamás me he enfrentado. Es el problema de tener una capacidad de entendimiento “normalita”; me costó un esfuerzo casi titánico y tuve que leerlo muy despacio retrocediendo con cada línea hasta la línea anterior. Con Heidegger se abre una nueva posibilidad para la metafísica.

-Inteligencia sentiente (Xabier Zubiri). Me hizo darme cuenta de algo muy poco trabajado en filosofía: la cuestión de la inmediatez, entendida como lo necesariamente interlúdico entre sensibilidad y entendimiento… pero no se trata de esa inmediatez propia de la animalidad sino de algo capaz de ser captado por un tipo de ser tan especial como el humano, donde la sensointeligencia es constitutivamente el yo el tú y el nosotros. Esa intimidad con lo inmediato es lo que nos permite vivir siendo lo que vamos-siendo.

-El ser y la nada (Jean-Paul Sartre). En francés hay dos modos de nombrar aquello que entendemos como “nada”. Dicen “rien” para referirse a lo que no hay-ahí o a algo menor aún que lo insignificante. Pero la nada a la que se refiere Sartre, “néant”, es lo más opuesto a lo insignificante y va mucho más lejos de lo que podría, pura y simplemente, ser considerado como ausencia de ser. El término “néant” es un gerundio; por consiguiente aparece como dotado de algún tipo de dinamismo. Conviene reflexionar sobre ello.

-El agujero (Michel Tauriac). La prosa dura y desgarrada del llamado “poeta de la guerra de Indochina” (“Ni flor, ni corona”) me produjo una profunda impresión. Con una sencillez demoledora Tauriac nos transmite que no hay nada de épico ni de glorioso en ninguna guerra; cuando se trata de la guerra… todos somos perdedores.

-Dios, la muerte y el tiempo (Emmanuel Lévinas). La muerte es uno de los temas de reflexión más frecuentes junto a la cuestión de Dios y por supuesto, el problema del tiempo. Unidos entre sí en un mismo volumen, Lévinas nos ofrece un conjunto de reflexiones sustentadas en una serie de hipotéticos diálogos con Aristóteles, Kant, Hegel o Heidegger entre otros. Cuando abordamos alguna de las tres cuestiones que dan título a la obra, las otras dos nunca andan lejos. Este libro enfatiza cómo converge dicha triple problemática en nuestro vínculo con el-otro.

-Mente y lenguaje (Noam Chomsky). Con toda sinceridad, su propuesta sobre los universales lingüísticos asociada a su gramática generativa transformacional me parece francamente tan genial como atrevida e inspiradora. Una nueva vía que reabrió la discusión acerca del problema de los Universales y la cuestión del innatismo asociando lo uno con lo otro.

-Lo bello y lo siniestro (Eugenio Trias). Cada vez que leo o recuerdo el título de esta obra me vienen a la cabeza inevitablemente otras dos: “Lo bello y lo sublime” de Kant y “Lo bello y lo triste” de Kawabata. Esta última es una novela, acaso no demasiado conocida, que trata admirablemente la condición humana a partir del vínculo que suele producirse entre el dolor y la belleza. La palabra sublime por otra parte, siempre me ha parecido extremadamente compleja; ¡puede referirse a tantas cosas y situaciones…! Tengo un profundo respeto por esa palabra, de igual modo que el término siniestro, cuando reflexiono, me produce una gran inquietud y a veces temor. Tiendo muy a menudo a tratar bello/siniestro como si de dos conceptos e incluso como dos hechos o conjunto de hechos opuestos se tratara; pero otras veces los asocio como si lo uno fuera continuación de lo otro; y aun otras veces los tomo en consideración como si hubiera una relación de necesidad entre ambos. Si en lo sublime podemos vislumbrar (entre otras cosas) una cierta superlativización que podría afectar a lo bello hasta conducirnos a tal grado de exaltación que lo bello dejara de serlo, transformándose en algo distinto (incluso en algo triste, cuando la belleza se combina con el amor-desamor) en lo siniestro hay una especie de viaje a la oscuridad.

-El inconsciente colectivo vasco (Andrés Ortiz-Osés). Es uno de los libros más inspirados, originales y polémicos de mi viejo maestro. Más que el tema específicamente vasco en sí, lo que la hace verdaderamente interesante es el rescate que hace del matriarcalismo (frecuentemente confundido con el matriarcado) como valor simbólico y fiel reflejo de lo femenino. Se trata de una vuelta de tuerca audaz a los últimos y más controvertidos planteamientos jungianos.

-La agonía del Eros (Byung-Chul Han). Entre otras interesantes reflexiones, me llamó la atención su noción de un Eros agonizante en favor de una creciente acción pornográfica que es (más que eso) una multi-actuación que mutila cualquier tentativa de interacción.


TXESKO C.

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