LA POESÍA Y EL COMPROMISO ÉTICO

Hace unas cuantas semanas os ofrecía una semblanza sobre la gran pensadora María Zambrano por quien, como ya sabéis, tengo especial debilidad y por quien siento gran admiración y sincera devoción. Pues bien, hoy vuelvo a la carga con uno de los binomios que fueron caballo de batalla en la obra y pensamiento de esta inteligente, sensible y sabia mujer: filosofía+poesía. No obstante esta vez quisiera afinar un poquito más y centrarme en el campo de la ética aunque, bien es verdad, sin teorizar demasiado. Me he propuesto en cambio conservar la línea de mis últimos artículos manteniéndome en el ámbito de las sensaciones o, mejor dicho, de los sentimientos… ¿Os acordáis? También había aparecido por aquí algún que otro guiño a eso que Xabier Zubiri llamó “Inteligencia Sentiente”.

Fijaos ahora, por favor, en el título del artículo pues es donde suelo dejar la primera pista acerca de lo que vais a encontraros a medida que vayáis leyendo. A menudo es en la poesía (en la BUENA poesía) donde nos encontramos con los compromisos morales más potentes; mucho más que en cualquier tipo de discurso o declaración de intenciones. En este caso, desde esta nuestra (pero sobre todo VUESTRA) Taska se nos ha ocurrido que esa ligazón entre ética y poesía podía gravitar en torno al segundo de los Cuatro terribles Jinetes, el que según la tradición monta el caballo alazán: aquél que representa LA GUERRA. El objetivo, como siempre, es invitaros a la reflexión pero me vais a permitir que esta vez me ponga un poquito unamuniano (también por aquello del bilbainismo, sí) y reflexionemos… <<[…]no con la razón sólo, sino con la voluntad, con el sentimiento, con la carne y con los huesos, con el alma toda y con todo el cuerpo. >>

Ahora mismo tenemos varios “conflictos” (eufemismo que parece más vaselina que otra cosa) en diversos lugares de la corteza terrestre. Todos ellos son parte del mismo horror, ninguno es más trágico que los otros, y todos ellos tienen idénticas y perversas motivaciones. Todas las guerras sin excepción tienen su origen en la ambición en el peor sentido del término y todas ellas se inician con una agresión que puede ser más o menos sutil o que ha podido quedar más o menos camuflada, mimetizada o diluida. Quiero decir con esto que no hay nada de honorable en las raíces de una guerra porque ninguna agresión obedece a ninguna causa justa. Y lo digo sin paliativos, sin paños calientes; lo digo porque quizá no buceamos lo suficiente en la Historia a la hora de buscar (y eventualmente descubrir) los orígenes genuinos de los “conflictos”. Creedme, por favor, cuando os aseguro que detrás de toda escalada bélica están siempre la ruindad y la codicia.

El título del artículo es demasiado genérico, cierto; pero no por ello menos legítimo, pues el procedimiento o camino deductivo (ya sabéis: el que va desde lo general a lo particular) es tan filosófico como el que más; ya habrá ocasión de que nos pongamos en modo inductivo, no os preocupéis. Voy terminando que no quiero cansaros con peroratas y así, para enlazar finalmente ética y poesía culminando este breve alegato, nada mejor que los versos de un poeta que seguramente os sonará: BLAS DE OTERO.

No más patrias, por favor,
no más banderas.
No más sangre alimentando
mercaderes.
No más historias falseadas
por el rencor de los mediocres.
No más futuros inventados
por los fabricantes de caínes.
No más batallas asesinas
para engordar a los traficantes
del estúpido odio entre los pueblos…
A partir de lo que hay,
un mundo abierto, sin fronteras,
un solo territorio, nuestra tierra,
un hogar para todos los humanos
(un hogar sin iconos mentirosos,
sin altares a los dioses de la guerra).
No más muerte abortando nueva vida,
no más armas, no más frentes, no más fosos:
sólo puentes entre todas las orillas.

(Blas de Otero, en “Pido la Paz y la Palabra”, 1955)


¿Qué nos diría hoy el genial poeta bilbaíno?¿Quizá algo así como <<Es verdaderamente triste que sigamos sin aprender nada>>, tal vez…? Hace ya algún tiempo que Nos dejó (1979); en el caso de este que os escribe desde la Taska reconozco que me quedé un poco huérfano aquel día. Y hace más tiempo todavía, ya lo sabéis, Blas de Otero pidió la PAZ y la PALABRA… pero seguimos sin hacerle caso: ni hablamos ni nos dejamos en paz… (…os lo dice con sincera humildad uno que también es de Bilbao, ¡qué le vamos a hacer!)

TXESKO C.

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