Mucho se está escribiendo de esta película y de todo lo que la historia representa. Que si está muy bien adaptada, que si ¡vaya basura!… Si esperáis este tipo de disquisiciones aquí, disculpadme, porque no las encontraréis.
Para nada soy un experto en el universo de Frank Herbert ni puedo ofreceros un ensayo sobre el tema. Lo que si puedo es contaros lo que me ha parecido la peli y lo que ha significado la historia del joven Paul Atreides en mi vida. Una lucha de sentimientos encontrados a través de los años.

En cuanto a la trama, la peli (o la novela, o el juego, o lo que queráis) nos sitúa en el traslado de la Casa Atreides al planeta Arrakis (o Dune) para controlar el planeta y para continuar con la extracción de melange (especia/droga importantísima en la saga) que estaban gestionando la Casa Harkonnen (malos). ¡Pos vaya cosa! Dune va de muchas cosas, no os puedo explicar todas que no acabo; trata sobre la civilización, economía, guerra, relaciones humanas, genética, amor, mesianismo, magia, filosofía… Si cuando una obra es considerada imprescindible es por algo.
Bueno que empiezo. Mi primer contacto fue en mi tierna infancia. Nos remontamos a principios de los 90, cuando siendo muy, muy pequeño mi mejor amigo me enseñó un juego pionero en su estilo (el famoso Warcraft: Orc & Humans se fijó en él para nacer), típico de construir sobre un mapa e ir avanzando y conquistando territorio hasta acabar con el enemigo. Se llamaba Dune II: The Building of a dynasty. Cosechar melange sí que puede ser divertido, aunque no lo parezca. Horas y horas aprendiendo sobre las Casas Atreides, Harkonnen y Ordos (que no existe en las novelas, pero hacía falta más gente para que el juego fuera variadete) y sobre la importancia que tienen los recursos que se encuentran en los desiertos… Cada uno aprende como quiere ¿No?
Ahí va un enlace para que veáis que pinta tiene (que maravilla de juegos se hacían):
¿No conociste la saga con los libros?, os preguntaréis. No. Soy rarito hasta para eso, ya lo sabéis.
Años más tarde sí que conocí los libros (de hecho, tengo varios), pero fui incapaz de poder con ellos. Siempre me parecieron demasiado densos… y esto siendo generoso.
En cuanto a la peli de David Lynch sobre Dune de 1984, tampoco os puedo contar nada. No la he visto entera, puesto que también me ha parecido siempre un rollo y eso a pesar de su elenco de actores que la puede hacer atractiva (Sting, Kyle Maclachlan, Patrick Stewart, etc…). Tampoco os puedo contar mucho sobre el proyecto de Jodorowsky que quedó en nada antes de ser concebido (y eso que sonaban nombres como el de Orson Welles, Salvador Dalí y banda sonora de Pink Floyd… Sí, sí, pa´ flipar). Hubo otro intento de Paramount en 2008 pero eso ya…

Entonces, ¿Para que escribe este tío un artículo sobre Dune si ni le gusta ni tiene ni idea de nada? Porque os quiero recomendar encarecidamente la peli de Villeneuve, a pesar de lo que habéis leído hasta ahora y de los prejuicios que podáis tener. Para contaros todos los detalles del universo ya hay muchos expertos sobre el tema (os animo a leerlos). Aquí ya viene la peli ya.
Y lo hago por dos motivos. Primero, porque la peli realmente está muy muy chula. ¿Es larga y lenta? Sí, pero también lo es la preparación de un buen plato de cuchara que disfrutas en cada sorbo. Tiene una fotografía muy colorida, cálida y descomunal. Cada plano de esos desiertos te hace sentir como un granito de arena en la inmensidad, insignificante, pero al mismo tiempo imprescindible en su conjunto. Verla en el cine es una de esas experiencias que merecen mucho la pena. Si me pedís una palabra, solo una, para describir que sensación desprende, no es otra que belleza. La belleza de lo inhóspito y lo interminable.
La BSO, a mi parecer, espectacular. Detalles étnicos, ecos de grandes sinfonías y sonidos metálicos de cosechadoras. Todo ello, para lograr una experiencia auditiva extraña pero totalmente adictiva. Hans Zimmer como siempre inmejorable. Os dejo enlace a la misma:
¿Los actores? La verdad que escogidos de forma muy acertada en su mayoría y a pesar de las limitaciones evidentes de algunos de ellos. Timothée Chalamet como el joven Paul Atreides (siempre había tenido un poco de tirria a este muchacho y oye, que lo hace muy bien), Rebecca Ferguson como madre del “Kwisatz Haderach” (¿Lo qué?), Dave Bautista (hace lo que puede) como sobrino del malo malvado Stellan Skarsgard, Oscar Isaac como el papi (y Duque) de Paul, Zendaya (sosa como una pared de pladur, algún día supongo que arrancará… o no…), Javier Bardem (que habla poco pero no le hace falta al tío, otro que lo clava), Josh Brolin (que hace de bueno, pero siempre tiene cara de malo), Jason Momoa (que mira, oye, para lo que es Aquaman, no le sale mal el papel), Charlotte Rampling (fue uno de mis amores de niñez cuando era jovencita, que ahora es una señora muy mayor), y un largo etcétera.
En definitiva, un gran elenco de actores, que como os he comentado sacan adelante la trama de forma bastante airosa (a pesar de ese toro y torero que aparecen y que se encuentran un poco desubicados en un mundo tan lejano).
¿Problema? Que cuando estás ansioso por conocer que va a ocurrir, se acaba la peli. ¿Cómo? Sí, supuestamente serán dos películas y digo supuestamente porque no está confirmada la segunda y eso que el director quería rodar las dos de forma simultánea. Toca esperar.
En segundo lugar (Os había dicho dos sí), porque puede que os ocurra como a mí. Que os estéis perdiendo una experiencia como la de adentrarte en Arrakis y en sus gigantescas dunas, únicamente porque no habéis tenido el primer contacto con su universo de la forma más certera.
A mí me pasó. Comencé con un juego muy chulo, pero topé con los libros siendo muy pequeño. Demasiado. Le cogí manía a la saga y la aparté (demasiada envergadura para una tan temprana aproximación). La peli de Lynch no ayudó (y eso que la tengo pendiente, pues se ha convertido en una obra de arte del género) y el tiempo fue pasando.
Gracias a Villeneuve, del cual os confieso que ni “La llegada”, ni lo que llaman “Blade Runner 2049” (Blade Runner solo hay una. Punto.) me gustaron un pelo, con su Dune he conseguido encontrar esa magia que desprende la historia y más que probablemente gracias al enfoque dado por él.
Por ello, os animo a que, sino lo habéis hecho ya, comencéis el viaje a este mundo hostil pero real y bello como el nuestro, teniendo cuidado con los “Shai Hulud” (¿lo qué?), ya que hasta que venga la segunda parte de la peli, sólo podemos hacer una cosa: Leer los libros y adentrarnos más en las costumbres fremen. ¡Claro! Yo ya empecé antes de ver la peli por no ir a ciegas… ahora ya estoy pensando en comprarme los que me faltan… Eso sí, si no queréis darle una oportunidad, porque os sigue resultando un tostón, también os comprendo. Igual en un tiempo os hago otro artículo ya sabiendo más sobre el tema, a ver si entonces os convenzo…
Dicen que no hay mejor creyente que el que ve la luz tras transitar por la oscuridad. Y puede que tengan razón.
Este cóctel os lo sirve como siempre con cariño, José V.M.