Admítelo, no has podido leer ese título sin ponerle la melodía del anuncio del Corte Inglés en tu cabeza. Y así estamos, de vuelta a las aulas.
En cuestión de una semana todos los niños y niñas han vuelto a reencontrarse con sus compañeros tras casi 3 meses de largas vacaciones. Han vuelto a abrazar a sus profesoras y profesores. Han vuelto, más grandes y más fuertes que el curso pasado. Ahora bien… ¿Qué les hace falta a los niños en su primer día? Aquí vienen unas recomendaciones:
La mochila, esa que a veces es más grande que el propio alumno, no hace falta que cargue libros, libros y más libros, diccionarios, la flauta, el estuche, la bata, etc. Bueno, vale, esto es necesario, pero… ¿Sabías que? En Alemania, los padres no tienen que gastarse fortunas en comprar libros para la escuela; en el colegio se los prestan. Sólo los compras un curso y luego los donas a la biblioteca, que los va rotando entre los alumnos. Es lo NORMAL y LÓGICO. En España lo normal es hacer un negocio de la educación, tanto en escuelas privadas, como concertadas e incluso públicas.
Y ahora vamos a lanzar otra pregunta: ¿De qué sirve cargar las mochilas de nuestros niños y niñas con libros de gran contenido curricular si la gestión emocional queda en segundo plano? ¿De qué sirve saber todas las capitales europeas si no sé detectar qué me pasa cuando me enfado? La educación emocional parece que está de moda, pero espero que sea de esas modas que vienen para quedarse. En la escuela donde trabajo le otorgamos a la educación emocional un carácter transversal (no hay “una hora” de educación emocional a la semana, como si fuese una asignatura más, sino que es algo de lo que se impregna cada minuto el aula). Así que, si los niños salen al patio y hay alguna pelea, por ejemplo, se detiene lo que haga falta para hablar sobre el conflicto y hacer que los implicados lleguen al concepto del Respeto y lo practiquen.
Las mochilas, protagonistas de la vida en las escuelas. A veces vienen cargadas de miedos, a veces vienen llenas de alegrías…. Y sólo algunas veces van llenas únicamente de libros.
No podía faltar un comentario sobre la pandemia. La pandemia ha afectado al día a día de las aulas y de los centros. Lo que más se ha visto afectado es el ámbito social, fundamentalmente en los patios, que tienen zonas limitadas para cada grupo burbuja. Y el hecho de no poder mostrar tanta cercanía con abrazos y besos. Pero niños y niñas son los que más concienciados están y creo que nos han dado una lección. Ahora bien, que esto no nos impida soñar en cómo será la escuela del futuro: La escuela ideal debe ser una donde lo más importante sea la experimentación propia y el aprendizaje manipulativo y significativo. Adiós a las fichas y a los libros. El alumnado necesita explorar con sus propios sentidos el entorno que les rodea y ese propio entorno nos puede proporcionar gran cantidad de recursos para fomentar el desarrollo de los alumnos y alumnas.
Opino que el sistema educativo necesita una gran renovación. Es preciso que se forme al profesorado no solo en el ámbito académico, sino también, y más importante, en lo afectivo. En estas edades (infantil y primaria) es clave trabajar la resolución de conflictos, las emociones, la autoestima… Son aspectos que tienen que estar bien consolidados.
Como profesora de Educación Especial creo que el desafío más importante, del cual se habla mucho en los últimos años, es la inclusión. Pero la inclusión educativa verdadera. El hecho de que podamos tener en el aula a alumnado con una singularidad funcional propia y que eso favorezca de verdad al conjunto. Que aprendamos de las demás personas y sepamos que la diferencia enriquece. Y, para eso, además de inculcar valores, es muy importante contar con profesionales especialistas en las aulas que faciliten la inclusión.