Chamanas, cazadoras, creadoras de vida

Desde que tenemos constancia de su existencia como disciplina, La Historia ha sido analizada y estudiada mediante una perspectiva androcentrista y muchas veces claramente manipulada. A pesar de los avances y descubrimientos de los últimos años a nivel científico, abordar el papel de las mujeres en periodos como la prehistoria se convierte en una ardua tarea que muchas veces da pie a variadas interpretaciones. Así pues, las representaciones gráficas y relatos de tipo novelado, son un instrumento empleado muchas veces para permitir imaginar nuestro pasado y la vida de nuestros ancestros. Y a estos relatos los dotamos de nuestros propios prejuicios.

Ante la falta de representaciones o descripciones escritas, la imagen de la mujer se crea teniendo como base una serie de asunciones y convencionalismos que describen la realidad social actual, o bien las realidades sociales del momento en que esas imágenes fueron creadas. Por tanto, la visión Androcentrista dominante ha marcado el modo en el que las mujeres han sido descritas a lo largo de la historia. Débiles mujeres escasas de ropa, sobre caballos con crines ondeando al viento, señoras prehistóricas arrastradas por los pelos por sus «esposos» (por llamarlos de alguna manera), o dulces recolectoras de frutos en parajes idílicos.
¿Pero quién nos dice que las mujeres prehistóricas no han podido llevar a cabo otras tareas? ¿Quién nos dice que no eran realmente respetadas como símbolos de fertilidad, fuerza y vida, mucho más de lo que lo somos ahora? ¿Y si las imaginamos de otra manera? Sabemos que las sociedades prehistóricas eran mucho más igualitarias.

Las paredes pintadas de las cuevas paleolíticas han sido asociadas al trabajo masculino de recreación de la naturaleza más próxima, con un sentido difícil de dilucidar. Las propias figuras humanas en las paredes han sido aceptadas como masculinas, aunque la mayoría de veces, parecen asexuadas. Chamanes, cazadores, jefes de tribu, exploradores, talladores de piezas líticas…todos hombres. La distribución de tareas entre aquellas de prestigio (para hombres) y aquellas desprestigiadas y pasivas (las de las mujeres) parte de la imagen actual que muchas personas han adquirido, asumido y normalizado, dentro del más que extendido patriarcado.
Según un estudio del periódico ABC, en su sección de ciencia, la aparición de la mujer en contextos prehistóricos, a nivel audiovisual entre los años 2000 y 2019 (documentales y algunos cortos) es claramente inferior a la de los hombres. Estos aparecen representados en el 54,8% de las veces mientras que las mujeres lo hacen en un 26,67%, los niños en un 6,49% y las niñas en un 4,08%. Proyectamos sobre la prehistoria nuestra propia ideología y la convertimos en una realidad científica.

Pero la Ciencia siempre permite rebatir hipótesis, hipótesis basadas en el estudio y el análisis de los datos extraídos de las excavaciones, de la distribución espacial de los materiales, de la presencia de restos a veces dentro de un contexto inesperado. Si la Ciencia permite rebatir a la Ciencia, dar la contraria a imágenes irreales a través de la disciplina, debería ser mucho más fácil ¿o no?.

En años 70 del pasado siglo, con la denominada “segunda ola del feminismo” surgió la arqueología feminista, que se desarrolló especialmente a partir de los años 80 y hasta nuestros días. Esta corriente, compuesta por un gran número de prestigiosas y comprometidas científicas y científicos, se propone acabar con estas visiones discriminatorias de la mujer en la Prehistoria.

Y así actúa la ciencia arqueológica: hace unos años se descubrieron varios enterramientos de unos 8000 años de antigüedad, en el continente Americano. Se asociaban claramente a contextos cinegéticos, en los que 11 mujeres y 15 hombres habían sido inhumados junto a sus herramientas de caza.

Algunos estudios relativamente recientes, realizados en cuevas de Francia y España, han determinado que las manos pintadas en las paredes, realizadas mediante la técnica del soplado (consistente en soplar con la boca o con un aerógrafo la pintura sobre la mano apoyada en la roca, dando lugar a manos “en negativo”) demuestran una tipología particular. Las características de las manos femeninas, en especial en lo relativo a la longitud de los dedos, se encontraban representadas en un porcentaje muy alto. ¿Y si ellas eran las pintoras? ¿y si eran las dadoras de vida, de fertilidad, de supervivencia y por ello, ocupaban el puesto más alto de la jerarquía social en un momento en que la vida y la muerte se separaban por una delgada línea? ¿y si vivían en una sociedad realmente igualitaria?

A principios de la década de los 80, el arqueólogo Lars Larsson descubrió en la tumba número XXIII del yacimiento mesolítico de Skateholm, en Suecia , dentro de contexto de un gran número de sepulturas, un enterramiento singular. Se trataba de un esqueleto con un ajuar distintivo. La mujer fue enterrada erguida, sentada con las piernas cruzadas en un lecho de astas. En la cintura llevaba un cinturón fabricado con más de 100 dientes de animales y un gran colgante de pizarra en el cuello. Tenía los hombros cubiertos con una capa corta de plumas. Gozaba sin duda de una posición predominante en esa sociedad, tal y como reflejan los objetos con los que fue enterrada ¿y si ella era la chamana?¿y si era la jefa del grupo? ¿y si era la anciana venerada?

Queda claro que nuestros propios prejuicios han servido para crear una imagen de la mujer prehistórica (y de la mujer en todas las épocas) muy alejada de la que realmente fue. Las películas, los cómics, los libros y la Historia que se ha enseñado en las escuelas, no se ajustan a la realidad. Nos queda crear una historia real. Hemos de superar las visiones discriminatorias atendiendo a la realidad científica y a la creación de una teoría feminista de la Ciencia que analice a sus protagonistas desde una perspectiva igualitaria. Eran chamanas, eran cazadoras, eran dadoras de vida y partícipes de la supervivencia del grupo, como madres, como mujeres…como figuras importantes de la historia.

Sobre Leticia Menéndez Granda:

Doctora en Historia, especialidad en Arqueología Prehistórica. Máster Internacional en Arqueología del Cuaternario y Evolución Humana y doctorado inter-universitario en Arqueología Clásica. Ha participado en excavaciones nacionales e internacionales como Atapuerca, Orce, Abric Romani, L’Arago…siendo directora en alguna de ellas. Obtuvo un contrato predoctoral y ha sido investigadora en el Instituto Catalán de Arqueología Clásica y Evolución Social y publicado artículos en diversas revistas científicas, tanto a nivel nacional como internacional.

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