Elon Musk y el poder en Silicon Valley

No es que tenga especial predilección por todo lo que representa EE. UU. incluso os tengo que admitir que tengo especial animadversión a todo lo que venga de esa «pequeña» pero poderosa parcela del mundo. Pero creo que es necesario hablar de ello a falta de una semana para que cambien de presidente. Tengo que admitir que parece que no tenga otro tema del cual hablar, ya que mi anterior tema también hablaba de los mismos personajes. Pero es que, por desgracia, todo lo que pasa en ese continente ha conseguido en algún momento de la historia contagie aquí. Incluso ha conseguido que todos los conflictos que se han dirimido –y que ellos estaban perfectamente involucrados- se hayan resuelto fuera de sus fronteras. Siendo ellos, descendientes de ingleses y europeos.

Incluso mirando en el momento actual, también tenemos esa especie de mantra que se va repitiendo a lo largo de la historia. Una especie de idea de malmeter las narices donde nadie le llaman. Recordemos el intento de invasión de Bahía de Cochinos orquestada desde los EE. UU. hasta el montaje de una internacional reaccionaria, con el impulso (más todavía) de alguien del continente “hermano”. Pero a diferencia de lo que teníamos en anteriores momentos, todo venía de la famosa casa blanca, pero este momento es diferente, hoy nos viene desde un trastero de Silicon Valley o, mejor dicho, desde las oficinas ya no tan “idílicas” del sueño americano de X (antiguo Twitter). Si… Queridos lectores… Ese ser que parecía tan “bonachón”, hasta un cierto punto “tontorrón”.

Pues bien, queridas, ese niño tontorrón (o no), no voy a ser yo quien lo dude, ya no parece tanto (o si). Dejando atrás las apreciaciones personales. Diremos que estamos hablando de Elon Musk. Yo si tuviera un Tesla, tendría algo de cuidado no vaya a ser que mientras estés conduciendo no te salten videos de Criptobros y entre parking y compra, no vaya a votar a “Se acabó la fiesta”. 

Dejando bromas aparte, su gran megalomanía al más estilo Hitler, o Cesar, no deja de ser algo preocupante. Ya que desde sus aposentos de Silicon se le ha metido en la cabeza el intentar hacerse dueño al más estilo juego del Risk de otros países. No es algo que nos sorprenda, ya que desde Rusia y con igual estrategia en forma de valores reaccionarios y conservadores intentan extender sus formas de comprender el mundo. Pero a diferencia de Rusia y su política (y no hay tanta diferencia), lo que vemos en EE. UU. es una gran llamativa forma de posesión de las instituciones y de garantizar unas formas de gobernación óptimas para satisfacer las necesidades de un puñado de nuevas empresas tecnológicas.

Y esto sí que es diferente. Pero tampoco tanto. Recapitulemos unos cuantos siglos atrás, casi en la creación de los EE. UU. y la constitución de 1787. Y desde Europa, pondremos en zoom en la creación de los estados absolutistas.

Estos tipos de estados, o formas de gobernación se crearon como elemento perfeccionado de los sistemas sociales y políticos heredados de la época medieval, con un único objetivo de contener a las masas campesinadas bajo control total. Pero ¿por qué se llaman estados absolutistas? Porque el rey tenía el absoluto control del sistema político y social, solo él tenía la absoluta voluntad de controlar los sistemas de opresión y agresividad a través de sus ejércitos sobre todo en la primera parte del siglo XVII ya que posteriormente la cosa fue cambiado, seguir leyendo. Pero… surgió un antagónico… La nueva burguesía.

Una nueva clase social que pedía paso y que se había hecho un gran “parné” gracias a las nuevas tecnologías y sobre todo al gran auge de la exportación. Poco a poco la burguesía impregno los grandes palacios y los grandes salones donde se decidían las cosas, y después de muchas idas y venidas se dieron cuenta de que entre los grandes reyes y la burguesía tenían mucho más que los unía que los separaba. Y así queridos lectores se crean los estados modernos. Los grandes príncipes se dedicaron a vender cargos nobiliarios, se empezaron a formar y crearon lo que en la actualidad es el gran aparato del estado. El ejercido, la burocracia…

¿Bonita historia no? Sinceramente, no tanta… Ya que este sistema se ha traído hasta nuestros momentos. Lo que tenemos en la actualidad, es una vieja capa social ilustrada que se hizo con el poder en aquellos años, y que todavía (aunque menos) tiene su poder en las manos, familias nobiliarias, burguesía industrial y toda una serie de tejido empresarial que continúa manejando los hilos del sistema capitalista. Pero llegan nuevas capas, y nuevos empresarios, que lo que buscan es “simplemente” un trozo de pastel.

Mejor dicho “un gran trozo de pastel”. Pero con otras ideas, criados en el sistema capitalista tecnológico, poco dado a la moral y que solo sabe mirarse su “propio tweed”. Unos empresarios que se nutren de personas que solo escuchan si confirman su regla, y que mejor que se lo digas todo por un Tweed, porque si se lo dices a la cara es demasiado humano. Y con pocos escrúpulos a utilizar depende que teorías políticas si estas han causado demasiado dolor en el pasado. ¡Qué más da! ¡Yo no lo viví!

Pues aquí estamos. Queridos lectores, somos herederos de lo que siempre fuimos, de una lucha burguesa por ocupar unas posiciones sociales que les aseguran el mantenimiento del poder. Pero querida paleta y cajera del Mercadona, obrero de la industria o medio cargo directivo. Por mucho que te encapriches nunca vas a llegar a ello, no los defiendas, precisamente el sistema está hecho para que tú no llegues, no les hagas el juego. Y recuerda eres heredero de aquellos campesinos, lo que pasa que, a diferencia de aquello, antes la mula tiraba del carro, y quizás ahora seas tú la mula que tira de su carro. Un carro Tesla y una bonita manzana colgada de un palo en forma de idealizar lo que nos venden en Instagram.

Un saludo y este coctel un poco amargo os lo ha ofrecido Rodrigo Trinidad Morán  

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