Quien haya leído El Rey Lear de William Shakespeare no encontrará en esta serie nada nuevo en cuanto a la mezquindad del ser humano se refiere, pero desde luego que experimentará con sus sentidos la mejor adaptación al siglo XXI de una de las historias más antiguas de la humanidad: poseer el poder a cualquier precio.
Ayer terminó Succession y con ello, probablemente una de las mejores series (y eso que iba para película en sus inicios) de lo que llevamos de siglo (a pesar de estar producida por Will Ferrer) y como casi siempre de la mano de HBO (MAX). Sí, sí, tal cual, de lo mejorcito. Ahora bien, tienes que aprender a verla.
¿Por qué digo esto? Porque todos, sin excepción, son insoportables. Te caerán mal. Los odiarás. ¡Ricos asquerosos! – Dirás -. Pero según pasen los capítulos, los comenzarás a “comprender” y a tenerles cierto cariño. Pronto elegirás a tú favorito (y seguramente lo vayas cambiando según acontezcan las situaciones) y sufrirás con él.
Dadle al play y con este lujo de BSO, empezamos.
Así, la familia Roy nos adentrará en el “fantástico” mundo de la jet set, de los multimillonarios, de los lujos sin limitaciones y de los pobres de espíritu. Nos abre las puertas de los confines del poder y todo ello servido por la familia que domina una de las empresas de medios de comunicación más importantes del planeta (como no de EEUU): Waystar Royco (dicen que no está inspirado en News Corp de Rupert Murdoch, pero se parece bastante…).

Un mundo fabuloso en que todo vale para pisar el cuello a la mínima oportunidad a tu contrincante, sea tu hermano o no, o tu propio padre, para ascender a la cima del poder. Esa cima está ocupada por el gran Logan Roy, el gran jefe de este emporio forjado con sangre (ajena si es necesario), sudor y lágrimas. Este personaje es la nota principal para que todos los demás comiencen su baile de cortejo. Interpretado por Brian Cox de forma magistral, probablemente estemos ante uno de los personajes más notables desde el mismísimo Walter White o el bueno de Tony Soprano. A veces para ser un ser despiadado no hace falta manchar tus manos de sangre y este es un claro ejemplo. Cosas del capitalismo neoliberal.
Tras 148 nominaciones, 52 premios en lo que se incluyen 5 Globos de Oro y 8 Emmys, los Roy han ido, demostrando que tener todo el dinero del mundo (y cuando digo todo es todo) no conlleva vivir plenamente, ni ser feliz, ni nada por el estilo. Todo lo contrario. Succession narra a la perfección la miseria humana de la forma más cruda posible. Se demuestra que el dinero no da la felicidad (todavía tengo mis dudas sobre este extremo) y que las tribulaciones que nos acechan son iguales independientemente del estrato social al que pertenezcas.

¿Y qué conlleva? Pues generalmente vivir angustiado por hacer más dinero, más poder y sobresalir cada día un poco más de entre el nido de víboras en el que se encuentran. Cuando eres pobre esto no pasa o ¿sí? Vaya que sociedad esta…
Succession narra a la perfección lo que os cuento. Mediante el uso de la cámara en mano (al estilo The Office pero un poco más tenso todo) consigue adentrarnos en esos ambientes totalmente asfixiantes, melancólicos, en los que la rapidez de movimientos, de respuestas y de toma de decisiones, deja al más preparado a los pies de los caballos sino actúa con celeridad. Al fin y al cabo, o comes o te comen ¿No? Por cierto, la serie, en la época digital, se ha rodado en 35 mm para darle ese encanto de lo antiguo. Simplemente una maravilla.
Cuatro temporadas (con algún que otro bajón de ritmo, también hay que decirlo) que nos llevan a conocer los entresijos de una de las familias televisivas más repulsivas de la historia y a averiguar quién sucederá al magnate. Al fin y al cabo, el nombre de la serie está claro…

Brian Cox como Pater Familias, frío y despiadado como el que más, Jeremy Strong como Kendall Roy, hijo “mayor”, estúpido, cocainómano y caprichoso y probablemente el más preparado (espectacular lo de este tío como actor, a pesar de que dicen que es un poco insoportable), Sarah Snook como Siobahn “Shiv” Roy, hermana de Kendall y petarda máxima, Kieran Culkin como Romulus “Roman” Roy (ojito con este chico), hermano pequeño de la familia y el que más líneas de texto hirientes, misóginas y homófobas tiene en la serie (todo ello para ocultar lo vacío que está por dentro), Alan Ruck como Connor Roy (este sí es el hermano mayor pero solo de padre), que por cierto es solo diez años más joven que su padre en la ficción, el gran Matthew Macfadyen (esposo de Shiv) como Tom Wambsgans, trabajador y pelota máximo del reino, Nicholas Braun como Greg Hirsch, primo de los Roy (papelón el que hace este mozo), Peter Friedman como Frank Vernon, asesor de Logan y directivo, Hiam Abbass como Marcia Roy, esposa de Logan, James Crownwell como Ewan Roy, hermano de Loga, entre otros. También aparecerán Alexander Skarsgard, como Lukas Matsson, Fisher Stevens como Hugo Baker, hasta ¡Adrien Brody!
Todos ellos excepcionales. Tanto que el propio Logan iba a morir en la primera temporada (nada es eterno ¡ojo!), pero no fue así por el papelón que se cascó Cox.

Esta es una de las grandes bazas de esta producción, sus actores y actrices. Todos soberbios. Sin excepción. También destacan sin duda alguna los diálogos, afilados, mordaces, con un humor negro y una capacidad de herir sensibilidades fuera del alcance de muchos e incluso los silencios, tan comunicativos como la frase mejor construida. Hay que reconocerles mucho a los actores, los cuales improvisaban gran cantidad de los diálogos de la serie, puesto que a la vista de lo bien que lo hacían los guionistas ya contaban con sus “morcillas”. Maravillosos. Que decir del famoso Fuck off! de Logan (el cual improvisó él mismo).

Para mi Roman se lleva la palma, sin duda. Un Crack. También destacar el papel de Greg, que parece más tonto que Abundio, pero oye… Algo similar ocurre con Tom, esposo de Shiv. Ya os digo que estos personajes secundarios, son el romance oculto de la serie, por la relación que ambos tendrán. Atentos a ellos.

Mención especial a la BSO. Lo que consiguen estas melodías no lo consiguen ni los directores mas bregados. Nicholas Britel simplemente es magistral. Hacer de escenas aparentemente normales momentos de una tensión sin igual en que al final no pasa nada más allá de tenerte tenso durante minutos interminables, es de gente que sabe hacer muy bien su trabajo. Esto hace este señor. Chapeau.
A pesar de ser una serie de lo que es, te ríes, disfrutas de los logros de los personajes (aunque los odies) y alucinas con las vueltas que dan las situaciones (que son unas cuantas). Jesse Amstrong, su creador, consigue una serie redonda en la que a pesar del contexto en el que es difícil identificarse para el común de los mortales, sin duda plasma perfectamente el alma humana, la cual es igual en unos u otros independientemente del dinero que poseas.
Ver como el devenir del mundo depende de un gran empresario de la comunicación (que pone y quita presidentes del Gobierno USA) y de su prole y no de un presidente elegido democráticamente, es algo que no debería sorprendernos a estas alturas, pero que en esta serie queda perfectamente reflejado y la verdad que da bastante miedito. Ver como personas completamente vacías en su interior, con serios problemas psicológicos a consecuencia de una total ausencia de cariño (real) y con comportamientos muchas veces psicópatas, son las que manejan el cotarro, pone de bastante mala leche…

En definitiva, aunque la familia es la familia (a pesar de todo lo que han vivido), cosa que queda muy patente en la serie, el poder corrompe al más pintado y cualquier cosa es viable con tal de conseguir el poder. Esto no significa que al final las cosas salgan como uno desea… ya sabéis, al destino le gusta jugar malas pasadas cuando menos lo esperas, a pesar de que pienses que por poderoso y rico lo tienes todo controlado…
Roman definía perfectamente a los personajes de la serie en uno de los diálogos finales: “Somos unos mierdas. No somos nada”.
Más razón que un santo.
Os sirve este cóctel (no capitalista a pesar de todo) José V. M. con todo el cariño como siempre.
