¿De verdad somos inhumanos?

Hoy me gustaría hacer una serie de reflexiones profundas y un poco “chungas”, en un artículo breve pero creo que intenso. Son algunas cosas a las que les he dado mil vueltas y sobre las que he pensado mucho, quizás por deformación profesional. La evolución del cerebro y la mente humana siempre me han apasionado y discutir sobre ello me gusta, pero también me angustia, por múltiples razones.

Escucho muchas veces en la calle, en los medios o en los propios ámbitos educativos que la violencia, la maldad, la agresión, el incivismo, así como los seres que las ejecutan son inhumanos, psicópatas e involucionados. Cada vez que lo escucho me pregunto ¿de verdad ser así es ser inhumano y representa el reflejo de una “involución”? Nosotros, humanas y humanos, ¿estamos destinados a ser buenos?, ¿nuestro fin último como Homo sapiens es ser gente honesta, honrada, buena y solidaria? Al llamarlos psicópatas ¿no estamos justificando esas actuaciones?. ¿Están realmente enfermos?. Evidentemente muchos y muchas tienen enfermedades mentales pero, de verdad, creo que ser tergiversadores, manipuladores, asesinos, crueles, insolidarios etc… no es ser inhumanos. Al contrario, eso es ser muy humanos. Me explico en el siguiente párrafo.

Recuerdo el Mito del Buen Salvaje, el hombre bueno por naturaleza (no soy experta en estos temas pero siempre ante mis carencias intento llevarlo por el camino de la evolución humana. Nuestro querido compañero Txesco puede sin duda indagar mucho mejor en ello). Recurrimos a este mito muchas veces para explicar que son las diversas circunstancias, la sociedad, la corrupción en las que el hombre y la mujer se encuentran los que corrompen su naturaleza excepcional y amable. Y así muchas veces justificamos actuaciones terribles. En 1755 Rousseau escribía, contra algunas creencias que opinaban que los humanos éramos, efectivamente crueles, que el humano en estado salvaje era pacífico, desinteresado y una excelente persona, vamos. Se me viene a la mente la imagen de los primeros homínidos correteando por las praderas con florecillas en las manos, abrazando árboles, animales y congéneres de otras tribus, entre risas y grititos de tremenda felicidad. Haceros a la idea por favor, es cómico. Pero me parece algo tan tremendamente irreal que al imaginarlo me viene también una tremenda carcajada. Se que desde el siglo XVIII ha pasado mucho tiempo y que todo “evoluciona”, nunca mejor dicho, pero…¿no os dais cuenta que muchas veces volvemos a pensar según esos mismos mitos?
Ejemplo: “noticias en el telediario: una mujer o un hombre roban en su propia a una anciana a la que cuidaban y la dejan atada a una silla agonizando”. Inmediata respuesta de los y las comentaristas a ambos lados de la TV: “¿cómo han podido hacer eso, son inhumanos, estamos involucionando”. Es decir, no son humanos, los humanos NO son así. ¿de verdad?

El aumento del tamaño del cerebro trajo consigo el desarrollo de una mente extremadamente compleja que dio lugar al dominio de la tecnología y consecuentemente de la Naturaleza (o eso pensamos, hasta que nos lleva el tsunami). Pero también trajo consigo la maquinación, el deseo, la necesidad, la capacidad de generar ideas y pensamientos encaminados a nuestro propio beneficio, dándonos cuenta también de nuestra propia individualidad y remarcando que somos conscientes de nosotros mismos (me pregunto…¿una abeja es consciente de su particular existencia o sólo existe en el ámbito del enjambre?). Pienso que esto es algo intrínseco a nuestra condición humana (es decir, que ya venía de serie) si bien, evidentemente, se acentúa cuando esa tecnología solo está al alcance de unos pocos, cuando la propiedad pasa a ser privada, cuando se establecen jerarquías marcadas, cuando las luchas por el poder están a la orden del día en todos los ámbitos. Entonces todo es ya la leche de “chungo”.
Ahora se me viene a la mente otra imagen: un ser despreciable, con dientes afilados, sombrero de copa, un hombre (o mujer, claro) de un tamaño desmesurado, pisoteando a otros pequeños e insignificantes humanos, comiéndoselos, vomitándolos…rollo “Saturno Devorando a sus Hijos” pero todo más feo y nada de dioses, personas. Entre la imagen de los sapiens correteando en pelotas por las praderas y este señor o señora…¿hay un término medio?, ¿somos malvados porque el medio nos hace ser así o realmente ese órgano milagroso que nos permite ser animales inteligentes (pongamos unas comillas en inteligentes), también en su complejidad ha dado lugar a terribles tergiversaciones y crueldades motivo de tantos pensamiento enrevesados, tantos sueños, tantas vueltas a la cabeza y tanto cerebro creciente?. Me pregunto, cuando nacemos ¿somos un folio en blanco esperando a que el contexto en que nos desarrollemos decida si somos buenos, malos o reguleros? Pensadlo ¿de verdad tantas y tantas veces que decimos que este o la otra son inhumanos es porque se alejan de lo que debería ser la especie? ¿y si así es la especie? Con las bondades que a veces desarrollan los malvados y las maldades que desarrollan a veces los bondadosos…¿es que debemos de ser de una manera determinada? ¿Y si hablamos de lo diverso?

Procuraré no volver a sulfurarme cuando escuche el tema de la inhumanidad. Ojalá me equivoque. Quizás cuando nos despojemos de todos los lastres que arrastramos seamos esas personas dulces, amables y bondadosas, incapaces de hacer daño a nada ni a nadie. Correremos por las idílicas praderas con la sonrisa eterna, con flores en las manos y no persiguiendo a los de la tribu contraria (quién dice tribu, dice vecino) para quitarles sin ninguna delicadeza el bifaz de sílex tan chulo que han elaborado (o las joyas de la pobre anciana).

Soy Leticia, prototipo fallido de princesa rebelde. Porque de princesa no tengo nada….la verdad.

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