¿AÚN QUEDA ESPERANZA?: 10 películas con humanidad en tiempos de guerra.

Tiempos convulsos vuelven a azotar a esta nuestra Europa y en concreto y como todos sabemos a Ucrania. Yo no voy a haceros una exposición magistral sobre geopolítica, ni sobre altas finanzas ni movimientos bursátiles. Tampoco lo haré sobre los motivos que han desencadenado esta situación, ni sobre los egos de nadie. Tenemos expertos por doquier que pueden hacerlo.

Se trata de un tema lo suficientemente delicado como para tener cautela en las palabras y no erigirse como experto omnisciente del mismo. Ahora es tiempo de ayudar a un pueblo que está siendo masacrado ante la pasividad internacional. No obstante, seguro que los que han sido expertos virólogos o vulcanólogos, ahora dominan desde siempre los conflictos internacionales que llevan años fraguándose.

La desinformación la dejo para todos ellos.

Yo solamente soy el tipo de las pelis y las frikadas, así que eso os traigo. Para algunos seguramente “chorradas”, para mí, un haz de esperanza entre tanta oscuridad y podredumbre.

Aunque hago mías las frases de Hobbes que afirmó que “El hombre es un lobo para el hombre” (homo homini lupus) y de Fiódor Dostoyevski, cuando decía: “Amo a la humanidad, pero, para sorpresa mía, cuanto más quiero a la humanidad en general, menos cariño me inspiran las personas en particular”; esta vez quiero ser un poquito menos pesimista y seguir también el pensamiento de Gandhi: “No debemos perder la fe en la humanidad que es como el océano: no se ensucia porque algunas de sus gotas estén sucias”.

Por ello y para recordar de lo que somos capaces y no repetir los mismos errores, os traigo varios films en los cuales, en mi opinión, mejor podemos observar lo peor y lo mejor del ser humano. Hacer un post sobre cine bélico en general abarcaría muchas páginas, por eso hoy me quiero centrar en estas películas (que todos podemos encontrar fácilmente) en las que creo existen las dos vertientes más humanas y a su vez más contrapuestas: la bondad y la maldad.  

  1. La lista de Schindler’ (Schindler’s List, 1993) de Steven Spielberg.
Amblin Entertaiment- Universal Pictures

A veces, la humanidad de los hombres vence la batalla contra el ansía de riqueza. Así ocurre con Oskar Schindler (ma-ra-vi-llo-so Liam Neeson, un maestro Jedi nunca defrauda), empresario alemán y miembro del partido Nazi, que adquiere una fábrica en Croacia para la producción de vajilla y menaje del hogar y en la que empleará a ciudadanos judíos como mano de obra barata. Stern (Ben Kingsley), judío también y ayudante de Schindler será el encargado en los primeros momentos de meter en la fábrica a todos los judíos posibles, a fin de evitar su deportación a campos de trabajo o de exterminio.

Tras presenciar nuestro “Her Direktor” (como así le llaman) el desalojo del gueto judío de la ciudad y la crueldad sin precedentes bajo las órdenes de Voldemort (Ralph Fiennes), aquí llamado Amon Göth, decide que enriquecerse ya no puede ser su objetivo. Ha de salvar el mayor número posible de vidas humanas (sean de una u otra religión).

Por ello y teniendo que aguantar a Göth y sus secuaces, sobornándoles y “dorándoles la píldora”, Liam consigue convencerles de que en su fabrica todos los trabajadores son esenciales.

De esta forma, si un trabajador se vuelve imprescindible, judío o no, tiene más fácil su salvación. Si luego su negociado pasa de las vajillas a la fabricación de munición para los alemanes, todavía ayuda un poquito más. Eso sí, los sobornos nunca pueden faltar. No lo olvidéis, las convicciones humanas aguantan hasta una cantidad concreta de dinero, a partir de ahí todo, siempre, es negociable.

Basada en la novela “El arca de Schindler” del escritor australiano Thomas Keneally, ganó el Oscar a la mejor película en 2003 (entre otros varios, incluido al mejor director) con escenas inolvidable (la niña del cartel, con abrigo rojo…) y actuaciones brillantes. Spielberg narra de forma magistral la interminable crueldad del ser humano y de cómo a veces ésta se topa con la bondad de personas que harán lo imposible para detenerla.

2. El pianista (The Pianist, 2002) de Roman Polanski.

Studio Balbelsberg-Canal +

Se trata de la adaptación de las memorias del músico polaco de origen hebreo Władysław Szpilman, en las que se narran su supervivencia al holocausto, así como a la ocupación de Varsovia (Polonia) por la Alemania nazi en 1939.

Interpretado por Adrian Brody (el cual ganó un Oscar por el papel), Szpilman irá mostrándonos desde el inició de la ocupación Nazi, todos los avatares que tuvieron que sufrir los ciudadanos de Varsovia (que continuaron con vida, claro) a través del tiempo. Desde la implantación de la Estrella de David a todos los judíos, hasta su deportación a Treblinka. Este pianista deberá esquivar su destino (que no es otro que el campo de extermino), lo cual conseguirá gracias a soportar las mayores penurias y sufrimientos y a la suerte, aunque ateniéndonos a las circunstancias parece que ésta brilla por su ausencia.

No podemos olvidarnos de Wilm Hosenfeld, interpretado de forma muy acertada por Thomas Kretschmann, el cual ayudó a salvar unas cuantas vidas, escondiendo polacos judíos durante la ocupación Nazi. Entre ellos, a Szpilman.

Película cruda como pocas (aunque una de esas escenas de mayor tensión se haya convertido en uno de los mejores y más utilizados memes), aunque bella en su propio horror, se demuestra que los límites de la maldad humana son, desgraciadamente, insondables.

3. Jojo Rabbit, 2019 de Taika Waititi.

Fox Searchlight Pictures-Piki Films-Defender Films

Jojo es un jovencito alemán (pero muy alemán ¡eh!) que no duda en alardear de su patria y de su partido (el Nazi, cómo no) ante cualquiera. Cuando el propio Hitler es tú amigo imaginario, pues pasan estas cosas… que eres un poco lerdo.

Su madre, firme defensora de los derechos civiles (quizá demasiado), incluso de los ciudadanos judíos, intenta convencer, sin mucho éxito a su hijo de que la propaganda, siempre es mentira y que existe otra realidad que la que le cuentan cada día en la escuela de las juventudes Hitlerianas (su propio padre se encuentra luchando en la resistencia en el extranjero).

No obstante, como siempre, la vida pone a cada uno en su sitio y poco a poco, nuestro amigo Jojo irá replanteándose sus férreas convicciones según le van viniendo dadas (las leches, evidentemente) y al dictado de su propio corazoncito.

No olvidemos que es una peli de “guerra”, pero para mí es una de las que con más acierto han tratado este tema tan resbaladizo. Taika Waititi, su director (ganó el Oscar al mejor guion adaptado por el film), mediante un sentido del humor completamente sarcástico y en muchos momentos más negro de lo políticamente correcto, nos sitúa casi al final de la guerra, cuando los movimientos nazis comenzaron a ser completamente erráticos y su crueldad (si cabe más todavía) infinitamente devastadora.

Excepcional trabajo en el papel del pequeño Jojo Betzler “Rabbit”, por parte de Roman Griffin Davis, de Thomasin McKenzie, interpretando a Elsa Korr (no os cuento quien es por si no la habéis visto), del propio Taika Waititi interpretando al mismísimo Adolph Hitler, de Scarlett Johansson como Rosie Betzler, mami de Jojo, de Sam Rockwell como el capitán Klenzendorf, encargado del campamento de las Juventudes (mira que lo hace bien este señor siempre), Rebel Wilson como Fräulein Rahm, Steohen Merchant como agente de la Gestapo (muy grimoso) y Archie Yates como Yorki, el mejor amigo de Jojo y autor de algunos momentos realmente divertidos (también ha hecho el remake de “Solo en casa” que creo jamás veré, pero no tiene la culpa). ¡Ah e interesante y curiosa BSO! (la escena final no tiene precio).

El humor siempre es la mejor forma de superar el dolor, pero también lo es para poner rostro a lo que más nos atormenta. Esta peli es la viva imagen de ello.

4. Senderos de gloria (Paths of glory, 1957) de Stanley Kubrick.

Bryna Productions, United Artist

Basada en la novela homónima de Humprey Cobb de 1935, narra el ataque suicida del ejército francés en 1916 contra el ejército alemán (que obsesión con estar siempre al pie del cañón, nunca mejor dicho…) situado en la colina de las Hormigas, lugar fundamental en el transcurso de la Gran Guerra.

¿Qué ocurre? Pues eso, que no sale bien (lo de suicida ya os adelantaba cosas…). Pero para no pagar el pato, el general Mireau, interpretado por George Macready, uno de los artífices de la gran idea, ordena convocar un consejo de guerra para juzgar a tres soldados (elegidos por pito pito gorgorito) acusándoles de cobardía e insubordinación.

Espartaco, o lo que es lo mismo, Kirk Douglas (esto si que era un actor y no los de ahora), interpretando al coronel Dax, es quién recibe la orden de atacar por parte del mando general y quién se ve inmerso en la movida. A la vista de que se trata de una locura de la que no son responsables los tres soldados, Dax decide llevar la defensa de los tres implicados en el consejo de guerra (evidentemente era abogado) en el que se pretende fusilar a estos cabezas de turco.

Kubrick hace magia de nuevo. Alegato antibelicista de primer nivel, prohibido durante muchos años (y no tan alejados en el tiempo) en varios países europeos, ya que se dudaba del pundonor del ejército francés y de su impecable actuación en todo momento. Unir las palabras honor e ideales con guerras y ejército no tiene que conllevar una unión perfecta. Si opináis lo contrario es que, seguramente, todavía seáis muy jóvenes.

5. La vida es bella (La vita è bella,1997) de Roberto Benigni.

Melampo Cinematografica- Cecchi Gori Group- Miramax

La película comienza de la siguiente forma: con una voz en off diciendo: “Esta es una historia sencilla, pero no es fácil contarla. Como en una fábula, hay dolor, y como una fábula, está llena de maravillas y felicidad”.

Imposible dar una definición más acertada.

Guido Orefice, interpretado por el gran Roberto Benigni, es un joven de origen judío que comienza a trabajar como camarero en el Hotel de su tío en Arezzo. Allí conocerá a la joven profesora Dora (Nicoletta Braschi, esposa en la vida real de Benigni), de la cual se enamora perdidamente, aunque la misma sea la prometida de un fascista local. El saludo de ¡Buenos días princesa! es demasiado famoso como para no recordarlo.

En el hotel conocerá asimismo al doctor Lessing (Horst Buchholz) con el cual entablará amistad (que luego… en fin). Cómo no, el amor triunfa y se lleva a la chica (en escena a caballo memorable).

Pero, todo no puede ser felicidad y menos en esos tiempos de guerra. El avance del fascismo/nazismo es inevitable.

Ya casados y siendo papis del pequeño Giosué (Giorgio Cantarini), todo va relativamente bien hasta que y debido a su origen, son enviados todos a un campo de concentración. A pesar de que la esposa no es judía, ésta se empeña en subir a ese tren, para no separarse de su familia. Obviamente no sabe que nada más llegar al campo, son separados hombres y mujeres.

¿Cómo evitar el sufrimiento de tú hijo pequeño en semejante situación? Pues jugando. Sí. Guido hace creer a su hijo que todo es un juego y que si va haciendo lo que le dice ganará más puntos y podrá hacerse con el premio final (un tanque). Es difícil no sentir punzadas en el estómago viendo esta película. El amor de un padre por su hijo, por encima de su propio sufrimiento, siempre podrá iluminar un abismo interminable y tenebroso, a pesar de todos los problemas que puedan plantearse. Escena brutal sobre esto que os hablo:

Película que ganó Oscar al mejor actor para Benigni, a la mejor BSO (con razón, es impresionante) y a la mejor película de habla no inglesa.

Efectivamente, la vida es bella, aunque duela más de lo que desearíamos

6. El gran dictador (the great dictator, 1940) de Charles Chaplin.

Charles Chaplin Film Corporation- United Artists.

Película que no necesita presentación. ¡Primera peli de Chaplin hablada! La historia de un barbero judío de Tomania que perdió la memoria en la Primera Guerra Mundial debido a un accidente y que sin saberlo se planta en la Segunda, sin comerlo ni beberlo. Ingresado en un centro psiquiátrico durante años, escapa y reabre su antigua barbería, casualmente situada en el gueto de la ciudad.

Si todo suena disparatado, si a esto unimos que el barbero es igual a Adolph Hitler, digo… que Adenoid Hynkel, pues ya ni os cuento. Movidas por doquier al más puro estilo Charlot (no hay consenso, pero se suele considerar este film como la última peli de este personaje), eso sí, con mensaje muy claro entre risotada y risotada. El fascismo (o cualquier régimen totalitario) es un mal contra el que toda la lucha es insuficiente. Esta fue la forma de lucha de Chaplin: el humor contra la barbarie.

Peli antibelicista y en contra de todos los horrores que se estaban viviendo en que se refleja de forma perfecta que la ambición y la locura suelen ser los principales motores de la maldad y de todas las guerras. El propio Chaplin afirmó que no la habría rodado de saber cómo se iban a desarrollar los acontecimientos y la brutalidad de los mismos.

Es una comedia sí, pero cruda como ella sola. La escena de Hynkel bailando con el mundo en sus manos es simplemente historia del cine. Al igual que el discurso final del film. Os dejo los dos:

De nuevo un nudo en el estómago. De nuevo el humor y el amor como antídoto a la crueldad humana.

7. Ser o no ser (To be or not to be, 1942) de Ernst Lubitsch.

Metro Goldwyn Mayer- United Artists

Maravillosa cinta de Ernst Lubitsch ambientada en la Segunda Guerra Mundial. “Ser o no ser” se desarrolla cuando Hitler ha invadido Varsovia. Allí, una compañía de teatro, de paso por Varsovia, se ve obligada a sustituir la obra que estaban representando en ese momento, por otra. Ni más ni menos que Hamlet.

María Tura (la gran Carole Lombard), esposa del actor principal de la compañía de teatro Joseph Tura (Jack Benny), conoce a un joven teniente de la aviación con el que comenzará un romance y lógicamente la movida. Todo esto aderezado con la presencia de Bronski (Tom Dugan), el cual se parece tanto a el mismísimo Hitler que… bueno, es una peli de Lubitsch así que la locura está garantizada. De nuevo humor e ironía como arma contra la estupidez, el ego desproporcionado de algunos mandatarios y la maldad humana.

Enredos, espionaje, malos entendidos y actuaciones que superan la propia realidad vivida en aquellos oscuros años, para una cinta que os sacará una sonrisa en un contexto tan desolador como es la invasión nazi a Polonia.

Bastantes años más tarde (1983) Mel Brooks ejecutó un remake llamado “Soy o no soy”, muy similar y bastante entretenido también, pero claro está, sin el famoso “toque Lubitsch”.

En el caso de la primera, es meter una gran carga social y moral en una comedia ligera que aparentemente no tiene otra intención que la de “entretener”. Disfrutad de ella.

8. Platoon, 1986 de Oliver Stone.

Orion Pictures- Metro Goldwyn Mayer

Después de participar en la guerra de Vietnam, Oliver Stone comenzó a escribir el guion de esta película en 1976. Su principal misión era contrarrestar la visión de otras películas del género (más fachas y patrioteras que para qué), como por ejemplo “Los boinas verdes” de 1968 y dirigida por John Wayne (cuando se metía en política se cubría de gloria el hombre).

Así, en 1986 se estrena esta cinta que nos narra las vivencias de un joven soldado de buena familia, Chris Taylor (Charlie Sheen cuando la droga y el alcohol todavía no le habían vuelto una parodia de sí mismo), recién llegado a Vietnam en 1967 tras su alistamiento voluntario. Cerca de la frontera con Camboya, pues como que las cosas no pintaban especialmente bien para nuestro amigo y sus nuevos compañeros. Si el propio pelotón no se aguanta… es difícil ganar ninguna guerra. El ser humano siempre poniendo las cosas fáciles.  

Retrato demoledor sobre las condiciones en que muchos soldados vivieron (y viven) a lo largo de las muchas guerras que asolan países enteros y en las que sobre todo se resalta el factor humano como eje de los padecimientos más profundos y de la miseria más arraigada.

Descubrir que lo peor de las guerras es la maldad del propio ser humano y que el peor enemigo es uno mismo, es una enseñanza que jamás se puede olvidar.

Película clásica sobre los desastres de la guerra, con un marcado tono político y ganadora al Oscar a la mejor dirección. Interpretación magistral de Willem Dafoe como el Sargento Elias, protagonista de una de las escenas más famosas de la historia del cine. Es spoiler, pero desde el 86 ya habéis tenido tiempo para verla:

9. Teléfono rojo, volamos hacia Moscú (Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb, 1964) de Stanley Kubrick.

Hawk Films-Columbia Pictures

De nuevo Kubrick nos trae una obra maestra del cine (como todas), aunque esta vez con un tono humorístico, sarcástico y negro que convierten a este film en una de las mayores críticas cinematográficas existentes sobre la guerra fría. De nuevo el despotismo humano y la lucha de egos como base para tener en vilo a toda la humanidad. Apretar un botón rojo o no hacerlo, aunque parezca lo contrario, es solo cuestión de azar.

Sterling Hayden interpretando al general de la Fuerza Aérea de los EEUU, Jack D. Ripper (si lo leéis en inglés, suena parecido a un nombre famoso ¿verdad?) tiene en mente comenzar una guerra nuclear con la URSS para impedir una conspiración comunista que controlaría a toda la población norteamericana (quieren fluorizar el agua). El señor se pone manos a la obra sin la autorización del Presidente de EEUU y, claro, pues se lía parda. Lo que no sabía el general era que los rusos contaban con el “Dispositivo del Fin del Mundo”. Bomba aquí bomba allá y se acabó la humanidad. Os podéis imaginar cómo va la cosa.

Sátira antibelicista sobre unos momentos en que la humanidad pendía de un hilo muy finito y en que perfectamente pudo haber terminado de otra forma.

Peter Sellers, interpretando en total tres papeles, es el personaje que da nombre a la cinta en inglés, el Dr. Strangelove. Científico nazi asesor del presidente de los Estados Unidos y que se encarga de ir explicando cómo el Dispositivo famoso actuará o dejará de actuar. Grandes actuaciones entre las que destacan George C. Scott como general “Buck” Turgidson, el ya nombrado Sterling Hayden o el propio Peter Sellers, tan estrambótico como excepcional.

Disculpad el inciso, si os ha “petado” la cabeza con lo de que un nazi fuera asesor de un presidente de EEUU, buscad en internet “Operación Paperclip” o “Overcast” y veréis que bien. La hipocresía siempre en defensa de la paz ya sabéis.

En definitiva, peli imprescindible para saber que en cualquier momento todo puede cambiar y más aún si pensáramos a menudo que nuestras vidas en muchas ocasiones dependen de personas como las que se “ironizan” en el film.

Os dejo la escena más famosa de la peli y que resume perfectamente que la estupidez humana no puede mezclarse con armamento nuclear:

También os dejo este enlace en que podéis ver como aún en las peores condiciones posibles, el ser humano piensa en cómo aplastar y vencer a los demás. ¡Mein Führer, puedo andar! Simplemente magistral (ES EL FINAL DE LA PELI; SPOILER TOTAL):

10. Roma cittá aperta, 1945 de Roberto Rossellini.

Minerva Films

Comenzada a rodar con los nazis todavía rondando por ahí, este film es el paradigma del neorrealismo italiano. Actores no profesionales, a excepción de Aldo Fabrizi y Anna Magnani, nos muestran la Roma de 1943 y 1944 y como se vivió por parte de la Resistencia. Siendo de la época que es y con el estilo narrativo que emplea, os podéis imaginar que la cinta termina como el rosario de la aurora. Un clásico de lo más amargo. Manfredi, Pina y el padre Pietro como ejemplos de una lucha incesante contra un monstruo que, esperemos, no vuelva jamás a resurgir.

Os dejo este enlace con alguna de las escenas más impactantes (en especial la última, SPOILER):

Película muy dura que refleja perfectamente los desastres de la guerra y la inmundicia de lo sucedido. Al mirar los ojos de muchas de las personas que aparecen (vecinos de la zona), descubres el abismo al que fueron arrojadas durante la ocupación nazi.

 Y aquí termina este repaso de las que, para mí, son diez de las películas “bélicas” que reflejan de forma más original o, por lo menos, menos habitual, los pesares de cualquier guerra y la dualidad humana de la que os hablaba al principio de este post. Pelis bélicas hay infinidad y muchas de ellas son imprescindibles, pero éstas son las que os he querido mostrar.

Julio Anguita, lo expresó de la forma más acertada y concisa posible:

“Malditas sean las guerras y los canallas que las hacen”.

Este es mi pequeño granito de arena. Espero que estas películas sirvan de reflexión.

Como siempre, José. V.M. os trae este cóctel con todo su cariño y en este caso, con la mayor de las esperanzas.

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