Carta al futuro

Bienvenida Yo,
Te escribo esta carta con la esperanza de que cuando la leas, haya pasado el tiempo que haya pasado, no te hayas olvidado de todo lo que has aprendido estos dos últimos años. El 14 de Marzo del 2020 todo el país y, poco a poco, gran parte del mundo entero, se paró en seco. El causante no hace falta ni que te lo diga, ya que seguramente la historia de este coronavirus en concreto, se quedará grabada en la memoria de la humanidad. Cuando decretaron el estado de alarma ese sábado día catorce, tú ni tan solo conocías su significado. Quince días eran los que nos teníamos que quedar confinados en casa, y mientras las televisiones llenaban los noticiarios de información cada vez más desoladora, la población se unió para dar soporte a los sanitarios y a todo el personal que trabajaba en los hospitales y centros de salud; pero también al personal de los supermercados, farmacias y otros establecimientos de primera necesidad.

En casa, como en tantos hogares, llenamos las ventanas de colores, pintamos el arcoiris y escribimos mensajes de ánimo y, junto con todo el pueblo, estuvimos aplaudiendo delante de la ventana abierta cada día a las ocho de la tarde en agradecimiento al trabajo que se llevaba a cabo en los hospitales, una lucha que recayó sobre las espaldas de, en realidad, muy pocas personas. Al final no fueron solo quince días, sinó noventa y nueve, en los que fuimos recuperando una especie de seminormalidad progresivamente.

No quiero escribirte una carta para que recuerdes la tristeza de aquellos días, sinó que quiero que no te olvides de todo lo que aprendiste durante todo este tiempo. Porque las personas que nos dejaron, siempre las recordarás y las llevarás en tu corazón, como el abuelo, que por alguna especie de suerte pese a la desgracia, se fue justo a tiempo para que te pudieras despedir. La pérdida, desgraciadamente, ha tocado de cerca a demasiadas familias.

Durante aquellos días en casa dejaste de preocuparte por el mañana, porque en aquellos tiempos el futuro estaba cargado de tanta incertidumbre que no tenía ningún sentido que le dedicases ni un segundo de tus pensamientos. El futuro se convirtió en “el aquí y el ahora”, en los momentos que jugabais con los niños y ocupabas horas de videollamadas con la familia y las amigas. Dejaste de preocuparte para simplemente “ocuparte”. Espero que esto lo continues haciendo, y no hayas vuelto a caer en el error de pensar en un futuro que, aunque se haya vuelto más previsible, siempre continuará siendo incierto. Cuando vengan problemas, piensa qué puedes hacer hoy para paliarlos e intenta solucionarlos, pero no te angusties pensando en el mañana. De la misma manera, cuando estés en el parque con los niños, en una terraza con las amigas o en casa con la familia, disfruta de este momento y no pienses en nada más (que te conozco).

Siempre te han gustado los abrazos, pero ahora los valoras mucho más, no te olvides de darlos. Una cosa que antes era tan básica y formaba parte de tu día a día, se ha vuelto en una carencia importante para ti. Son estos pequeños detalles los que nos han marcado de algún modo u otro. Y recuerda siempre esa unión temporal de todos los pueblos, de tantos países, cuando veas a alguien, aunque sea un desconocido, que necesite ayuda. A veces con una sola sonrisa o un pequeño acto puedes alegrar por un instante la vida de otra persona.
Y lávate las manos más a menudo, y no te toques los ojos por la calle, y no vayas chupando las farolas ni el suelo ni los columpios. Bueno, esto último se lo vas repitiendo a los niños, que el grande, que hará cuatro años, te mira como si el “virus feo” (como le llama él) fuese el perdonavidas del patio (pero en el fondo fuese un virus incomprendido y no fuese tan nocivo), y el pequeño de un año te mira como si le hablases de física cuántica. Quiero pensar que ellos no lo recordarán con la crudeza con la que lo haremos los adultos, pero las criaturas siempre entienden más de lo que pensamos. Lo que deseo de corazón, es que podamos recuperar la normalidad lo antes posible, que la situación de tantas personas y familias que sufren mejore sustancialmente; y cuando pienso en mis alumnos y alumnas, deseo que pueden disfrutar de la escuela tal y como era antes, de sus fiestas, sus excursiones, las relaciones entre los alumnos, de toda la esencia que emana de esta querida escuela; agradeciendo siempre el esfuerzo que hacen las y los maestros cada día para que los niños noten el impacto lo menos posible.
Y, si cuando leas esta carta existen los viajes en el tiempo, y ya ha llegado la apocalipsis zombie, por favor, enviame alguna pista que siempre he pensado que en Bora Bora se tiene que vivir bien tranquila.

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