NOTAS SOBRE EL HUMOR Y LA FILOSOFÍA

Cuando daba clases y no conseguía que mi alumnado se riera con ganas al menos una vez llegaba a sentirme mal. El humor es un buen recurso didáctico: genera cercanía y nos ayuda a empatizar. Muchos grandes filósofos gozaron de un gran sentido del humor y la historia del pensamiento está repleta de divertidas anécdotas al respecto; incluso se han publicado libros sobre ello. Así, sabemos que cuando le preguntaron a Diógenes por el momento preciso en que una persona debía ponerse a comer (extraña pregunta formulada a un filósofo) aquél contestó  que “Depende: si eres rico, cuando quieras… si eres pobre, cuando puedas”. También nos han contado que un buen lunes, cuando Descartes almorzaba con fruición en una taberna, hubo quien le afeó que se entregara al pecado de la gula de forma tan entusiasta; la réplica del sabio francés no se hizo esperar:“¿Qué pasa, que solo los cerdos y los idiotas pueden disfrutar de estos  manjares?”. Igualmente ha llegado a nuestros oídos que, en cierta ocasión, Voltaire se quitó el sombrero al paso de una procesión con un cristo crucificado y alguien le recordó su talante irreverente, ante lo cual él reaccionó diciendo: “Cristo y yo no nos hablamos, pero nos saludamos por educación”. En fin… si alguien tiene especial interés en conocer anécdotas similares, le recomiendo la lectura de “Estupidiario de los Filósofos”, de Jean-Jacques Barrère y Christian Roche. En todo caso el humor no es fácil y lo es menos aún en la didáctica; hay que saber no solo cómo, sino también cuándo y (sobre todo) por qué… Se requiere sentido de la oportunidad, reconocimiento del contexto e intuir en qué momento se ha de acabar la broma. Algunos creen que el sentido el humor es innato; quizá… pero la experiencia y la buena voluntad son claves para desarrollar la capacidad de provocar risa sana, constructiva y creativa. Por mi parte he querido contribuir con un articulito construido a base de… ¿chispazos?; yo no los llamaría aforismos pues eso es cosa de sabios.

1. La risa

1.1. Con el tiempo he conseguido aprender a reírme de mí mismo. Creo que no debemos tomarnos demasiado en serio y tampoco darnos tanta importancia (ni como individuos, ni como especie).

1.2.  La reflexión filosófica sobre la vida debería cabalgar siempre sobre la risa… como parte de un estimulante ejercicio de humildad.

1.3.  Reírse es muy saludable: favorece las dos digestiones (la fisiológica y la intelectual).

1.4.  Dios, suponiendo que haya alguno, seguramente también se ríe.

1.5.  Un pueblo que no se ríe está condenado a no enmendar sus errores.

1.6.  La risa solamente debería preocuparnos cuando acechan los fantasmas de la burla y del escarnio.

1.7.  Las grandes teorías se nos muestran como cargadas de razones. La risa siempre aparece cargada de motivos… Y en ocasiones los motivos son superiores a las razones. Suele suceder que la razón nos ayude a sobrevivir… pero la risa nos ayuda a vivir.

1.8.  Es relativamente sencillo hacer llorar a una persona; lo verdaderamente difícil es conseguir que se ría con ganas.

1.9. Algunos pueblos del ártico llaman “reír juntos” a las relaciones sexuales. Deberíamos reflexionar sobre ello.

2.  La sonrisa

2.1. La sonrisa es quizá lo que más nos distingue de las plantas y de las demás bestias. Pero echo de menos, en los adultos, la limpia sonrisa de los niños.

2.2.  Cuando sonreímos nos reconciliamos con la vida.

2.3.  Mis mejores maestros eran generosos con la sonrisa propia y receptivos con la sonrisa ajena.

2.4.  Hay que aprender a sonreír con los ojos.

2.5.  Uno de mis grandes amigos, biólogo, me dijo que (a veces) hasta los pájaros sonríen… Y si sonríen los pájaros, ¿cómo no íbamos a sonreír las personas?

2.6.  Existen sonrisas de primera intención y sonrisas de segunda intención. Pero también existen las sonrisas de autocomplacencia.

2.7.  Llamo “sonrisa de primera intención” a aquella que trata de establecer contacto pre-creativo, que se caracteriza por la pura intersubjetividad. Y “sonrisa de segunda intención” a la que intenta conseguir una reacción concreta del interlocutor.

2.8.  Una sonrisa de autocomplacencia denota un ego demasiado inflado como para que un interlocutor inteligente y sensible pueda tomársela en serio.

2.9.  Sonreíd sin miedo a que os salgan arrugas y pliegues. Si no hay arrugas en el rostro ni pliegues en el cerebro, mala señal: porque ni habréis vivido, ni habréis aprendido, ni habréis sufrido; pero tampoco os habréis divertido.

3. El chiste

3.1.  En ocasiones un chiste puede tener más valor didáctico que un tratado de metafísica o que una teoría científica.

3.2.  Una actividad filosófica de calidad va siempre ligada al ingenio; y aquí el chiste adquiere una relevancia fundamental ¿Las claves? Usarlo en el contexto adecuado con sentido de la oportunidad y dejando que fluya la intuición emocional abriendo camino a la empatía. Un alumnado aburrido puede despertar mediante un chiste que conecte la situación y el momento didáctico en el que nos encontremos.

3.3.  Las anécdotas divertidas de los filósofos (más frecuentes de lo que mucha gente cree) poseen un enorme potencial contextualizador que puede servir para conectar con la filosofía anulando,  neutralizando, o conjurando el aburrimiento.

3.4.  El chiste es una excelente terapia: la vida es demasiado corta como para permitirnos el lujo de estar enfadados.

3.5.  Conocí a un sujeto tan serio y tan circunspecto, tan vitalmente aséptico que cada vez que alguien se proponía contarle un chiste él corría al baño para ponerse un preservativo.

3.6.  Un buen chiste, como una buena clase de filosofía, le deben mucho al tema, al tono y a la capacidad de sorprender.

3.7. Impactar humorísticamente con lo que alguien cuenta tiene muy poco (o nada) que ver con la hilaridad.

3.8.  Cuando me preguntaron (con bastante mala intención) por el día internacional de la filosofía se me ocurrió responder que ese sería “el día menos pensado”.

3.9. Para filosofar es necesario dudar (entre otras cosas); pues bien: había un sujeto tan “pequeño” que no le cabía la menor duda. Moraleja final: dudad siempre de aquéllos que nunca dudan… y que no se ríen.

Txesko C.

Un comentario en “NOTAS SOBRE EL HUMOR Y LA FILOSOFÍA”

  1. Que buen artículo.

    Estoy de acuerdo con muchas cosas.

    Dicen que en teatro, es mucho más difícil hacer reír que hacer llorar. ¿Qué pena no, debería ser al revés?

    En los colegios nos enseñan muchas cosas, estudios, asignaturas, etc. pero no nos enseñan a como encarar la vida, en como darle otro enfoque, no tanta aptitud sino más actitud.

    ¿Porqué nos cuesta tanto reír? porque reír y sonreír no es lo mismo. No es lo mismo que nos duela el estomago de reírnos por un buen chiste o un monólogo, una cadena de chistes basados en la vida real con toques de sarcasmo; a sonreír como muestra de amabilidad, por cortesía, sonreír para que no nos noten nuestros pesares internos. Que dicho sea de paso, una sonrisa en los momentos más duros de una persona, es la más bella, porque es la que más cuesta.

    Reír, debería ser la asignatura obligatoria de todo ser humano, pero a veces se torna difícil.

    Deberíamos hacer más autocritica, reflexionar. Filosofía y humor, no son mala combinación, una te ayuda a replantearte la vida de otro modo y el humor, hacernos disfrutar de los buenos momentos, es verdad que muchas veces el humor nos sale solo, y a veces en el momento menos inoportuno.

    Cuando éramos niños reíamos más a menudo, porque no teníamos problemas, la vida era más sencilla, pero queremos ser mayores; sin embargo, cuando somos mayores nos olvidamos de cuando éramos niños, no deberíamos abandonar nunca a ese niño/a que llevamos dentro, ese que sacaba una sonrisa por lo más insignificante.

    Bueno, hasta aquí llega mi aportación.

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