Galleguismo o Catalanismo. O lo que es lo mismo ¿Qué hay de lo mío?

La convulsión que está viviendo la política en los últimos tiempos es altamente interesante para los que nos gusta, y en cierta forma nos dedicamos a ello. En nuestro territorio, es mucho más apasionante, ya que añadimos otros debates externos – que también se dan en otros continentes y son transversales- y que en nuestro territorio se mezclan con debates lejos de cerrarse. ¡Si amigos! ¡La nación de naciones!

Las pasadas elecciones gallegas no dejan de ser parte más de una larga muestra donde nos damos cuenta que las cosas están cambiando, y sobre todo en el espectro del eje de la izquierda.  Tenemos una izquierda o un progresismo tirado totalmente al nacionalismo. Caso curioso porque hasta ahora se había entendido que el obrero era de luchas internacionales y los discursos habían ido hacia una internacionalización y vinculación de sus luchas de forma colectiva. Recordemos aquella famosa consigna de Marx donde decía;

“Los obreros no tienen patria. No se les puede arrebatar lo que no poseen. Más, por cuanto el proletariado debe en primer lugar conquistar el Poder político, elevarse a la condición de clase nacional, constituirse en nación, todavía es nacional, aunque de ninguna manera en el sentido burgués.”

¿Qué une más que el dinero del proletario? Esa es la gran victoria del capitalismo en la actualidad, de cara a una clase trabajadora. Estar más pendiente de tu bolsillo que no te llega para pagar los libros de tu hijo, que de preocuparse de ver si al vecino tampoco le llega. Esa es la gran victoria ¡y de lo mío qué?

Este discurso está también muy vinculado al discurso político ya que recordemos que la política no deja de ser una herramienta con la cual nos gobernamos y nos gestionamos entre todos y que entre todos hemos decidido que es la mejor manera de llevar esto que se llama sociedad. Así que nuestros pensamientos hacen cosas (como los catalanes) y de esas cosas nacen los partidos políticos.

El nacionalismo actual no deja de ser un reflejo de una clase trabajadora de nueva horna. Una nueva clase trabajadora que no se siente vinculada a los viejos partidos nacionalistas típicos como pueden ser el PP de Fraga en Galicia, o la antigua CiU de sus padres en Catalunya. Un nacionalismo mucho más social y progresista que comulga con aquellas ideas progresistas y centradas en el “yo” que no se han sabido gestionar correctamente hasta ahora y que pide lo que pedimos todos…

Más sanidad, más educación, entre otras muchas cosas. ¡Vaya! Lo que siempre había reclamado hasta ahora el votante menos nacionalista pero progresista.

Pero esto tiene un problema. Vivimos en un país o en un lugar que necesita de todos para poderse gobernar y que la política sirve para gobernarnos y para hablar y esos lugares no está en cada comunidad autónoma o ayuntamiento, sino que se da en un lugar común como es el congreso de los diputados. Y de ese congreso sale su representante, una persona que represente la mayor amalgama de ideas que se puedan dar en su sociedad. Se llama presidente.

Veo constantemente en muchos debates políticos a personajes de una trasnochada edad decir que los partidos se desploman, que van a desaparecer, que las cosas están cambiando. Pues bien, queridos “analistas”, las cosas cambian porque los votantes cambian, es lógico. Y os voy a decir algo. El que consiga representar a toda esa amalgama de ideas y encontrar los vínculos de unión entre ideas tiene su futuro asegurado como político.

Vamos hacia una sociedad cada vez más fraccionada, cada vez más unitarista y menos colectivista. Vamos hacia un sistema del cual los grandes partidos centralizados irán desapareciendo y solo aparecerán para armar una estructura que consiga hacer funcionar una maquinaria que active los vínculos discursivos de las pequeñas facciones políticas de los territorios.

Y eso lo supo leer perfectamente partidos como Podemos en su momento, y ahora Sumar. No queriendo convertirse en un partido político unitario y generalista en todo el estado, y acaparar dentro de su paraguas las diferentes corrientes nacionalistas y progresistas que se puedan ir dando (cada 4 años) una mayoría en la cual poder trabajar esos discursos progresistas. Pero en este caso con un gran error muy característico de los políticos y no de la política. Que algunos quisieron tirarse los pedos más altos que el culo. Y quisieron que su cara u olor se disfrutara en todo nuestro panorama estatal sin respetar los olores del prójimo o de tu compañera de alcoba.

Y en esa disruptiva se encuentra nuestro querido Pedro Sánchez, intentando hacer malabares para construir un discurso que ampare dentro de su paraguas, las diferentes ideas y vínculos que se puedan dar en los diferentes territorios y que entre sí no sean restables sino sumables, cosa que ahora Feijoo no tiene. Porque la gran necesidad y fortuna de la política, es que nos necesitamos entre todos para poder gobernar.

No soy yo un abanderado de la filosofía pragmática y de dar a los electores lo que quieren -como si de un Donut con azúcar glaseado e “instagrameable” fuera-. Pero alguien tiene que gobernar esto que nos hemos propuesto entre todos. Y lo que no podemos permitir es que gobiernen aquellos que nos recortan derechos y nos expolian las arcas públicas.

Ya se decía en mi pueblo: “con estos bueyes nos ha tocado arar”

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