La escena de la presidenta Ayuso, llamando a la oposición «aburridos» es sólo un síntoma de una política y la democracia que se ha convertido en espectáculo. La izquierda, atrapada en su propio consumismo político, alejada de la calle, debe recuperar conexiones auténticas. No se trata de entretenimiento, sino de volver a las raíces de la lucha.