El poder de la nostalgia es algo que no alberga ninguna duda. En la nueva serie de Disney + y Star Wars lo saben y lo explotan a la perfección.

Ya tenemos aquí la ansiada serie de nuestro maestro Jedi más molón y con el nombre más inconfundible: Obi-Wan Kenobi. Así que, si queréis conocer qué nos deparan los caminos de la fuerza en esta nueva aventura, acompañadme. Por supuesto con el tema principal de fondo, de la mano del maestro Williams:
Aunque únicamente se han estrenado dos episodios de los seis que promete esta nueva serie, no he podido reprimir las ganas de contaros mis impresiones sobre la misma. En ellos bastan diez minutillos para ver que todo nos es familiar, aunque cuente con matices nuevos. Debora Chow, la cual ya ha estado al frente de los mejores episodios de “The Mandalorian” (cuanto le echamos de menos…) nos trae la historia del general Kenobi tras la conclusión de las Guerras Clon y después de haber tenido que huir de la matanza orquestada por el maléfico Emperador, cuyo propósito no fue otro que exterminar a todo Jedi a lo largo y ancho de la galaxia (la famosa orden 66). ¡Ah! Y tras “matar” a su padawan Skywalker… os dejo ese momento por aquí:
Obi-Wan (Ewan McGregor) ya con buenas patas de gallo en el rostro y actitud apagada y pesadumbrosa, sobrevive como buenamente puede en el árido desierto de Tatooine como mano de obra “barata” fileteando “ballenas” desérticas (o como queráis llamar al bichejo ese). Supongo que sabréis el porqué de todo esto…(si no es así yo no seré quién os saque de vuestra ignorancia). Su exilio, para proteger al joven Luke (y también su propia existencia) implica llevar una vida todavía más austera que la de un caballero Jedi. Ewan nos presenta un Ben Kenobi zozobroso y hundido en sus miserias por haber acabado con su aprendiz Anakin… (sí, sí, él piensa que murió…) pero que pronto deberá dejar de lado esa profunda oscuridad para salvar vidas y volver a parecerse al antiguo Obi-Wan (vaya lo que tiene que hacer un buen maestro Jedi). Si os digo a quién debe salvar fliparéis (pero al final es que todos necesitan del bueno de Ben)…
Por supuesto tenemos malos malignos. Los inquisidores, persiguiendo sin tregua a los Jedis que hayan podido escapar de sus manos (y sables rojos), comandados por el Gran Inquisidor interpretado por un muy convincente Rupert Friend (a pesar de esa cabeza que podían haber adecuado más al personaje original). Moses Ingram y Sung Kang (la primera más mala que la tiña, con evidentes y todavía desconocidos problemas personales con Kenobi) completan el elenco oscuro de estos dos episodios.

Así, nos encontramos con dos capítulos de ritmo pausado pero con un sabor intenso. Esa intensidad que evocan los recuerdos del pasado, de la niñez. Esas imágenes que de repente vienen a nuestra cabeza y nos hacen sentir completamente felices, absolutamente en paz. Puede que este ritmo sin grandes acelerones y un arco argumental un poco reiterativo en ambos episodios pueda parecer que ralentiza un poco la historia. Nada más lejos de la realidad.
Este ritmo te sitúa en el contexto de una forma calmada, pero haciendo calar cada plano en tu yo interno de una forma magistral. Si unimos esto a los “cameitos” (por ejemplo, el del mendigo en la calle o el del bajista de Red Hot Chili Peppers o el de la propia hija de McGregor trapicheando…) y los detalles que todo fan reconocerá, pasado el metraje de los dos capítulos, solamente querrás más. Planos con una fuerza brutal y un color mágico, que rememoran lo mejor de la trilogía original, pero que a su vez te hacen sentir que la trilogía del origen de la saga Skywalker (Episodios I, II y III), pasados ya sus 20 años, forma parte de tu imaginario y que, a pesar de todo, las quieres como a ese amor no correspondido (a veces doloroso, pero muy intenso, vaya, muy parecido a la fuerza…).

En cuanto a los personajes, Ewan McGregor, Moses Ingram, Joel Edgerton como el tío Ben, Kumail Nanjiani (que ha dejado de lado los Eternos para ser un estafadorcete), Bonnie Piesse como Beru Lars, Jimmy Smits como el Senador Bail Organa, Vivien Lyra Blair como una jovencísima Leia (de la cual me declaro fan, le han caído ya muchos palos a esta pequeña, pero es que Leia siempre ha sido repelente, así que de niña no podía ser menos repolluda, es evidente) y Grant Feely como el pequeño Luke.
Y ¿Hayden Christensen? ¡La veis! Que no os voy a contar yo todo.
Para finalizar ya, comparto con vosotros algo que me ocurrió hace unos días. Me preguntaron: ¿Cómo te puedes emocionar tanto con estas series?
Entiendo que para los que no les guste Star Wars o cualquier otra franquicia similar, los que seguimos con afán este tipo de sagas puede que les parezcamos gente muy friki (por no emplear otra palabra) y con poco que hacer en nuestras vidas. Gente triste y sin aspiraciones. Opino que es todo lo contrario. Considero que sentir emoción por algo que forma parte de tu vida, por elección o por azar, (a mí por ejemplo mi madre me puso estas pelis siendo muy niño y las adoré) es algo que demuestra que conectamos con nuestro lado más humano y más infantil aunque vayan pasando los años (el que no intenta abrir una puerta con la fuerza no tiene ni idea de lo que va la vida y lo sabéis). No dejar de sentir esas emociones que de niño te parecían únicas es lo que nos diferencia de los objetos inertes o de las personas que son más simples que un chupete. Tener un espacio de paz e ilusión dentro de esta sociedad, es algo que no todo el mundo logra y por ello creo que debemos conservarlo contra viento y marea.
De esta manera, si os hacen esta pregunta (que os la harán), no tengáis miedo de parecer frikis o “raritos”, sino todo lo contrario. Reformulad la pregunta y veréis como la otra persona también tiene alguna afición que resulte curiosa o alguna creencia que podáis no compartir (se me ocurren muchas y a vosotros también). Si no es así, la respuesta ya se la han dado ellos mismos: la única gente triste y sin rumbo es la que ni siente ni padece.
Dicho lo cual, y a la espera del resto de episodios para poder seguir comentándolos con vosotros… Deseo que os guste la serie como a mí y la disfrutéis como los niños que todavía se encuentran dentro de cada uno de nosotros. ¡Bienvenido de nuevo Obi-Wan
Y nunca lo olvidéis: Que la fuerza os acompañe.
Este cóctel os lo sirve desde el exilio José V.M.
