La controversia sobre si separar la obra del autor es un dilema que atormenta a los amantes del arte con la Ética y la Estética. Las acusaciones contra figuras como Neil Gaiman generan una rabia interna; entre el espectador investigador y el lúdico, se revela la dificultad de disfrutar sin ser arrastrados por la moral del creador. ¿Vale la pena el sufrimiento por el arte?