Juan David García Bacca, a quien ya he mencionado un par de veces en esta misma tribuna, es uno de los grandes olvidados del ya de por sí poco valorado ámbito de la filosofía en nuestro desdichado país; y digo desdichado tal y como lo siento en lo que se refiere mi gremio. Aunque la he ponderado en otras ocasiones insisto en la originalidad de la obra que este pensador nos ha dejado. Nacionalizado venezolano por aquello del exilio exterior (hubo otro interior, como ya sabéis) García Bacca hizo varias aportaciones de sumo interés en diversos campos del saber directamente emparentados con la filosofía, aunque todos lo están, ciertamente: teología/metafísica; estética/literatura; lógica/matemática; física/biología; historia/antropología. Sin embargo yo me decanto por tres asuntos en particular, debido a su enorme originalidad dentro del pensamiento de alguien que de por sí ya fue original e innovador en todo cuanto llevó a cabo:
-Su distinción entre futuro y porvenir
-El concepto de transfinitar
-Tocar con los ojos
Con respecto al primer asunto, este pensador se sirve de dos conceptos clave que son prospección y retrospección. Dicho de una forma sencilla, García Bacca considera que el futuro es prospectivo puesto que lo abordamos con vocación de predicción por mor (particularmente hoy) de nuestra capacidad tecnocientífica. En lo que al porvenir se refiere sería éste retrospectivo, pues por mucho que especulemos con los históricos ese porvenir sería impredecible por naturaleza aun cuando se repitieran dichos acontecimientos. Así, habría un vínculo prospectivo futuro-naturaleza por un lado, mientras que el porvenir estaría ligado en exclusiva con historia y sociedad… humanas, claro está.

Transfinitar, verbo, acción… posee una enorme riqueza en concordancia con su complejidad conceptual y ¿por qué no decirlo? sustancialidad vital. Haciendo una valoración positiva sobre la capacidad de la ciencia como elemento liberador y transformador, y teniendo como horizonte referencial a G.Cantor con respecto a los números transfinitos, García Bacca recoge el «transfinitar» como acción altamente poderosa en la historia del conocimiento y la convierte en un instrumento paradigmático dentro de la actividad filosófica. En la transfinitud convergen las nociones de trascendencia y, como ya casi habíamos anticipado en la lína anterior, de cambio de paradigma; pero eso sí, dejando desprovista de sacralidad a esa trascendencia. Nos dice el filósofo (en “Transfinitud e inmortalidad”, “Infinito, transfinito, finito”…) que ni la mente ni la vida pueden llegar a un lugar donde ocasionalmente no se sientan atrapadas, en una suerte de autoencarcelamiento. Cuando eso sucede, llegando sin remedio a lo finito, brota un impulso de transfinitar las metafóricas paredes de esa cárcel… que deja así de ser una metáfora. Transfinitar no signifca salir de una celda para caer en un páramo, o del fuego para caer en las brasas… transfinitar comporta que habiendo salido de la celda, el liberado, notará gracias a su nuevo arsenal gnoseológico, (tecnología, técnica, teoría, paradigma…) haber accedido a un universo… mayor en comprensión y extensión que cualquier otro de cuantos hubiera conocido y experimentado en el pasado.
¿Qué significa eso de “tocar con los ojos”? Os ofrezco aquí unas modestas pinceladas para explicarlo de una manera sencilla. Afirma García Bacca que el ser humano es sobre todo un ser tecnológico. Habiendo sido expulsado de la naturaleza de un modo semejante a como Adán fue arrojado fuera del paraíso (de ese medio natural, se entiende) fue despojado de casi todos sus instintos (naturales de nuevo). El ser humano como ese «mono desnudo» al que quizá recordemos por Desmond Morris, se ve avocado (una vez incardinado en “lo sobre-natural”) a fabricar vestimentas, construir este y aquel artefacto, a desarrollar esta y las otras técnicas, a rodearse de todo tipo de cacharrería artificial… e inculuso yendo proyectivamente hacia “lo mayor” se ve lanzado a una suerte de “universo artificial”. Es aquí y ahora (“viene siendo”, en terminología del propio Juan David) “ser racional descubridor-desencubridor» y, más allá de cualquier otra etiqueta, ser tecnológico (ya lo habíamos dicho). Al humano no le basta con la contemplación y la interpretación; real y verdaderamente, descubre la realidad, la desentraña, entra literalmente en ella como caballo de Troya, se impregna de ella desde dentro hacia afuera y la transforma, la transustancia, la toca mirándola tal y como lo haría una sonda en un satélite de Júpiter, o actuando cual microscopio, o incluso como lo haría un aparato ciclotrónico. A partir de ahí las cosas ya no son lo que son: pasan a ser “otra cosa”. Las partículas atómicas pasan a ser fuente de energía (incluso destructiva, como por desgracia ya sabemos). El virus transmuta en vacuna salvadora, el veneno será suero… Se produce por tanto un corte epistemológico a través de la función sensorial que es ese “tocar con los ojos” (mirada humana, por tanto, que toca y transforma). Y es que la técnica (humana, obviamente) planea y acaba provocando que algo sea lo que no es.
Solo recordaros que ahí tenéis, bien a mano en las mejores bibliotecas, a quien seguramente será el mayor especialista en Juan David García Bacca, el profesor Carlos Beorlegui, de impagables sabiduría y bonhomía, cuya maestría y ejemplo tuve el privilegio de disfrutar como alumno suyo que fui. No puedo por menos que sugeriros su obra “García Bacca. La audacia de un pensar” . Por otra parte, si buscáis a alguien que os pueda guiar por el pensamiento latinoamericano, ese es también, sin duda alguna, Carlos Beorlegui.
TXESKO C.
Un poeta.