Buenaaaas… La semana pasada poco menos que me comprometí a presentaros un artículo sobre las actitudes maniqueas de la actualidad incidiendo especialmente en ese sucedáneo de maniqueísmo político que sufrimos y padecemos… Pero es que en Italia ha pasado lo que ha pasado, ya sabéis. Y teniendo en cuenta este último ingrediente, fresco-frescúe como las sardinitas de Santurce, vamos a ver si, haciendo honor a los cocineros de la palabra, soy capaz de perpetrar un guiso que resulte tan de moda como nutritivo. Allá vamos, pues. ¡Agarraos fuerte!
Cuando una sociedad da muestras de inmadurez o experimenta la regresión a una niñez triste y peligrosamente bobalicona, mema, pueril, ya sabéis: con lo peorcito de la niñez (egoísmo, inseguridad, rabietas, obstinación, crueldad…) entonces dicha sociedad está nuevamente preparada para que afloren los fascismos ya sea en su estado más puro y duro o disfrazándose de otra cosa. Y cuando se disfrazan “de otra cosa” es cuando recurren al maniqueísmo; pero eso sí: como os decía la semana pasada, se trata de un maniqueísmo burdo, soez, incluso torpe, quizá porque ni siquiera necesita manifestarse de forma más elaborada teniendo en cuenta que su público, sus votantes (y por desgracia sus no-votantes o muchos de ellos) viven infantilizados hasta la náusea. Cuando hago referencia a esa sociedad pueril no hablo solamente de Italia, creo que sois conscientes, sino de Europa en general. Luego seré más explícito, no os preocupéis; ahora conviene que recordemos la definición de maniqueísmo para ver a qué nos enfrentamos.
Maniqueísmo (RAE):
1. m. Religión sincrética fundada por el persa Manes en el siglo III, que admitía dos principios creadores en constante conflicto: el bien y el mal.
2. m. (peyorativo.) Tendencia a reducir la realidad a una oposición radical entre lo bueno y lo malo
De las dos definiciones oficiales de la RAE nos vamos a quedar esta vez con la segunda; ya veréis que da bastante juego. Pero antes me voy a dar el gustazo de complementar esta acepción con una que le es subsidiaria y resulta bastante actual. ¿Puede algo ser, al mismo tiempo complementario y subsidiario? Ya veréis como sí:
Maniquehipocresismo
m. Actitud mediante la cual el sujeto que la profesa se arroga la exclusividad de “lo bueno” a sus acciones e intenciones, calificando como “malo” todo lo demás aun cuando se esfuerce en matizar (de forma hipócrita) “eso-lo-malo”. Es el modus operandi de quienes promueven en política los regímenes autocráticos y/o totalitarios, apoyándose en el bulo, la falacia, la mentira, la coacción y, en general, fomentando el miedo.
Así pues, tenemos por un lado “lo bueno” y por otro “lo malo”. Vamos, por el momento, a hacer una especie de “epojé” (aunque quizá os mienta) con los matices de lo segundo. Está por una parte eso de “el lobby LGTBI” y nos dicen los aprendices de maniqueo: ¡MALOOOOO!. Luego nos vienen con aquello de “la ideología de género”: ¡MALOOOOO!. Y por supuesto “la inmigración (¿descontrolada?)”: ¡MALOOOOO!. Y naturalmente también está el “(¿siempre?) violento islamismo”. Es curioso que los mismos sujetos que profieren estos mensajitos hacen todo lo posible por hacer que calen en su versión más reduccionista y ramplona en cuanto a significado o contenido y a la vez “inclusionista” hasta convertirlos en cosas como “maricones y tortilleras de mierda”, “feminazis”, “intruso roba-trabajos roba-paguitas” o “moromierdas”; porque eso es lo que queda y eso es lo que realmente votan quienes les votan, ya sea en Italia, Hungría, Polonia, España, Suecia, Países Bajos… ¡Qué triste es fundamentar el voto en las fobias y en los miedos!¡Y qué peligroso! Al menos yo lo veo así.
¡Huy…!¡Casi me olvido!¡Qué memoria la mía…! ¿Memoria…? Pues sí, ya que estamos, a esos aprendices de maniqueos les ponen un sello en el antebrazo con la palabra “memoria” y se les infla como a Popeye o les sale una urticaria de “mírame y no me toques”. Eso de “poner un sello” lo he escrito con bastante mala leche, sí… solo por recordar alguna cosilla que seguramente os sonará. No, no les enrolla nada eso de “la memoria”, no les mola: les mol-esta; no vaya a ser que esa reivindicación de <<universalità della croce>> nos haga recordar la Santa (?) Inquisición o la Infame Pedofilia o aquello de que <<los rojos tienen cuernos y rabo>>.
¿Y qué sería entonces “lo bueno”?, nos preguntaríamos… Pues muy sencillo: <<la famiglia tradizionale>>, con papá encima y mamá debajo. Buenos son il padrino don Vitto, o don Ciccio, o Don Camorra, il padre-padrone, el machote, el cristiano viejo, el Attila Melanchini de Novecento (magníficamente interpretado por Donald Sutherland, dicho sea de paso). Bueno-buenísimo el Cid Campeador, que sin embargo no tuvo escrúpulo alguno en combatir a favor de la taifa de Zaragoza en la batalla de Graus de 1063 (¡oh, sorpresón en las Gaunas…!) contra la Corona de Aragón que, si no me equivoco, era cristiana hasta los tuétanos. Buenos son el fasces romano, el yugo y las flechas… Seguid vosotros si queréis, que yo ya estoy empachado con tanta “cosabuona/cosanostra”.
Luego están todas esas personas a las que por nada del mundo querría ofender: ese tercio corto o esa cuarta parte larga de quienes se quedan en casa porque <<la izquierda que hay no me representa>>. Pues lo siento mucho, amiguito o amiguita, pero debo informarte de que eres cómplice necesario del fascismo rampante (un amigo bastante bruto que tengo diría aquello de <<¿te molesta…? ¡pues estira de esta!>>; pero como soy muy educado no seré yo quien lo diga.) Tu indolencia, amiguito o amiguita, tu desidia, tu autocomplacencia, tu supuesta superioridad, nos traerán la desigualdad, la injusticia, la guerra, la humillación del indefenso ante el fuerte… en definitiva, ¿sabes?, contribuirás al advenimiento del fascismo-cañí. Tu maniqueísmo puede que sea muy-mucho intelectual pero también será, desgraciadamente, peor que inútil: será terriblemente perjudicial (de hecho ya lo está siendo); tienes derecho a no colaborar con el trazado de un cordón sanitario contra La Bestia pero te digo, con el corazón en la mano, que te equivocas del mismo modo que en Italia (como mínimo) un 36,1 % del censo electoral se ha equivocado: una tragedia con todas las de la ley.
Acabo ya. En Italia, quienes han votado como han votado… y quienes no han votado, posiblemente se hayan olvidado del otrora inolvidable Bernardo Bertolucci, responsable por ejemplo de ese monumento al cine llamado NOVECENTO; tal vez sea que prefieren la tele de Silvio “el amigo de las niñas”. En fin… en lo que a mí respecta, me despediré con un AVANTI POPOLO…! …y ahí lo dejo.
TXESKO C.