El deseo de etiquetarse a menudo es malinterpretado, especialmente en el contexto de neurodivergencias y identidades LGBTQI+. Negar diagnósticos limita el acceso a adaptaciones necesarias y recursos. Reconocer la diversidad no es un acto de estigmatización, sino una reivindicación de derechos y una respuesta a las viejas normas sociales que deben ser cuestionadas.