El ascenso y la caída del Tejón Zanahorio y sus Secuaces de la Madriguera

There’s a Starman waiting in the sky

He’d like to come and meet us but he thinks he’d blow our minds…

Bowie, en 1972, un excéntrico ARTISTA —digo artista en mayúsculas y no músico ni compositor porque ni su aura ni su talento tenían cabida en nuestro planeta— lanzó al mundo las palabras que preceden a este artículo. Hablo de “Starman”, del álbum The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars. Un trabajo exótico y, si cabe, atemporal; una de esas obras que, por más que se analicen, nunca dejará de recibir nuevas interpretaciones. 

Sin embargo, aquí la cuestión principal es que hay un hombre de las estrellas esperando en el cielo ansioso por conocernos; un visitante que no se atreve a poner los pies en la Tierra por temor a lo que pueda sucedernos. Ahora bien, ¿qué pasaría si lo planteásemos desde otra perspectiva? ¿Y si en lugar de protegernos de los misterios cósmicos, lo que está haciendo el hombre de las estrellas es protegerse a sí mismo del Tejón Zanahorio y de sus Secuaces de la Madriguera? 

Para quienes conozcáis a Bowie, sabréis que, dentro de la excentricidad del panorama musical, destacaba porque parecía observar la sociedad desde fuera, como un principito en el mundo de los hombres adultos. Alerta spoiler, no existen ni el principito ni Starman; sin embargo, de existir, ¿qué pensarían de nosotros? Bien, no soy el ser más lúcido del mundo, pero me temo que la imagen que proyectamos no es muy alentadora. Pronostica un futuro distópico que, por deformación friki, todavía se me hace apetecible por dos razones. La curiosidad y ese lado subalterno que no descarta vivir sus últimos suspiros bajo la lluvia incesante y los carteles de neón de un mundo ciberpunk como el de Blade Runner (1982), de Ridley Scott.

Como viene siendo habitual en mí, aquí el tema principal no es la composición de Bowie, El principito o la película de Scott. Introduzco muchas imágenes, sí, pero necesarias para describir no solo el camino que nos aguarda, sino también para entender qué representan el Tejón Zanahorio y sus Secuaces de la Madriguera. Basta decir que son seres que no se reflejan en los espejos y, sin embargo, son el vivo retrato de una sociedad que no busca la prosperidad sino tener a alguien a quien achacarle sus desgracias. Si llegados a este punto seguís preguntándoos de quién estoy hablando, solo tenéis que encender el televisor, sintonizar la radio o leer los artículos de mis colegas en esta misma revista: “Una invitación a despertar y a actuar: presentación”, de Txesko, y “El juego se libra aquí y ahora”, de Bárbara, que por cierto los describen y detallan mucho mejor que yo.

Ahora bien, no pretendo competir con mis compañeros en análisis político; más bien prolongar su eco. Mi camino, como viene siendo habitual, será otro: dibujar la siguiente sátira con imágenes de la cultura pop para que cada uno juzgue desde su posición; bastante nos manipulan ya como para venir yo ahora a deciros lo que tenéis que pensar. Dicho esto, me conviene aclarar que no he perdido la cordura al relacionar las imágenes que introduzco con asuntos de escala internacional. Loco es el narcisista que pretende escribir la historia con su nombre en la cabecera. Locos son aquellos que manejan los hilos desde sus despachos, con una copa de brandy y un habano, decidiendo el futuro de miles de personas. Los que no tienen escrúpulos. Los mismos que carecen de integridad. Aquellos que apuestan vidas humanas como si fueran fichas de póker. En última instancia, son los protagonistas de un espectáculo mediático que ellos mismos están rentabilizando. Y, como todo espectáculo, no les basta ocupar el escenario, también quieren escribir la crónica de los aplausos futuros.

Rara vez los seres humanos han tenido constancia de estar viviendo una época destinada a ser recordada. Se conformaban con vivir el día a día y tener algo que llevarse a la boca antes de acostarse. Si, por el contrario, hoy conocemos ciertas figuras, no es porque fueran conscientes de pertenecer a un determinado tiempo concreto, sino porque querían hacer historia; ser grandes y subir a las estrellas.

Hoy en día el contexto ha cambiado, para bien o para mal, somos conscientes de que nuestro tiempo ya se está redactando. Y eso, queridos lectores, también lo sabe el Tejón Zanahorio y sus Secuaces de la Madriguera. Pero, a diferencia de nosotros, ellos no se conforman solo con pertenecer a un capítulo determinado del relato, sino que, además, pretenden reescribir el siguiente. Ahí radica la diferencia. Quieren ser recordados como los mesías; los salvadores de este mundo que se resquebraja día a día. Pretenden socavar los cimientos de nuestra sociedad para reconstruirlos de nuevo a su imagen y semejanza. La de un ídolo ególatra. Una imagen de vanidad efímera y miseria moral.

Así como Bowie terminó por matar al personaje que había creado para poder salir adelante, nuestros protagonistas, que aún están posando, caerán con el disfraz puesto con tal de aparecer en los futuros libros de historia. Lo que todavía no saben es que no aparecerán como los salvadores mesiánicos que se creen, sino como los responsables de un nuevo mundo que necesitará de la esperanza de un hombre de las estrellas para que los guíe hacia un nuevo porvenir. 

Año 2125. Bienvenidos a Introducción a la Historia Ciberpunk. Capítulo 1: Cómo el Tejón Zanahorio y sus Secuaces de la Madriguera quisieron conquistar las estrellas y terminaron ahogándose en su propia vanidad.

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