Querido lector, ya hace más de dos semanas que el Presidente del Gobierno convocó elecciones -quizás no te habías dado cuenta- y como resultado, este lunes se ha producido uno de los mayores acuerdos en la historia de la izquierda progresista.
¡Ya tenemos acuerdo! -léase en tono irónico- Ya sabéis que me meto en todos los berenjenales políticos habidos y por haber, y creedme que ahora me he metido de cabeza en el debate.
Un debate realmente atroz entre unas fuerzas y otras a ver quién es más “Yolandaier”, quien es más “Pablayer”, quién es más… En fin… ya sabéis de que hablo. Y realmente es un discurso totalmente empobrecido, un discurso emotivo o irracional que lleva poco de reflexivo y de análisis. Soy de los que pienso que en la política se viene “pasionado” de casa, el corazón lo dejamos en casa. Aquí venimos a reflexionar, a analizar y a pensar por la gente que nos ha dado su voto para que gestionemos la vida pública que él no quiere gestionar. De eso se trata “por desgracia” el sistema representativo de nuestra democracia.
Pero una de las causas de este enfado mío, es que las cosas no van de análisis o de ideas, va de algo más “tonto” todavía, de personas. Y asistimos a lo mismo de siempre, a atomismo de la izquierda, una idea que nos definía ya Charles Taylor en las bases sociales de la autenticidad. Vivimos en una sociedad “empobrecida” buscando cada vez más “lo autentico” ¿Quién estaba antes Podemos o Pablo Iglesias? ¿Quién es más de izquierdas Podemos o Sumar? ¿Quién es más auténtico? Este ideal de autenticidad es más liberal y unitario que Feijó en el yate de traficante. Porque nos creemos que la gran virtud del ser humano es ser auténtico, de ser único y buscar esa “virtud” para quererla por encima de todas las cosas y así sentirse realizado.
Admitámoslo, nuestra sociedad está fragmentada y por consecuencia la política también. Las personas se cierran en ellas mismas y el individualismo empobrece la vida política. Por eso de nuestro título para este artículo: somos tan “auténticos” que hemos conseguido crear el liberalismo y la autodeterminación de izquierdas.
Triunfando esa idea de que la persona es más libre que el colectivo, que mi idea es más única que el resto, y que yo estoy por encima de los demás empobreciendo así el debate político. Porque para hacer política y ser Animales Políticos hay que dialogar, es la base del humano y la consecución del dialogo es el acuerdo. Es lo que nos ha llevado a ser el animal que somos en la actualidad, un ser apasionante.
Porque tal como decía Aristóteles:
“Es necesario que cada uno se esfuerce en ir en sentido contrario porque, alejándonos mucho del error, nos acercaremos al medio, tal como hacen los que enderezan las vigas torcidas.”
Aristóteles (1109 b). Ética Nicomaquea (vol I, pág. 211).