BREVE APUNTE SOBRE FILOSOFÍA Y ARTES MARCIALES

Tuve noticia del pensamiento oriental cuando, siendo muy joven, me inicié en la práctica de las artes marciales. Primero conocí el judo, después el karate-do (estilo shotokan sobre todo) y más tarde diversas modalidades de wu-shu. Naturalmente estos primeros encuentros con la (así llamada) filosofía oriental se produjeron muy “de refilón”, pero dejaron entreabierta una puerta que crucé definitivamente cuando ya estaba cursando mis estudios universitarios. De esto hace más de cuarenta (¡40!) años.

     Acabé conociendo el taoísmo, que me pareció tan interesante como atractivo pues acaso sea la única “religión” donde la presencia de Dios, de la divinidad, no sea necesaria… para el taoísmo lo sagrado es algo muy distinto a lo que podríamos llamar “lo-dios” y tiene un trasfondo de simplicidad que nos acaba resultando tan admirable como sorprendente. El taoísmo despertó luego mi interés por los aspectos filosóficos del zen y de otras corrientes del budismo; también me acerqué al hinduísmo y al confucianismo. Mi admiración y respeto  profundos por Ip Man, Jigoro Kano y Morihei Ueshiba hicieron el resto.

    A continuación expondré brevemente algunos de mis puntos de vista (unas pocas pinceladas) sin pretender con ello dar lecciones a nadie y mucho menos tratar de convencer, entre otras cosas porque, sinceramente, a estas alturas de “la película” me trae sin cuidado.

Las artes marciales: de lo esencial a la competición

    Más allá de otras consideraciones me llama poderosamente la atención el dinamismo dialéctico tori-uke, paradigmático en el judo tradicional japonés. Tori es el que ejecuta una técnica concreta de autodefensa, uke quien la recibe. Luego se invierten los papeles. Para que los judocas puedan progresar necesitan colaborar con sinceridad el uno con el otro. Son opuestos, sí; pero el uno “no-es” sin el otro. Son opuestos que se complementan y se necesitan. Y es que  en realidad  el verdadero enemigo vive dentro de cada uno de nosotros. La síntesis de este proceso dialéctico es el enriquecimiento del propio judo.

   En China las artes marciales surgen ante todo como una dinámica que trata de responder a una necesidad: equilibrar mente y cuerpo. Su inspiración primigenia podemos rastrearla en la naturaleza: los fenómenos meteorológicos, la fauna e incluso la flora son los referentes en que se fijaron los antiguos anacoretas para construir esos sistemas conocidos, en su conjunto, como Wu-shu. Concebidos inicialmente como una especie de “gimnasia medicinal” solo un tiempo después se produce un giro que los convierte en disciplinas de combate. Al menos a mí así me lo han contado y, en su día, tomé la decisión de creerlo.

   Las competiciones, los campeonatos, al menos a mi entender han desnortado y desvirtuado las artes marciales; han convertido a los artistas marciales en gladiadores. Con todos mi respetos hacia los gladiadores del circo romano, creo que las artes marciales son otra cosa… o quizá debería decir que eran otra cosa y que esa “otra cosa” a mí me gustaba más. ¿Cuestión de opiniones…? Seguramente sí.

Lao-Tsé

   Sobre el taoísmo se han dicho y escrito muchas cosas. Algunas  me parecieron sabias y profundas, otras no. Una de las asociaciones más sorprendentes que encontré se la escuché a un sacerdote y estudioso jesuita: el padre Elorduy. Relacionaba, de un modo ciertamente brillante y original, los viejos taoístas con los antiguos estoicos en lo que se refiere a cómo orientar la vida asociándola al flujo natural de las cosas. Esto, curiosamente, me acabó recordando las coplas que Jorge Manrique dedicó a su padre fallecido: “Nuestras vidas son los ríos/ que van a parar a la mar/ que es el morir…” Y reconozco que ese “es el morir”,  en mi mentalidad adolescente de entonces, me producía gran inquietud y desasosiego… Pero tras haber establecido contacto con el estoicismo y el taoísmo y, por qué no decirlo, tras haber escuchado a aquel viejo cura jesuita comencé a ver las cosas de otra manera: ese mar es el morir, sí; el morir, que no la muerte. Porque aunque sea el morir, el mar es vida. Fijémonos nuevamente en el lenguaje, que suele ser mas sabio que el propio hablante: “morir” es verbo y por tanto acción; “muerte” es nombre y por tanto consumación (o en este caso consunción). 

Morihei Ueshiba

    Fue el fundador del Aikido, ya en el siglo XX. Una de las cosas que más me gustan de este arte marcial japonés es la ausencia de competición; no hay “campeonatos” de Aikido porque esa fue la voluntad del Maestro antes de morir. ¿Qué necesidad hay en convertir un arte de autodefensa en una actividad guerrera, donde alguien es “mejor” y alguien “peor”?¿Qué necesidad hay de demostrar nuestra superioridad sobre los demás cuando podemos cooperar con ellos, fluir con ellos?

Ng Muy

    ¿Una mujer fundadora de un arte marcial? El Wing Chun es una de las muchas modalidades entre las disciplinas de combate sin armas que surgieron en China. Allá por los siglos XVI y XVII aquella mujer fue capaz de elaborar una síntesis de movimientos que se integran en el mismo paradigma donde navegan las diversas formas del Tai-chi-chuan, e igualmente apta para que sea practicada por cualquier persona sea cual sea su edad o su condición física. Es uno de esos estilos que se puede considerar tanto interno como externo y que se orienta hacia el logro de una fluidez energética, suave pero continua, que evita el gasto innecesario. Su práctica cotidiana, variando y adaptando los ritmos de ejecución en función de necesidades concretas, proporciona bienestar y seguridad. Es muy significativo que fuera precisamente una mujer y no un hombre quien lo elaborase.

Bruce Lee

   A todas luces una inspiración para un buen número de quienes se inician en las artes marciales. Heterodoxo, controvertido, innovador a juicio de muchos, “hereje” para los más conservadores… fue sin duda un brillante divulgador de estas disciplinas. Quizá no fue un gran actor, pero sí fue mucho más que un actor. ¿Servirá de algo si les digo a los excépticos que estudió filosofía en la Universidad de Washington, Seattle?

El Yin y el Yang, el budo y otras cosillas

    Sobre el anagrama conocido como “yin-yang” se han vertido ríos de tinta, así que poca novedad se puede aportar al respecto. Para mí lo más destacable es que expresa la coimplicación de los opuestos, que el auténtico valor del cosmos no es el antagonismo sino la complementariedad entendida como equilibrio dinámico… así también en la vida y, cómo no, en las artes marciales. Ya lo insinuábamos más arriba cuando explicábamos la relación entre uke y tori en las disciplinas japonesas: esa coincidentia-opositorum que rige el vínculo de dos adversarios, dos artistas marciales que quieren crecer, sabiendo que se necesitan, constituye el genuino espíritu del budo e inevitablemente nos remite de nuevo al yin y al yang.

Deja un comentario

Descubre más desde LaTaska.Info

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo