Ya han pasado algunos días desde la performance de estupidez machistoide-cañí del <<…salid de la madriguera, conejas”>> y “etcétera-etcétera-etcétera” (como en aquélla de Yul Brynner y Deborah Kerr). A estas horas es posible que ya se haya producido el blanqueamiento de rigor, o las peticiones (y aceptaciones) de disculpas porque “se nos fue de las manos, y tal, nos arrepentimos y esas cosas y bla-bla-bla-bla-bla”. Lo peor no es el episodio en sí mismo, sino toda la porquería que se esconde debajo de algunas alfombras; así, mal haríamos en ocultar el “evento” en ese baúl de los olvidos tan típico de España… y tan nefasto, por cierto. En LaTaska nunca perdemos la oportunidad de contribuir a una acción pedagógica que en estas latitudes necesitamos como el comer o el beber (pues nos va literalmente la vida en ello) así que me voy a tomar la libertad de escribir una coseja en nombre de toda la buena gente, ¿verdad que me dejáis?.
No, no son bromas. Y no, gritar <<sieg heil!>> ataviados con pañuelos en la cabeza tipo-Rambo no es un inocente rito iniciático de la vida universitaria normal-y-corriente-y-moliente. No, no son “cosas de chavales” como tampoco lo son los alaridos o rebuznidos (ya, ya sé que se dice “rebuzno” pero no quiero ofender al los nobles y admirados asnos) que hablan de conejas y follamientos en una capea… De una vez por todas: ¡No son inocentes cosas de chavales!¡NO!. Es ideología, es violencia, es apología de la agresión machista, es vitorear y ensalzar al paradigma del genocidio y del holocausto por antonomasia, es barbazulismo puro y duro, es un tipo de barbarie que haría sonrojar de vergüenza ajena al más brutal guerrero de las antiguas hordas de Atila.
Y sí, como se ha venido diciendo en redes sociales, esos sujetos, esos personajillos, esos aprendices aventajados de la indigencia moral, perteneciendo como pertenecen a las elites más macho-álficas de estos andurriales (o mamandurriales, que dirían la Doña y su pupila más sobresaliente, que se nos ha quedado algo muda en esta ocasión) y para desgracia de esta sociedad nuestra, se van a poder permitir el lujo asiático de prepararse durante años y años para ser jueces, notarios, fiscales del distrito o altos ejecutivos de las altísimas finanzas (por ejemplossss) porque papaíto-que-tanta-pasta-tiene pagará su manutención hasta que consigan un puesto digno de su elevada alcurnia. Y desde ese puestecillo podrán ejercer impunemente su derecho (?) de pernada tanto en el sentido metafórico como en el literal propiamente dicho así, literalmente y hasta literariamente o incluso desde la litera de un faraón (valgan la rebuznancia y la repugnancia.)
He comentado el “evento” con antiguas alumnas, algunas todavía veinteañeras, incluso con mi hija (veinteañera también) y varias amigas suyas y os puedo asegurar que a ninguna de ellas le ha parecido que “eso” fueran bromitas sin importancia; ninguna me ha dicho que estemos sacando las cosas de quicio o de contexto. Y en cuanto a los alaridos vitoreando a la Bestia de Braunau, ninguno de mis no tan antiguos alumnos (chavales normales, estos SÍ) consideró que fueran parte de un ritualismo de rebeldía iniciática sin más recorrido que el hecho puntual de proferirlos. En serio: Si alguien vocifera aquello de <<sieg heil!>> es porque realmente se lo cree, es porque comulga con el trasfondo del eslogan y todo lo que representa.
Y ahora sí, tras la presentación de los hechos y lo que tales hechos conllevan, hagamos un poquito de pedagogía con la esperanza de que no necesitemos también la cirugía: Mire usted, joven: eso que le han contado de que “una buena dictadura es mejor que una democracia defectuosa” es falso por la sencilla razón de que ninguna dictadura puede ser buena; a un tirano, por definición, no se le elige sino que éste se impone siemmmmpre (aunque usted crea que no) y llegará al poder mediante la fuerza, el engaño o ambos. Si entiende esto que acabo de escribir, criatura, y aún así usía está de acuerdo con el autoritarismo entonces debo dar por supuesta su complicidad con esa tiranía que tanto le agrada y defiende… Pues bien, joven: me tendrá usted enfrente y le combatiré incluso a pesar de mi edad. En fin, sigamos… Escucha un momento, jovencita: si aceptas que un individuo te grite “sal de la madriguera, coneja, puta ninfómana” y que, en tono igualmente energuménico, te asegure que “follarás en la capea” y te tomas broma ese y otros “cariñines”, con el añadido de que el sujeto en cuestión pudiera ser también uno de quienes jalean el nazismo, si le quitas importancia, si te conviertes en negacionista en suma, estarás contribuyendo a la causa de los barbazules (y no de los príncipes-azules, que por cierto jamás existieron). Me podrás decir que no es lo mismo un pollo sin cabeza, perdón: sin cerebro, voceando desde una ventana <<putas ninfómanas […] follaréis en la capea>> que un potencial violador susurrándote esas barbaridades al oído; ¿me dirás eso…? ¡Pues qué pena!
Voy a terminar este escrito formulando una serie de preguntitas, tal y como corresponde a quien tiene por costumbre moverse en el ámbito de la filosofía. ¿Es que acaso no hemos aprendido nada desde los estratos más profundos de Atapuerca hasta hoy? ¿Acaso tenemos que seguir dando bola a quienes, en el mejor de los casos, han hecho populares expresiones como “feminazis”, “perroflautas”, “paguita”?¿En serio vamos a amparar el desarrollo de la semilla de la impunidad jurídica de monstruos encorbatados o entogados porque, “¡Bah…!¡Solo son cosas de chavales!” y mojigaterías por el estilo?¿Vamos a justificar lo injustificable con la peregrina disculpa de que “Bah… son tradiciones sin mala intención” recordando además, como atenuante, la participación por escrito, en tiempos pretéritos, de algún que otro líder político hablando de <<cerdas, zorras, gallinas etc….>> y que a fin de cuentas estuvo a punto de gobernar?¿Habrá quien se atreva a decir que criticar la machistada colectiva de esos personajillos de la Elías Ahúja es “ideología de género”? Pues bien: para esta última pregunta sí voy a proponer una respuesta: quienes pretenden usar como arma arrojadiza eso de la “ideología de género” viven, aunque no lo sepan, inmersos(AS) en una IDEOLOGÍA DE NÚMERO, pero de número negativo, a saber, el de la cifra correspondiente a su cociente intelectual.
TXESKO C.